domingo, 22 de abril de 2012

El máximo líder religioso iraní promulga una fatwa o decreto religioso condenando las armas nucleares


La fatwa decretada por el líder de la Revolución Islámica de Irán, Ayatolá Sayyid Ali Jamenei, que prohíbe la producción, proliferación y el uso de bombas nucleares y de destrucción masiva debe ser considerado un hito en la historia política de Irán y un factor que puede salvar a la nación islámica de una serie de amenazas externas y complots.
La Fatwa es un decreto religioso emitido por un líder musulmán sobre un  tema específico y que incumbe su cumplimiento a todos los musulmanes. Sin embargo, en este caso particular, la emisión de la fatwa no tiene solamente una fuerza religiosa, sino política, ya que el máximo líder religioso de Irán obliga constitucionalmente con sus decisiones al Gobierno y el Estado iraní.
Las recientes conversaciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que los estadounidenses saludaron como “un paso adelante” y la jefa de la política exterior de la UE, Catherine Ashton, calificó como “constructivas y útiles”, se celebraron en un ambiente lleno de optimismo inspirado en esta fatwa. A pesar de las conversaciones de diez horas entre Irán y las seis potencias mundiales, aparentemente no presentaba frutos tangibles, las dos partes terminaron las conversaciones con un aire de consanguinidad en un ambiente de sentirse bien. Además de eso, las dos partes parecían decididas a poner fin a la controversia de larga data tan obstinadamente prolongada durante años por Occidente.
Algunos funcionarios iraníes han expresado la esperanza y el optimismo de la próxima ronda de conversaciones a celebrarse en Bagdad el 23 de mayo.
El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Irán, Ramin Mehmanparast, dijo a la prensa en Zagreb, Croacia, el miércoles: “Estamos optimistas sobre el futuro de las negociaciones y queremos que los otros lados pongan sus palabras en acción”.
Las gafas pesimistas occidentales han arrojado una nube oscura sobre el programa de energía nuclear de Irán, por lo que desde hace mucho tiempo los esfuerzos para inculcar que Irán está buscando un programa de armas nucleares.

Sea como fuere, no hay ningún punto en la creencia de que Irán está tratando de producir armas nucleares ya que no hay evidencia alguna que apunte a esta idea. Además, la historia moderna ha demostrado que Irán nunca ha sido agresor, sino que se ha convertido en víctima de la agresión. Durante la guerra impuesta Iraq-Irán [1980-1988] en el año 1983, los iraquíes usaron gas mostaza, y en marzo de 1984, utilizaron ‘tabun’, un agente nervioso utilizado por primera vez en una guerra. El corrupto régimen de Saddam Hussein continuó el uso de armas químicas hasta el final de la guerra en agosto de 1988 en una clara violación de los Protocolos de Ginebra de 1925 sobre el uso de armas químicas. También se utilizó el agente nervioso ‘sarín’.

En marzo de 1986, el entonces Secretario General de la ONU, Javier Pérez de Cuéllar anunció formalmente que Iraq había utilizado armas químicas contra Irán en el informe de cuatro expertos de guerra química enviados por la ONU a Irán en febrero y marzo de 1986. El informe concluyó que “las fuerzas iraquíes han utilizado armas químicas contra las fuerzas iraníes”; las armas utilizadas incluyeron tanto gas mostaza como gas nervioso. El informe señaló además que el “uso de armas químicas fue más extensivo entre 1981 y 1984″. Sin embargo, el régimen de Saddam Hussein inútilmente hizo esfuerzos para negar el informe; sin embargo, la afluencia de víctimas heridas de gravedad por los químicos que se dirigían a Europa para recibir tratamiento médico era algo que el régimen iraquí no podía negar tan fácilmente.
En 1984, Iraq se convirtió en el primer país en utilizar un agente nervioso en el campo de batalla. Alrededor de 5.500 iraníes murieron como resultado de la utilización del gas nervioso entre marzo de 1984 y marzo de 1985. El Tabun mata en cuestión de minutos. Además, más de 16.000 iraníes murieron por los blister tóxicos del gas mostaza entre agosto de 1983 y febrero de 1986.

A pesar de todas estas atrocidades inhumanas cometidas por un régimen golpista apoyado por los Estados Unidos, la República Islámica no hizo lo mismo para tomar represalias.
Por doloroso que sea, el gobierno de EE.UU. lanzó toda su inteligencia, apoyo financiero y militar detrás de un régimen que sabía que prosperó en el mal y el caos. En 1982, el gobierno de EE.UU. comenzó a suministrar al régimen vehículos de doble uso tales como camiones pesados, ambulancias armadas, así como materiales para la producción de armas químicas.
El entonces presidente de EE.UU., Ronald Reagan anunció que los EE.UU. “no podían darse el lujo de permitirle a Iraq perder la guerra con Irán”. A continuación, el director de la CIA, William Casey, encabezó personalmente el esfuerzo “para asegurar que Iraq tuviera las suficientes armas militares, municiones y vehículos para evitar la guerra Iraq-Irán. De conformidad con el secreto NSDD, los Estados Unidos apoyaron activamente el esfuerzo de la guerra de Iraq mediante el suministro a los iraquíes con miles de millones de dólares en créditos, proporcionándoles inteligencia militar y el asesoramiento directo de EE.UU. a los iraquíes,  y un estrecho seguimiento  a las ventas de armas desde terceros países a Iraq para asegurarse de que Iraq tuviera el armamento necesario. Los Estados Unidos también proporcionaron asesoramiento estratégico operacional a los iraquíes para utilizar mejor sus activos en combate. Por ejemplo, en 1986, el Presidente Reagan envió un mensaje secreto a Saddam Hussein diciéndole que Iraq debía intensificar su guerra aérea y el bombardeo de Irán. Este mensaje fue entregado por el vicepresidente George H.W. Bush, quien lo comunicó al presidente egipcio Mubarak, quien a su vez transmitió el mensaje a Saddam Hussein. Similar asesoramiento estratégico operacional militar se pasó a Saddam Hussein a través de diversas reuniones con los jefes de Europa y de Medio Oriente” (citado en la declaración jurada del ex funcionario de la Corte del Consejo de Seguridad Nacional, Howard Teicher, de fecha 31/01/95, en relación con el Iraqgate).
Bajo el estímulo y la dirección del gobierno de los EE.UU., ¿cuántas bombas cayeron sobre las ciudades iraníes, mientras  la gente dormía? ¿Cuántos jóvenes perdieron la vida en una guerra que se prolongó durante ocho años? ¿Cuántas mujeres quedaron viudas? ¿Cuántos niños quedaron huérfanos? ¿No hay una remisión a esta locura política?

El gobierno de EE.UU. está endeudado moral y económicamente con Irán. Lo que parece ser el curso adecuado de acción a ser tomado por el gobierno de EE.UU. es que Washington debe hacer constatar claramente a Irán que tiene buenas intenciones sobre la nación iraní y que está resuelto a compensar la agonía y los estragos que ha causado a Irán. En otras palabras, es Washington el que debe dar los primeros pasos para disipar las ambigüedades en cuanto a sus intenciones.
Parece que hay pocas esperanzas de que las próximas conversaciones den espléndidos frutos a menos de que los EE.UU. se apeen a su mula, de la obstinación, poniendo fin a su animosidad hacia la República Islámica, abandonando su cinismo enfermizo y reconozca que Irán no está llevando a cabo un programa de armas nucleares.
La fatwa del líder de la Revolución Islámica también puede servir como un faro de luz para Washington con el fin de encontrar el camino en medio de las tinieblas y la ignorancia.