sábado, 21 de abril de 2012

Bahrein F1
Mikail Alvarez Ruiz (Fuente: Identidad Andaluza)

El pasado fin de semana, poco antes de disputarse el Gran Premio de China, el señor Bernie Ecclestone a la sazón propietario de ese llamado circo de la Fórmula 1, afirmó que el Gran Premio de Bahrein se celebrará sin duda alguna en la fecha prevista, es decir, el próximo fin de semana.
Según este señor existe total garantía de seguridad para los integrantes de la Fórmula 1 y por lo tanto no hay motivo para no celebrar la prueba prevista. Incluso ha manifestado refiriéndose a esta carrera que la misma “Es un negocio como de costumbre” y que no cree que los manifestantes vallan a utilizar la F1, “y si lo hicieran, sería un poco tonto…” afirmó. Seguramente cuando en los tiempos del Apartheid llevó la F1 a Sudáfrica, también pensaría que no era más que un negocio, que para qué preocuparse por los sufrimientos de la población negra en aquellos momentos, o de los de la población bahreiní en este caso.
Ecclestone a lo largo de su vida ha demostrado que no tiene escrúpulo alguno ante nada cuando de ganar dinero se trata, y eso al parecer sabe hacerlo muy bien. Ni tan siquiera a sus 80 años se ha parado a pensar que por mucho que haga no le queda ya tiempo en esta vida para gastar su inmensa fortuna, y que esta de nada le va a servir en la tumba.
Hay quien intenta argumentar que la Fórmula 1 es un deporte y que como tal está por encima de las veleidades políticas que pudieran plantearse. Quien así piense o intenta tranquilizar su conciencia, o es un iluso, o es un depravado que pretende engañar a los demás. La Fórmula 1 ante todo es un espectáculo mediático servido cada Gran Premio a millones de telespectadores en todo el mundo. Eso es lo que buscan las grandes marcas que invierten inmensas sumas de dinero en patrocinar equipos, eso es lo que buscan los anunciantes que colocan su publicidad en las transmisiones de los diferentes países, y eso es lo que busca el régimen de Al-Jalifa para intentar dar una imagen de falsa normalidad en su oprimido reino.
Mucho es el dinero que la monarquía bahreiní ha invertido en este “anuncio”. No por ser dueños del circuito de Sajir, ni por poseer también una parte de McLaren, uno de los equipos competidores, no, no es por la afición a los motores del reyezuelo y su corte por lo que la cuenta de Ecclestone sumará varios millones más este fin de semana, sino por la presencia mediática del evento. No hay nada de deportivo en ello.
Ecclestone no sólo gana dinero, también se presta a la farsa cuando no tiene reparos en manifestar que: “Lo bueno de Bahrein es que allí hay más democracia que en la mayoría de los lugares. A las personas se les permite hablar cuando lo desean y pueden protestar si así les apetece”. Y no sólo Ecclestone, también un portavoz de la Federación Internacional de Automovilismo ha dicho sin tapujos: “Damos la bienvenida al espíritu de reconciliación expresado por todas las partes y esperamos una emocionante carrera de F1 en el Circuito Internacional de Bahrein”.
Democracia, libertad, reconciliación, ¿en qué mundo viven estos señores?. Sin duda esa mentira es la que se pretende vender con la celebración del Gran Premio, esa mentira es lo que ha comprado el régimen bahreiní.
La Revolución Baheriní desde su inicio ha sido la revolución silenciada. Las grandes cadenas de televisión, empezando por las árabes Al-Jazeera y Al-Arabiya que tanto les gusta protagonizar en otros conflictos, desde que comenzó la represión en Bahrein han ocultado a sus espectadores toda la información.
Las protestas en la isla empezaron en febrero de 2011, cuando el pueblo bahreiní salió a las calles, no para exigir el derrocamiento del tirano ni nada por el estilo, sino simplemente para reclamar unas mínimas medidas de ciudadanía, tan simples como que todo ciudadano bahreiní tuviera los mismos derechos, independientemente de su condición religiosa. Simplemente eso, algo que en nuestro mundo se entiende como lo más normal y natural.
Las movilizaciones fueron absolutamente masivas y pacíficas. El campamento erigido en la Plaza de la Perla era ejemplo de organización y tranquilidad. Pero el democrático régimen al que tanto alaba el señor Ecclestone no podía permitir ni tan siquiera esto y a mediados de marzo envió a sus fuerzas armadas (compuestas mayormente por mercenarios extranjeros y a las que no se permite pertenecer a la mayoría de la población bahreiní) a tomar la plaza a fuego mientras los manifestantes dormían. Ahí se produjeron los primeros mártires.
A partir de ese momento la represión se hizo generalizada incluso en los hospitales, y pronto, la llegada del ejército de ocupación que el rey saudí y otros similares de la zona enviaron en ayuda de su igual bahreiní. La represión ha sido brutal desde entonces; detenciones arbitrarias, desaparecidos, torturados, juicios sumarísimos, hospitales ocupados, médicos y otros funcionarios represaliados, mezquitas y otros centros religiosos demolidos… y el constante goteo de mártires.
Pero nada de esto aparece en los medios de difusión. Ha pasado más de un año y la revolución sigue en pie, los manifestantes siguen en la calle aunque ya exigen algo más que aquellas simples reformas que pedían al principio, pero nada aparece en los medios de difusión.
¿Tranquilidad?. Eso es lo que es spot publicitario pretenderá vender, y eso es lo que las mentes hipócritas “comprarán” gustosamente, pero sólo hace unos días que se enterró a uno de los últimos mártires, un niño de 15 años baleado por las fuerzas de represión, esas mismas que sin duda garantizaran la seguridad del señor Ecclestone y los suyos. ¿Libertad, democracia?, ¡que se lo pregunten a Abdulhadi al Jawaya, el opositor encarcelado que se encuentra en huelga de hambre desde hace más dos meses y cuya vida pende de un hilo en este momento!. ¿Espíritu de reconciliación?, no es eso lo que sentían los miles de manifestantes que hace un par de días salieron a la calle en la localidad de Dair, al norte de Manama, para protestar contra la celebración del Gran Premio de Fórmula 1 en Bahréin.
Pero nada de esto llama la atención de los grandes medios de difusión y no por no ser noticia, sino porque el régimen de Bahrein cuenta con la inmunidad que le da ser vasallo de los EE.UU. y puerto de su Quinta Flota, la misma con la que los EE.UU. pretenden amenazar a Irán.
Pero este fin de semana todo será diferente, Bahrein existirá, al menos el glamoroso circuito con su gente de mentira. Este fin de semana Bahrein, ese Bahrein falso que se presentará en el Gran Premio, en tres días tendrá todas las horas de televisión que no ha tenido la Revolución Bahreiní en todo un año, y el mundo de la hipocresía estará feliz.
Ciegos, sordos y mudos, cuando en Bahrein se derrama la sangre de un pueblo que clama por la justicia. Vendarnos junto a la Fórmula 1, a su amo Ecclestone, a sus equipos y pilotos, un espejismo, una calma que no existe, una paz y una unificación de fantasía.
El domingo no sólo los Ferrari vestirán de rojo, todos los bólidos, todos los equipos, todos los pilotos, todos los patrocinadores, estarán teñidos con la sangre de los mártires de Bahrein.