domingo, 4 de marzo de 2012

Ante la humillación de ver jactarse a "los socorristas", esa profunda ofensa que nos hiere

por Miryan Al-Sham


       Han anunciado un evento: una cena “en solidaridad” -según los convocantes- con el Pueblo sirio. ¿Con qué Pueblo?. ¿A qué Pueblo sirio están dejando respirar sus aplaudidos Agentes “rebeldes”?. ¿Será acaso solidaridad con los muertos hechos trizas por esa basura pagada por los “arabescos” del Golfo y por esa Cueva de ladrones de vidas que se reunió en Túnez? (felizmente rechazados por el Pueblo tunecino, solidario y consciente, en masivas manifestaciones).

       ¿Qué quieren dar a los sirios?: ¿pan y bombas?. El Pueblo sirio ni pide pan ni pide agua de manos corruptas. Y las mantas, ¿para qué?. El frío del miedo no se quita con el abrigo. Miedo a que al salir a la calle les cojan a las personas como escudos para proteger sus cabezas los mercenarios de los salafistas más sanguinarios y de sus Padrinos “occidentales”, como les ha ocurrido a mi familia y a muchos amigos.

       Dicen los convocantes que quieren llevar mantas. No será para tapar a los muertos. De esto ya se encargan los ejecutores del Terror, ya que descuartizan a sus víctimas y las dejan en la puerta de sus familias en bolsas de plástico (negras, eso sí). Todo ello, ¿por qué?. Según la interpretación falaz, odiosa, sectaria y criminal, que esta gentuza hace del sagrado Corán, las personas descuartizadas no pueden entrar en el Paraíso. Hasta ahí llega su sadismo.

       Pero ese sadismo no es peor que el del Imperialismo, que mata ya por matar, haciendo empleo de “política de tierra quemada” vertida contra “realidades sobrantes” a las que, esa decadente maquinaria inoperante en términos capitalistas, no puede ya ni siquiera “integrar” en el engranaje de la explotación y el uso.

       Por eso, quienes se sienten en esa mesa, quizás amantelada con la bandera de las tres estrellas negras del Califato abbasí, o quizás amantelada con la bandera de las estrellas rojas de la vieja sociedad de Castas, deberían hacer auto-crítica y repensar su propia función y posicionamiento.

       Por cierto: ahora que estos entrega-pueblo se han peleado entre sí, desde la reunión de Turquía, por ver quien llevaba la barbarie a cotas más altas, no sé cómo se habrá dividido la parroquia.

       Puede ser que algunos de vosotros os preguntéis: “¿qué hago aquí?”. ¿Es de solidaridad participar en algo con un trasfondo tan turbio, codeándose con estos lobos con piel demócrata enmascarados de buena intención, cuando sus fines son otros muy suyos?. Es para pensarlo.