martes, 13 de marzo de 2012

Aparición de las bombas de uranio empobrecido en las guerras imperialistas: el Síndrome de la Guerra del Golfo

Contaminación radiactiva en la Guerra del Golfo (1991)

Contaminación radiactiva en la Guerra de Kosovo (1999)

Desde hace aproximadamente cincuenta años, los Estados Unidos ha producido más de quinientos mil toneladas de uranio empobrecido durante la fabricación de bombas atómicas y reactores nucleares. Este uranio empobrecido no es más que residuos radiactivos del Isótopo 238 de uranio no fisionable, y una mínima proporción de Isótopo 235.

En el año 1990, y en vísperas de la inminente guerra del Golfo Pérsico, el Comité de Guerra adscrito a las Fuerza Armadas Norteamericanas recomendó el uso de municiones revestidas de uranio, ya que este material es pirofosfórico y permite perforar el acero de los tanques enemigos.

Sin embargo, el ejército estadounidense emitió un informe en el cual se alertaba sobre el riesgo de contaminación radioactiva que corría la población militar y civil expuesta en tierra y aire, así como el efecto cancerígeno y de toxicidad renal de dicha exposición.

Se sugirió establecer el balance riesgo/beneficio de la utilización de estas municiones y evaluar las condiciones del área de combate y riesgos de salud a largo plazo.

También se indicó la necesidad de descontaminar la zona de combate, en caso de utilizar este tipo de municiones.

A pesar de las advertencias antes descritas, se autorizó la utilización de un material bélico altamente radiactivo, donde el 10-70 por ciento del uranio radiactivo se oxida y se puede mantener en el aire en forma de micropartículas aspirables por largo tempo, con consecuencias fatales y devastadoras que se reflejan en problemas graves de salud, como lo es el síndrome de la “Guerra del Golfo”.

SÍNDROME DE LA GUERRA DEL GOLFO
Se define como un conjunto de signos y síntomas comunes a ciertas enfermedades que presentan los veteranos ex combatientes y personal civil, expuestos a las radiaciones Alfa generadas durante la Guerra del Golfo.

Estas radiaciones Alfa son capaces de destruir las células de los tejidos expuestos, así como de inducir neoproliferación celular atípica (3,4).

Debemos recordar que durante esta guerra se autorizó la llamada “Operación Tormenta del Desierto”, en la cual se realizaron aproximadamente 110.000 ataques aéreos y se utilizaron 4.000 tanques terrestres, y 944.000 proyectiles con uranio, produciéndose 320 toneladas de residuos radiactivos contaminados en el área de combate en Irak.

La única medida de descontaminación implementada fue enterrar o destruir el material bélico afectado, lo cual no fue suficiente para evitar la aparición del Síndrome de la Guerra del Golfo.

MECANISMO FISIOPATOLÓGICO PROPUESTO
En el área de combate donde se desarrolló la Operación Tormenta del Desierto se desprendieron micropartículas aspirables; solubles e insolubles.

Las micropartículas insolubles, por su tamaño y condición físico-química, no pasan al torrente sanguíneo pero permanecen por largo tiempo en el tejido pulmonar, liberando su radiación a nivel local.

Las micropartículas solubles radiactivas sí se pueden absorber y pasar a la circulación sistémica, afectando principalmente órganos vitales como cerebro, pulmón, riñón y tejido linfático.

A esto debemos agregar la posible utilización de armas químicas y biológicas (gas sarín y/o mostaza) y la inmunización previa a los soldados con vacunas experimentales como el bromuro de pirostigmina (para prevenir los efectos neurotóxicos de estas armas), sin conocer los posibles efectos adversos de estas inmunizaciones.

ASPECTOS CLÍNICOS
Las manifestaciones clínicas de estos pacientes son: enfermedades respiratorias de tipo enfisema y/o fibrosis pulmonar; trastornos neurológicos como pérdida de memoria y déficit neuromuscular, estrés postraumático, disfunción hepática y/o renal, inmunodeficiencias, infertilidad, fibromiopatías, malformaciones congénitas y neoplasias (4).

POBLACIÓN EXPUESTA
Se estima que fue expuesta a las radiaciones de uranio una población aproximada de:
– 541.000 norteamericanos.
– 50.000 aliados (británicos en su mayoría).

