jueves, 23 de febrero de 2012

Flavio Signore: un Corresponsal de la Paz



por Octavio Fraga Guerra

Recibí un mensaje de una amiga y fiel colaboradora de “La cámara lúcida”, alertándome del documental, 100 % Libia Libre. El “detalle” es que este filme aborda un tema que supera la geografía del programa. Nuestro espacio televisivo nació para promover el cine documental iberoamericano o producciones de otras geografías que “toman nota” sobre nuestro hemisferio, sobre nuestras realidades.

Sin embargo la llamada de esta estupenda compañera que tiene el buen ojo de sugerir filmes “urgentes”, me hizo obviar esta “camisa de fuerza” y buscar la copia que había pre gestionado para nuestra parrilla de programación.

El filme 100 % Libia Libre del realizador italiano Flavio Signore, entra dentro del espectro de temas urgentes. Nuestro proyecto televisivo no puede darse el lujo de cerrar los ojos a las prioridades de estos tiempos y accedimos gustosamente incluirlo con la mayor brevedad posible.

¿Qué razones me motivaron para obviar los principios fundacionales de “La Cámara lúcida”? ¿Cuáles son los ingredientes cinematográficos y de contenidos de este filme como para valorar su inmediata inclusión en nuestro programa?

Vivimos tiempos de guerra. Las “tropas de élites” comandadas por el Premio Nobel de la Paz” Barack Obama, y secundadas por la alianza militar de occidente -junto a los mercenarios de Oriente Medio-, forman ese “triángulo” oscuro, sombrío y lúgubre que da pasos acelerados para reordenar la geopolítica internacional.

La lucha acelerada por el control de los recursos energéticos de la región, hacen de esta furia belicista un asunto que la humanidad debe de tomar nota y partido. Somos “testigos” de la masacre y la impunidad de los “Gladiadores” del Siglo XXI. Permítanme decirlo también, somos responsables de esta ofensiva belicista, que a mí juicio no ha tenido –a nivel global- la enérgica respuesta de la Comunidad Internacional.

Permítame también precisar que para mí, ese término no está asociado a los dignatarios de Occidente que se reúnen para mandatar acciones hostiles en nombre de nosotros. La Comunidad Internacional es el pueblo que ha pronunciarse –de una vez y por toda-, contra esta escalada de guerra que debemos de “pararle los pies”.

Recuerdo los primeros síntomas previos a ofensiva militar contra el pueblo y el gobierno Libio. El predecible leguaje terminológico de la “Gran Prensa” y los mass media, avizoraba lo que ocurrió después. La intervención militar de la OTAN (Organización Terrorista Anti Natura) en territorio Libio.

Cumbres de jefes de estado. Resoluciones de la desprestigiada Naciones Unidas. Incursión de mercenarios venidos de varias naciones colindantes con las fronteras Libias y un sinfín de “síntomas” propios de la evolución de la historia pretérita. Hechos ocurridos en un pasado nada distante de nuestra memoria, estamos hablando del año 2011.

Ante estas “sabidas verdades”, ¿Qué aporta la obra de Flavio Signore? El cineasta parte de la estética del “road movie”. Su equipo toma carretera hacia varios destinos de Libia buscando –y esto es muy importante-, los testimonios ajenos a cualquier sospecha gubernamental. Algo que el documentalista podía haber realizado pues es su licencia creativa, es su responsabilidad y derecho ante la construcción de un Punto de Vista.

Su puesta audiovisual evoluciona, partiendo de la tesis de que la esencia discursiva ha de descansar en los testimonios de los civiles, que son las víctimas y parte fundamental de este “conflicto”.

Las cámaras que acompañan a Flavio Signore, toman rumbo hacia algunas ciudades que son los territorios esenciales de esta historia. Trípoli, Bengasi, Zawiya, Wazen. Son los destinos donde “toma” historias de vida, vivencias, alertas y manifestaciones ante la materialización de una intervención militar desproporcionada, inmoral e injustificada.

Cuando uno se “encuentra” con este texto audiovisual, nos ayuda a confirmar la urgente necesidad de “sacar de nuestro diccionario” la palabra GUERRA. Flavio Signore y su equipo de realización toman rumbo por la búsqueda de la verdad. No desde esa vapuleada objetividad que transita ajena al sentido común y la ética, que debe primar en tiempos de crisis de valores. Cuando hablo de ética, no solo me refiero a la que debe de distinguir a todos los hombres y mujeres de este mundo. Mi énfasis se apega más, para los que trabajamos en los medios de comunicación o con ellos.

