domingo, 7 de agosto de 2011

La guerra de Libia, el poder de América y el declive del sistema de los petrodólares

(Extractos)

La campaña que la OTAN ha desencadenado contra Gadafi en Libia ha suscitado mucha confusión, tanto entre quienes la han lanzado como entre quienes la observan (…)

Mi opinión sobre esta guerra es que está mal preparada, es peligrosa y representa una amenaza para los intereses de los libios, de los americanos, de Medio Oriente y potencialmente del mundo entero. Tras la pretendida inquietud respecto a la seguridad de los rebeldes libios existe una preocupación mucho más profunda y apenas reconocida: la defensa por Occidente de la economía global de los petrodólares, hoy en declive.

Confusión en Washington y en la OTAN

La confusión que reina en Washington, encarnada por la ausencia de discusión sobre un objetivo estratégico preponderante que justificara la implicación de Estados Unidos en este conflicto es el síntoma de que el siglo americano toca a su fin, y esto de un modo tan previsible a largo plazo como errático y fuera de control en su desarrollo.

(…) También en el seno de la OTAN reina una cierta confusión que amenaza con convertirse en conflicto abierto. De los 28 miembros que componen la OTAN, solamente 14 se han implicado en la campaña Libia, de los cuales sólo 6 participan en la guerra aérea. Entre éstos últimos, solamente 3 países -Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia- ofrecen un apoyo táctico aéreo a los rebeldes que combaten en tierra. Cuando numerosos países miembros de la OTAN congelaron las cuentas bancarias de Gadafi y de sus allegados, Estados Unidos, en un sospechoso acto poco aireado ante la prensa, congeló la integridad de los 30 mil millones de dólares del fondo del gobierno libio a los que tenían acceso. Alemania, el país más poderoso de la OTAN tras Estados Unidos, se abstuvo durante la votación del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas; su ministro de Asuntos Exteriores, Guido Westerwelle, declaró después: “No consideramos una solución militar, sino política”.

Tal caos hubiera sido impensable durante el período culminante de la hegemonía de Estados Unidos. Obama parece paralizado entre, por un lado, su objetivo declarado -la exclusión de Gadafi del poder- y por otro, por los medios de que dispone, a la vista de su costoso compromiso en dos guerras y por el hecho de sus prioridades de política interior.

A fin de comprender la confusión de los EEUU y de la OTAN respecto a Libia, debemos observar otros fenómenos:
- La alerta lanzada por Standard & Poor’s respecto a la inminente bajada en la calificación de EEUU.
- La alza sin precedentes del precio del oro por encima del umbral de los 1500 dólares la onza.
- El bloqueo político en EEUU en la cuestión del déficit del Estado federal y de los Estados federados, y cómo actuar en esta situación.

En pleno cuestionamiento libio de lo que queda de hegemonía americana y en parte como consecuencia directa de la confusa estrategia de EEUU en Libia, el barril de petróleo alcanzó los 112 dólares. Esa alza amenaza con frenar e incluso echar abajo la vacilante recuperación económica de EEUU y demuestra que, entre otras muchas razones, la guerra en Libia no está sirviendo a los intereses nacionales de Estados Unidos.

Desde el comienzo, la confusión sobre Libia ha sido evidente en Washington, particularmente desde que la secretaria de Estado Clinton defendiera una política de exclusión aérea que el Presidente Obama declaró no querer considerar más que como una opción y contra la que el secretario de Defensa Gates lanzó una serie de advertencias. El resultado fue una serie de medidas temporales. Obama justificó una respuesta americana limitada aduciendo las implicaciones impuestas a EEUU por las guerras de Irak y Afganistán.

Sin embargo, a pesar del atasco que se ha instalado en la misma Libia, se han previsto una serie de escaladas graduales que van, desde la provisión de armas a los rebeldes, de fondos y de consejeros, hasta la introducción de mercenarios, incluso de tropas extranjeras. El escenario americano comienza a parecerse cada vez más al de Vietnam, donde la guerra también comenzó a escala muy modesta, con la introducción secreta de operadores, seguidos de consejeros militares.

El papel de los intereses petroleros y financieros en esta guerra

(…) Consideremos ahora los esfuerzos del lobby de las mayores petroleras como uno de los factores de la entrada en guerra de EEUU en Vietnam, en Afganistán y en Irak. Aunque el papel de las compañías petroleras en la implicación de EEUU en Libia sigue siendo oscuro, es casi cierto que las reuniones de la Comisión de estudios energéticos de Dick Cheney no trataban únicamente de las reservas petrolíferas subexplotadas de Irak, sin también de las de Libia, estimadas en unos 41 mil millones de barriles, es decir, un tercio de las reservas de Irak.