POBLACIÓN AFECTADA Y MUERTES POR EL SÍNDROME
Afectados
– 100.000 norteamericanos.
– 9.000 británicos

Muertes
– 8.000 norteamericanos.
– 521 británicos faltaría agregar la población civil expuesta que no fue evacuada a tiempo, o que colaboró con el transporte de heridos y cadáveres, así como civiles que habitan en las zonas limítrofes de Irak que pudieron aspirar el polvo radiactivo que viajó desde la zona de combate.

El diagnóstico del síndrome ha sido difícil de establecer, debido a que no se ha podido realizar un estudio epidemiológico, por la negativa de los gobiernos involucrados en el conflicto, de aceptar la existencia de la enfermedad.

La evidencia que se tiene es por la denuncia de los pacientes afectados, en su mayoría ex combatientes, y por el seguimiento de los casos clínicos por algunos investigadores.

El aumento de la incidencia de leucemia en menores de 15 años y la aparición de diferentes tipos de neoplasias en la población joven de Irak, nos orienta a pensar sobre la existencia de este síndrome altamente mortal, producto del armamento utilizado durante la Guerra del Golfo (5,6).

TESTIMONIOS Y EVIDENCIAS DEL SÍNDROME
Testimonio de soldado norteamericano:
“Mi enfermedad es casi tan larga como mis años de servicio”.

Declaración de investigador británico:
“Fue la guerra más tóxica de la historia militar moderna”.

Evidencia fotográfica encontrada en el Hospital Materno-Infantil de Basra en Irak, 1992:
“Niños nacidos sin ojos; órganos internos adheridos al estómago o a la espalda; sin extremidades o con las extremidades mal desarrolladas; sin genitales, sin cerebro, sin nariz, sin tráquea... incluso sin cabeza”.

CONCLUSIONES
La causa del Síndrome es multifactorial. El uranio radiactivo usado durante la guerra, así como las otras armas químicas y biológicas (gas mostaza y/o sarín) que pudieron haberse utilizado; y la exposición prolongada al humo de residuos petrolíferos (por ser los pozos petroleros los principales blancos durante la guerra) pudieron generar la aparición de signos y síntomas fatales y discapacitantes que observamos en la población expuesta, como lo es el Síndrome de la Guerra del Golfo.

Falta mucho por hacer e investigar, sin embargo, queda de parte de los gobiernos involucrados en el conflicto bélico implementar medidas económicas y sanitarias que permitan atender e indemnizar a los afectados, y sobre todo promover la voluntad política de los jefes de Estado para que resuelvan sus diferencias a través de uno de los valores más importantes que debe existir en la Humanidad: la paz de nuestros pueblos (12).

Dr. ARTURO ARELLANO (INHRR)


BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA
Síndrome de la Guerra del Golfo, cruel encubrimiento. Diario Obrero Revolucionario # 884, Diciembre 01, 1996. [Artículo de prensa] Difundido por correo electrónico.

Middle East Report, 211. 1999. Depleted Uranium.

Townsend, CH & Haley, RW. Daño cerebral podría ser la clave del Síndrome de la Guerra del Golfo. American Journal of Medicine. Octubre 2004.

La Medicina del Ambiente. 2003. El síndrome de la Guerra del Golfo. Disponible en: wwwmcghealth.org/greystone/sadults/environ/Golf.hotmail.com

The Medical Educacional Trust 1994. Desert Storm Syndrome, sick soldiers and dead children?

Monash University Medicine, Nursing and Health. 2002. Australian Gulf War veterans health study.

Gough M. Is Gulf War Syndrome for real. Institute Cato; 1997.

Síndrome de la Guerra del Golfo [Nota informativa de CSCA Web]. Disponible en: www.nodo50.org/csca. Mayo 2002.

Testimonio sobre evidencia fotográfica encontrada en el Hospital Materno-Infantil de Basra, Irak, 1992.

El Síndrome de la Guerra del Golfo no sería una enfermedad. Journal of the Royal Society of Medicine. 2002; 95: 491-497.

Fumento M. Gulf Lore Syndrome. The Wall Street Journal. Marzo 04, 1997.

Del Síndrome de la Guerra del Golfo al Síndrome de los Balcanes. Diario Nación Árabe # 43, 2001 [Artículo de prensa].