viernes, 29 de julio de 2011

Oro, petróleo y bancos centrales

Una de las primeras decisiones que tomaron los sublevados tras asentar su poder en el noreste del país fue crear el Banco Central de Bengasi.


El Banco Central de Bengasi forma parte del BIS, siglas en inglés del Banco de Pagos Internacionales, un banco central internacional, supervisor de la actividad de otros bancos centrales nacionales, que tiene la sede en Suiza, y que forma parte de las agencias globalizadoras del capitalismo internacional.


La función de los bancos centrales, bajo el sistema del BIS, consiste en “controlar” el flujo monetario que hay en la economía, mediante la emisión de monedas y la imposición del tipo de cambio. Los bancos centrales que están sujetos al BIS se comportan como “bancos privados” que gestionan la deuda nacional, regulan la actividad de los mercados y condicionan las agendas políticas, desde la actividad gubernamental hasta la financiación de las campañas electorales de los partidos.


Sin embargo, el Banco Central de Libia, con sede en Trípoli, garantiza la soberanía nacional sobre la economía y la moneda libias. El BCL pertenece completamente al Estado libio, gestiona los ingresos de divisas extranjeras y los pagos del país al exterior, y respalda el valor de la moneda nacional (el dinar).


Las autoridades monetarias libias, y la soberanía económica del país, suponían una amenaza directamente para la globalización capitalista sobre la que se sustenta la hegemonía del dólar, de la misma forma que lo suponía el Iraq de Saddam Hussein.


El planteamiento monetario de la Libia Popular y Socialista incluye hacer frente al crecimiento económico del país, no mediante el ensanchamiento de sus márgenes de endeudamiento y adquisición de monedas extranjeras, sino mediante la explotación de sus propios recursos productivos y la paulatina sustitución del dólar como moneda de referencia internacional.


Esta ambición es sustentada por el conjunto de la comunidad internacional musulmana (Organización para la Cooperación Islámica) que ven a las monedas nacionales como fuente de deuda y especulación, y que tienden a sustituirlas por metales preciosos (oro y plata). EE.UU. y las agencias globalizadoras sospechan que los países musulmanes exportadores de petróleo están llevando a cabo este plan secretamente, acumulando oro y plata en sus bancos centrales. La fase final de este plan consistiría en la sustitución de monedas fiduciarias (nacionales) en los intercambios internacionales por los dinares de oro y plata (tal y como ya realiza en su economía nacional el Estado malayo de Kelantan).


Los recursos naturales que posee Libia son los que la permiten discutir la hegemonía mundial del dólar y rivalizar económicamente con las potencias occidentales. Entre esos recursos se encuentran, a parte del gas natural, el petróleo (liviano) y el agua (el agua del subsuelo cubre el 70 % de las necesidades de la población urbana y de la agricultura).


La explotación exitosa y competente de esos recursos le permitió a Libia pasar a ser uno de los países más ricos de África, y el primero en el Índice de Desarrollo Humano del continente, logros ligados a su forma de gobierno “popular y socialista”, basada en comités y asambleas populares así como en las organizaciones tribales.


El Human Rights Council (organismo de la Naciones Unidas) ha alabado el permanente desvelo de las autoridades libias por mejorar las oportunidades educativas de sus conciudadanos y por poner a los derechos humanos entre sus prioridades políticas, además de por avanzar en el camino de las reformas constitucionales. No parece que este sea el panorama de una dictadura “autocrática” corrompida por el dinero y las influencias extranjeras. O, como dijo una delegación de médicos rusos y ucranianos tras visitar el país, hay pocos países en el mundo donde la gente demuestre una satisfacción tan alta con su modo de vida.


Fuente: qmunty