Además, algunos esperaban en Washington que una rápida victoria en Irak fuera seguida de ataques similares contra Libia e Irán. Hace cuatro años, el general Wesley Clarke declaró a Amy Goodman en Demcracy Now que, poco después del 11-S, un general del Pentágono le había informado de que numerosos países serían atacados por el ejército estadounidense. La lista incluía Irak, Siria, Líbano, Libia, Somalia, Sudán e Irán. En mayo de 2003, John Gibson, director general de la división de servicios energéticos de la empresa Haliburton, declaró en una entrevista al Internacional Oil Dayli: “Esperamos que Irak sea la primera ficha del dominó y que le seguirán Libia e Irán: No nos gusta ser apartados de los mercados pues eso da a nuestros competidores una desventaja desleal”.

Es de notoriedad pública que la resolución 1973 de la ONU, imponiendo el 17 de marzo una zona de exclusión aérea se produjo tras la amenaza pública hecha por Gadafi el 2 de marzo de excluir las compañías petroleras occidentales del mercado libio y de que el 14 de marzo invitara a las firmas rusas, chinas e indias a producir el petróleo libio en su lugar. Significativamente, China, Rusia y la India (a quienes se unió Brasil, su aliado en el BRICS*) se abstuvieron durante el voto de la resolución 1973.

La cuestión del petróleo está íntimamente ligada a la del dólar como moneda de reserva mundial (…). Kenneth Schortgen Jr., en un artículo aparecido en Examiner, señala que “seis meses antes de la entrada de EEUU en Irak para echar a Saddam Hussein, esa nación petrolera había decidido aceptar euros en lugar de dólares por su petróleo y esto constituía una amenaza para la hegemonía global del dólar en tanto que moneda de reserva y para su dominio en tanto que petrodólar”.

Según un artículo ruso titulado El bombardeo de Libia: castigo a Gadafi por su intento de rechazar el dólar, Gadafi había dado un paso muy audaz: inició un movimiento destinado a rechazar el dólar y el euro. Llamó a las naciones árabes y africanas a utilizar en su lugar una nueva moneda, el dinar oro. Gadafi sugirió establecer un continente africano unido, con sus 200 millones de personas utilizando esa moneda común. Esa iniciativa fue percibida de manera muy negativa por EEUU y por la UE, el Presidente francés Nicolas Sarkozy calificó a Libia de amenaza para la seguridad financiera de la humanidad; pero Gadafi continuó apoyando la creación de una África Unida.

Todo esto nos lleva al enigma del Banco Central libio. En un artículo aparecido en Market Oracle, Eric Encina observa: “Un hecho raramente mencionado por los políticos occidentales y por los expertos mediáticos: el Banco Central de Libia pertenece al 100% al Estado (…) Actualmente, el gobierno libio fabrica su propia moneda, el dinar libio, gracias a las instalaciones de su propio banco central. Pocas personas pueden poner en cuestión el hecho de que Libia sea una nación soberana con vastos recursos, capaz de nutrir su propio destino económico. Un problema importante para los cartel globales bancarios es que, para hacer negocios con Libia, deben pasar por el Banco Central libio y por su propia moneda, un lugar donde no tienen ningún ascendente y ninguna capacidad de influencia. Por tanto, hacer caer el Banco Central libio (BCL) puede que no aparezca en el discurso de Obama, de Cameron o de Sarkozy, pero este objetivo está ciertamente primordial en el orden del día destinado a meter a Libia en su colmena de naciones dóciles”.

Libia no sólo tiene petróleo. Según el FMI, su Banco Central encierra en sus cofres alrededor de 144 toneladas de oro. Con semejante reserva de activos ¿quién tendría necesidad del Banco Internacional de Pagos (BRI) o del FMI y de sus reglas?

El interés de Francia en poner fin a las iniciativas africanas de Gadafi

La iniciativa de los bombardeos aéreos parece que inicialmente vino de Francia, con el apoyo precoz de Gran Bretaña. Si Gadafi hubiera conseguido crear una Unión Africana sostenida por la moneda y las reservas de oro de Libia, Francia, que sigue siendo el poder económico predominante en la mayor parte de sus ex-colonias centroafricanas, hubiera sido la gran perdedora. Por otro lado, un informe de Dennos Kucinich en EEUU ha corroborado la afirmación hecha en Italia por Franco Bechi y divulgada por la Red Voltaire en Francia, según la cual “los planes para desencadenar la rebelión en Bengasi fueron iniciados por los servicios secretos franceses en noviembre de 2010”.

