sábado, 3 de marzo de 2012

Reflexiones a propósito de la respuesta de Santiago Alba Rico a un documento de protesta de la plataforma "No a la Guerra Imperialista" dirigido a TVE


Resulta cuanto menos sospechoso que la respuesta del escritor Santiago Alba Rico fuera acogida y difundida por el colectivo que, en el Estado español, está haciendo todo lo posible porque se expulse al embajador sirio, se rompan relaciones con ese país y se intensifique la presión internacional sobre el mismo, lo que incluiría un mayor apoyo a la “oposición” armada y al bloqueo económico.

Resulta, como digo, sospechoso que una persona que se declara amiga de la Cuba Socialista y de la Revolución Bolivariana comulgue y participe de maniobras de esa envergadura. En todo lo relacionado con las “Primaveras Árabes”, y su repercusión en el Estado español, hay muchas cosas que nos resultan sospechosas pero, especialmente, en lo que concierne a la presión sobre el Gobierno y el pueblo sirio.

Dejando al margen las multitudinarias manifestaciones sobre Irak, que eran demasiado unívocas, y engañosas, porque conjugaban innumerables posiciones de partido e intereses estratégicos que, el tiempo, se encargó de deslindar y diferenciar, las manifestaciones contra la agresión contra Kosovo, comandada por la “socialdemócrata” OTAN sí, en cambio, que pusieron las cosas más en su sitio, y dejaron claro quién estaba por la guerra imperialista y quién no.

Con las “Primaveras Árabes” y, especialmente, con Siria, se han vuelto a rebelar tremendas sorpresas. Empezando por los sindicatos oficialistas, UGT y CC.OO, que, con atronadora y tremenda uniformidad, han estado de acuerdo en que la guerra y, más concretamente, la guerra que perpetran EE.UU. y la OTAN, puede servir para extender “democracias”. Dicho lo cual, sólo cabe despejar el cadáver del invento zapateril de la “Alianza de Civilizaciones” y enterrarlo como es debido, porque su putrefacción empieza a corromper el ambiente de las relaciones internacionales. Aunque hubo distintas voces que, a su vez, intentaron “civilizar”, es decir, racionalizar y comprender en su justa medida dicho invento, sólo queda con tal asunto ponerle donde es debido: es decir, la alianza, fantoche Zapatero, no es entre culturas ni civilizaciones (a no ser que se guarden intenciones imperialistas, como parece ser el caso), la alianza es entre pueblos y personas y, si de alguna alianza merecería ser patrocinador, es de la alianza de todo el género humano en su conjunto. En todo caso, se dialogará entre culturas, imperialista “rojo” Zapateril.

Así que sí, como decimos, el tema de las “Primaveras Árabes” ha vuelto a revelar las asombrosas y, por otro lado, lógicas y normales, diferencias en el seno de lo que llamamos “izquierda”. Pero más asombrosa ha sido, si cabe, el corrimiento de todo un sector de la solidaridad con los árabes y palestinos hacia las tesis de injerencia imperialista, dando por válido que dichas revueltas iban a traer automáticamente la democracia a la región (siempre que se utiliza este término falta por saber qué entendemos por democracia); y, sobre todo, dejando en segundo plano, la falta de “democraticidad”, transparencia y vigilancia de las propias instituciones palestinas… El corrimiento de las posiciones palestinas, debilitadas por su propio enfrentamiento con el Estado de Israel, se veía venir desde hace algún tiempo, pero es, si cabe, más sorprendente cuando personas de dicho campo de la solidaridad, muy activas en todo lo que ha sido la denuncia del imperialismo contra Irak y Kosovo (también en el caso de la guerra contra Kosovo), hoy, parece que se les haya olvidado lo que aprendieron y denunciaron en dichas pasadas campañas anti-imperialistas. Es muy decepcionante, y supone un motivo de reflexión para toda la izquierda.