Son varias, sustanciosas y suficientes las escenas que van dándole cuerpo a este filme. Un documental en el que prima la voz de hombres y mujeres dispuestos a legitimar su punto de vista ante la cámara. Voces que confluyen para hacer valer la paz y el sin sentido de actos belicista que tan solo mutilan o hieren la vida de hombres y mujeres. Sin dejar de nombrar el lógico efecto de exacerbar los odios. El odio de todos los ciudadanos que forman parte de esa convulsa región. Esa premeditada idea va convirtiendo a la zona –poco a poco-, en una “bomba de relojería”.

La cámara –con marcado acento periodístico-, hurga en los testimonios que rompen con el discurso de una “fauna mediática”. Unos medios que están dispuestos a seguir mintiendo y manipulando, para darle respuesta a los patrocinadores de siempre. Al final, depositan la ética periodística en el retrete.

No son pocos y sustanciosos las manifestaciones presentes en este filme a favor de Gadafi y su gobierno. Algunos confiesan que no eran del grupo de partidarios y con las bombas, reconvierten su rumbo a favor de su continuidad. Sin embargo –y hago un paréntesis sobre el filme-, hemos sido testigos de la impunidad con que fue asesinado el presidente de Libia, sin tan siquiera, recibir el más elemental derecho a ser juzgado ante los tribunales de su país.

La cámara absorbe acontecimientos y hechos que forman parte de la realidad que han sido ocultas. La tomas de heridos en los hospitales de Libia, víctimas de los “opositores” al gobierno de Gadafi son parte corpórea de este filme. Los heridos y mutilados son esa huella del intervencionismo militar. El realizador se apropia de estos hechos para conformar parte de un dibujo cinematográfico que ha sido obviado por los que pretenden construir una realidad fragmentada.

Otra singular secuencia, registra la gallardía y la entereza de personas de a pie, que se manifiestan –y estos es muy importante-, contra los medios de comunicación asentados en territorio Libio. Esa expresión popular denota dos apéndices fundamentales. La primera, el compromiso con la verdad. La segunda, el reconocimiento del pueblo del papel inmoral que no pocos medios de comunicación juegan el rol, -como ya había expresado en un principio-, de poblarnos de mentiras y tergiversaciones de la historia y los hechos.

No faltan en este recorrido cinematográfico, la participación de observadores internacionales que desarticulan esa tejida inoculación de las ONG y organizaciones internacionales de dudoso pronunciamiento, que secundan ese discurso oportunista, comprometido con la mentira para justificar la invasión, el genocidio, la matanza y –reitero-, la siembra de los odios.

En un tercer nivel dramatúrgico, Flavio se apropia de grabaciones “caseras”, tomadas con los móviles y cámaras fotográficas domésticas. En estas esenciales escenas, se expresa cinematográficamente el comportamiento de los “separatistas” y los mercenarios venidos de muchas partes. Son –en resumidas cuentas-, los verdaderos terroristas que han tenido el aval de esa otra comunidad internacional. La de los mandatarios de occidentes que visten sus mejores galas en Cumbres y Convenciones, bajo la mampara de una larga lista de medios que siguen inoculando mentiras bien pagadas. Son los que detentan el poder desde la violencia y la gradual inoculación del terror.

Este bloque de secuencias está acompañado de clarificadores testimonios de libios que fueron testigos de estas atrocidades, que cierran el círculo de información oportuna ante una obra de calado documental y periodístico. Este es el tipo de documental, que nunca llegará a surcar los límites de la gran pantalla. Quedará para hacer la ruta entre las organizaciones sociales, los grupos alternativos y progresistas. Se multiplicará de mano en mano, para hacer valer la verdad sobre la mentira.

La obra de Flavio Signore, entra dentro del espectro de documentales críticos, oportunos, necesarios, ante un edulcoramiento que se disfraza de otras vestiduras, ajenas a su naturaleza creativa, periodística y comprometida con los preceptos de sus iniciadores.


Calibrar el filme 100 % Libia Libre, significa, darle oportunidad a la verdad, a la lucha por la paz y al futuro de la humanidad sin armas y sin mentiras calculadas. La obra de este realizador italiano forma parte de la tradición de los Corresponsales de Guerra, aunque Signore en una breve entrevista que publicaré próximamente se define como un “Corresponsal de la Paz”.