Si la idea de atacar a Libia provenía de Francia, Obama sostuvo rápidamente los planes franceses dirigidos a contrarrestar la iniciativa africana de Gadafi con su declaración de urgencia nacional, necesaria para congelar la totalidad de los 30 mil millones de dólares del Banco de Libia a los que tenían acceso. (La prensa estadounidense informó de manera engañosa de esta operación, presentándola como “la congelación de los fondos del coronel Gadafi, sus hijos, su familia, así como de miembros importantes del gobierno libio”. Pero en realidad, la segunda parte del decreto de Obama apuntaba explícitamente a “Todas las propiedades e intereses (…) del gobierno libio, sus agencias, sus representantes y las entidades bajo su control, así como el Banco Central de Libia”). Mientras que en estos últimos años han utilizado activamente las armas financieras, esa confiscación de 30.000 millones de dólares, “la suma más importante congelada por una sanción ordenada por EEUU”, tenía un precedente: la confiscación –potencialmente ilegal y resultado cierto de una conspiración- de los activos iraníes en 1979 en nombre del Chase Manhattan Bank, por aquel entonces amenazado.

Las consecuencias tanto para África como para Libia de esa congelación de 30 mil millones de dólares han sido claramente explicadas por una observadora africana:
“Los 30 mil millones de dólares USA congelados por Obama pertenecen al Banco Central de Libia y habían sido afectados como contribución Libia a tres proyectos claves que habrían dado los toques finales a la federación africana: el Banco Africano de Inversiones, con sede en Sirte (Libia), el establecimiento en 2011 del Fondo Monetario Africano, que debía instalarse en Yaundé (Camerún), con un fondo de 42 mil millones de dólares; y finalmente el Banco Central Africano situado en Abuja (Nigeria); cuando éste comenzara a imprimir dinero africano hubieran sonado las campanas para el CFA (el franco de los países centroafricanos)) gracias al cual París ha logrado mantener su poder sobre ciertos países durante los últimos cincuenta años. Es fácilmente comprensible la cólera de Francia contra Gadafi.

Esta misma observadora continúa:
“Todo esto comenzó en 1992, cuando 45 naciones africanas establecieron la RAS-COM (Organización Regional Africana de Comunicaciones por Satélite) que proveyó a África de su propio satélite y redujo el coste de las comunicaciones en el continente. Era una época en la que las llamadas telefónicas hacia y desde África eran las más caras del mundo a causa del pago a Europa de 500 millones de dólares por la utilización de sus satélites –como INTELSAT- para las conversaciones telefónicas, incluyendo las realizadas en el seno del propio país.

Un satélite africano costaba únicamente un pago único de 400 millones de dólares, de esta forma el continente no tendría que pagar los 500 millones anuales. ¿Qué banquero hubiera rechazado financiar tal proyecto? Pero el problema seguía siendo el mismo: ¿cómo pueden emanciparse los esclavos de la explotación de sus dueños si les tienen que pedir ayuda a estos últimos para obtener su libertad? Sin que hubiera sorpresas, el Banco Mundial y el FMI, EEUU y Europa respondieron haciendo vagas promesas. Gadafi acabó con esas fútiles peticiones a los “bienhechores” occidentales y a sus tasas de interés exorbitantes. El jefe libio puso 300 millones de dólares sobre la mesa; el Banco Africano de Desarrollo añadió 50 y el Banco de Desarrollo de África del Oeste otros 27 suplementarios; de esta forma África obtuvo su primer satélite de comunicaciones el 26 de diciembre de 2007”.

Conclusiones
(…) Lo que está en juego no es solamente la relación de Libia con EEUU, sino igualmente la de China. El conjunto de África es un espacio donde occidente va a invertir tanto como los países del BRICS. Se espera que sólo China, sedienta de recursos naturales, invierta anualmente 50.000 millones de dólares, una suma (financiada por el déficit comercial de EEUU con China) de la que occidente no puede disponer. La coexistencia pacífica del Este y el Oeste dependerá de la capacidad occidental en aceptar una disminución gradual de su influencia en esa zona, sin recurrir a estrategias pérfidas (…)

En el pasado, las transiciones de hegemonía global fueron marcadas por guerras, revoluciones o las dos cosas al mismo tiempo. El predominio, tras las dos guerras mundiales, de la hegemonía americana sobre la británica constituyó una transición entre dos poderes que eran esencialmente aliados y culturalmente próximos. El mundo entero tiene un interés enorme en asegurarse de que la difícil transición hacia un orden en el que los EEUU no detentarán la hegemonía se realice lo más pacíficamente posible.

Peter Dale Scott
Universidad de Berkeley (California)
Publicado en Les Dossiers du Bureau, Informations, Presse, Nº 142, mayo 2011

* BIRCS: grupo de países formado por Brasil, India, Rusia, China y África del Sur.