Mientras sean como Santiago Alba Rico, que es capaz de defender una cosa en el Mundo Árabe y, luego, la contraria cuando está en los países de América Latina; no hablaría, solamente, de chaqueterismo o de oportunismo, sino de una forma de impostura que le permite decir una cosa en un sitio y, luego, con los mismos argumentos, defender la contraria en otro; una forma de oportunismo muy conveniente en según qué casos y personas… Esta visto que aquello de la visión “etnocéntrica” debería aplicárselo a sí mismo o, mejor, dejar de exportar revoluciones y empezar por hacerla en su propia casa, si no tiene inconveniente.

En el artículo “infausto” que Santiago Alba Rico dedica a la Plataforma da, al menos, tres o cuatro razones de peso para decir que la Siria del Partido Baath es una dictadura. Las siguientes: que se tortura, que no hay libertad de prensa, y que existe la desigualdad de género (o sexo), a lo que se podría añadir que no es un Estado laico.

También habla de la pluralidad partidista y de las candidaturas presidenciales alternativas al Baath.

En primer lugar, y ante todo, aunque pueda sonar a “disculpa” para Santiago Alba Rico, lo que, por otro lado, no tendría necesidad de hacer pues no soy sirio, ni tengo especiales relaciones con ese país, Santiago Alba Rico pasa por alto referir que el “estado de excepción”, existente en Siria hasta la primavera del año pasado, se levantó en el país y, por tanto, las restricciones asociadas a él en lo referente a los derechos de manifestación, reunión y publicación. Tampoco lo decía el comunicado de la Plataforma, por la sencilla razón de que el comunicado era una respuesta a un reportaje con pretensiones de “globalidad” sobre la situación en Siria.

Tampoco Santiago Alba Rico se refiere a la guerra encubierta que enfrenta a Siria con Israel desde 1967, a partir de la ocupación del territorio de los Altos del Golán por parte de Israel. Es verdad que, nos dice Santiago, no quiere referirse a pretextos y excusas para no respetar los derechos humanos. Tampoco habla el escritor hispano del enfrentamiento colateral entre el Estado sirio y la Hermandad Musulmana (organización religiosa, con fines políticos, que cuenta con un brazo armado, y que está ramificada por diferentes países de mayoría musulmana).

Nosotros, a diferencia de Santiago Alba Rico y su “cruzada” por la democracia, tenemos la obligación de explicar cuál es la situación de origen que motivó la implantación del estado de excepción en Siria.

Sea como fuere, el estado de excepción ha amparado la tortura en Siria, esto no lo explica de esta forma Santiago Alba Rico pero nosotros sí. Es totalmente cierto. No sólo la tortura. Además, este estado de excepción, y la agresión permanente de Occidente a Siria, ha supuesto el caldo de cultivo para la corrupción.

Lo único que podemos decir desde la izquierda del Estado español ante las denuncias de tortura es que se ventilen todas las responsabilidades y se depuren todos los organismos estatales que hayan tomado parte en los mismos. Ante las denuncias por corrupción, por malversación de fondos o por cualquier otra vulneración de los derechos humanos no decimos, acto seguido, que se bombardee un país o que se le impongan sanciones económicas, entre otras razones, porque esas medidas quintuplican la violación de los derechos humanos.

Denuncia también Santiago Alba Rico la prohibición de que un determinado medio de comunicación libanés (dice que simpatizante con Hezbollah) pueda ser distribuido en Siria. A este respecto sólo podemos decir que las autoridades sirias están totalmente legitimadas a decidir qué medios se distribuyen (y publican) en su país y no. Este expediente no dice nada sobre la libertad de expresión o de prensa en Siria.

Asociado con este asunto, podríamos tratar la cuestión de la pluralidad partidista e ideológica en Siria. Dice Santiago Alba Rico que en Siria sólo están legalizados los partidos que forman parte del frente gubernamental. Esto no es verdad, en la actividad política hay varias formas de alcanzar la legalidad; nuestros compañeros, por ejemplo, del PC Acción Proletaria de Chile no están legalizados, pero tienen una actividad pública que deja a las claras que están legitimados para funcionar como partidos. Pues bien, en Siria hay partidos legalizados y legitimados a funcionar como tales, y los partidos legalizados no se limitan a los partidos en el gobierno. Podría objetarnos Santiago Alba Rico que esto es ahora con la nueva ley de partidos; no, esto también era antes, lo que ocurre, y perdona compañero Santiago que vuelva a las coyunturas, es que con la ley de estado de excepción era más difícil para un partido realizar una actividad pública, y también fundar nuevos partidos.

