domingo, 19 de junio de 2011




Los días de Gaddafi siguen estando contados



x Isaac Rosas



Y nosotros seguimos allí, en guerra, con nuestros aviones y barcos. Eso sí, sin soltar una bomba, que lo nuestro es la guerra humanitaria



¿Recuerdan cuando empezó el ataque a Libia? Yo sí, porque en aquellos días me costaba más de lo habitual entregar mis columnas al periódico. La velocidad de los acontecimientos era tal, que lo que escribía a mediodía tenía que corregirlo por la tarde, al acostarme me arrepentía de lo escrito, y al día siguiente el papel de periódico llegaba amarillento al kiosco.
Te levantabas para ir al baño y a la vuelta los rebeldes habían avanzado otros 200 kilómetros, la OTAN había destruido toda la capacidad de Gaddafi, varios ministros desertaban, nuevas ciudades se sublevaban, y se rumoreaba que el dictador estaba herido o había abandonado el país.
Hoy en cambio es al revés: puedo escribir esta columna sobre Libia y dejarla en la nevera una semana, que no tendré que cambiarle una coma. Y es que va para tres meses que los días de Gaddafi están contados, y ahí seguimos, contando. La OTAN acaba de ampliar su misión otros tres meses, y España va incluso más allá y no se pilla los dedos con plazos: prórroga indefinida.
Eso sí, no han sido tres meses cruzados de brazos: los bombardeos siguen, aunque no sabemos qué están destruyendo –después de que en los primeros días dijeran que toda la capacidad aérea y de movimiento estaba liquidada-, ni quién los sufre. Los rebeldes, por su parte, ya ejercen de autoridad reconocida, sin que sepamos todavía bien quiénes son. Sobre el terreno ya hay tropas extranjeras, aunque sean mercenarias. Y los países atacantes siguen soltando dinero, para la operación y para los rebeldes.
Y nosotros seguimos allí, en guerra, con nuestros aviones y barcos. Eso sí, sin soltar una bomba, que lo nuestro es la guerra humanitaria.
No creo que Libia sea comparable a Afganistán, donde los talibanes tienen los días contados desde hace diez años. Pero así, con el país dividido, los frentes más o menos estables, los barcos frente a la costa y unos cuantos misiles de vez en cuando, nos podemos pasar una buena temporada, mientras la población que íbamos a proteger sigue sufriendo.