Decimos que la libertad de expresión y de prensa está asociada a la libertad de los partidos políticos porque, no nos cabe la menor duda, de que los partidos políticos que existan, las asociaciones civiles que existan, las agrupaciones religiosas que funcionen, etc., tendrán medios de difusión y de comunicación para llegar al público. ¿Esto no es afirmar espacios de debate público y forjar una opinión pública? Sin entrar en la variedad de cadenas de TV y de radio, además de periódicos de tirada nacional, yo creo que sí. Me parece que por esto tampoco merece la pena bombardear Siria, ni ningún otro país (crucemos los dedos para que a Ban Ki-moon no le parezca lo contrario).

Con respecto a los derechos de la mujer, tratemos esto junto con lo del Estado laico. Emplea Santiago Alba Rico unos datos para hablar de la situación de la mujer en Siria extraídos de Amnistía Internacional. Me va a permitir el compañero que no comente los datos de Amnistía Internacional. En cuanto a que Siria sea un Estado laico o no, es cierto que el Estado reconocía, por su Constitución de 1973, que se trataba de un país de mayoría musulmán, ¿sería más apropiado, entonces, llamarlo a-confesional? Nos cita Santiago Alba Rico un lema político para confirmar que se trata de un estado “confesional”, yo le citaría otro lema estatal para confirmar que no: “la religión pertenece a Dios y la patria a todos”… No sé si esto nos sitúa en la tesitura de llamar al Estado “multiconfesional”… Nos dice Santiago Alba Rico que, en la legislación siria, se reconoce a la legislación musulmana como fuente de derecho (no como la única, tampoco como la principal)… Esto estaría en consonancia con lo del Estado de “mayoría musulmana”. Nos faltan, creo, más elementos de análisis para hacer una valoración objetiva… Pero de que nos encontramos ante un país musulmán debe haber pocas dudas, dado que forma parte, oficialmente, de la Organización para la Conferencia Islámica… Yo, desde luego, como laicista, preferiría que fuera de otra forma, y a la “oposición cívica” siria también le parece que debería ser de otra forma, lo cual no les lleva a pedir que se sancione a su país o se le bombardee.

En cuanto a las elecciones presidenciales, nos viene a decir Santiago Alba Rico que es un caso evidente de que el poder se traspasa de padres a hijos. Bashar al-Assad sucedió a su padre en la presidencia de la república, Hafed al-Assad. Bashar era un médico prestigioso radicado en Londres, el partido en el poder (socialista panarabista) no se ponía de acuerdo a la hora de elegir a un sucesor, así que se fueron a Londres a convencer al hijo para que desempeñara ese cargo.  Bashar ganó las elecciones presidenciales, sin oponente… ¿Ya hemos hablado del periodo del “estado de excepción”? Es presumible que en las próximas elecciones presidenciales, anunciadas para el 2013, se presente un candidato de la oposición “cívica” (y esperamos que sea del agrado de Santiago Alba Rico, aunque también le anunciamos que a los sirios esto les trae sin cuidado).

De manera que, Santiago, querido, menos humos, que aquí todos te sabemos contestar. Y deja de liar la pava por América Latina.

Benito G.ª Pedraza (Ateneo Republicanode Villaverde)


Post-scriptum: ¿Siria es un Estado progresista? Sí, en la medida en que le dejan sus vecinos. ¿Siria es un Estado panarabismo? Por supuesto que sí, y el primer testigo de que, una solución al problema palestino, sólo podrá venir de la mano de toda la comunidad árabe. ¿Siria ha sido un Estado corrupto? Si tenemos en cuenta toda la presión que el imperialismo y el sionismo ha ejercido sobre la región, desde luego que la corrupción ha sido una de sus lacras más importantes, y todavía continuará siéndolo. ¿Siria puede ser un Estado fallido? Ese es planteamiento imperialista, pero es responsabilidad del pueblo y de las autoridades sirias el evitarlo.