sábado, 14 de abril de 2012

La Unión Europea o el multilaterialismo

La Unión Europea es un proyecto imperialista internacional, no tiene nada que ver con el hegemonismo regional (Venezuela o Argentina) o con un proyecto de emancipación nacional (Irán o Siria).

La Unión Europea está estrechamente ligado al imperialismo capitalista, encabezado por EE.UU. Si hoy hablamos de imperialismo, podemos afirmar, sin ninguna duda, que esta formulación extrema del capitalismo lo encarna EE.UU., como nunca antes ha sido encarnado. Todos las formulaciones anteriores del imperialismo capitalista (Gran Bretaña, Alemania o Francia) se ven empequeñecidas y engullidas por el capitalismo imperialista norteamericano. Es más, el concepto de imperialismo nace en EE.UU. y nace en un sentido positivo (es cuando el concepto empieza a ser revisado en Europa cuando empieza a ser criticado, primero por la socialdemocracia, Hobson y Kautsky, luego por el comunismo, Rosa Luxemburgo y Lenin).

Algunos sostienen que, después de EE.UU, la siguiente potencia que encabezaría el imperialismo capitalista sería China. Nosotros sostenemos, en cambio, desde un punto de vista histórico y marxista, que esa apreciación es incorrecta. En primer lugar, porque China, como formación nacional social e históricamente, nunca ha pretendido extender su hegemonía más allá del este del continente asiático. En segundo lugar, porque, desde un punto de vista marxista, China no personifica al capitalismo imperialista en el este de Asia, ese papel es reservado a Japón, que, desde su derrota en la II Guerra Mundial, es una potencia imperialista supeditada a EE.UU. (como lo son Gran Bretaña, Alemania y Francia).



La Unión Europea no representa el final del imperialismo, como , en cambio, lo representa China, pero representa el final del declive del bloque imperialista mundial, que encabeza EE.UU. y secundan Japón y los países de Europa occidental. Al levantar los imperialista europeos la confederación de países que componen la Unión Europea, hacían frente a diversos desafíos que, en resumidas cuentas, suponían adelantar un bloque regional para que pudiera competir, al menos en el papel, en igualdad de condiciones con EE.UU. y la URSS, pero siempre contando con el paraguas económico, político y militar de EE.UU. Era una fórmula de autonomía relativa, ventajosa para las ambiciones expansionistas de los imperialistas europeos. El acuerdo resultaba tan ventajoso para los imperialistas europeos (en tiempos de la Comunidad Económica Europea) que terminó siendo una lanza hiriente incrustada en el vientre del mamut soviético... El desplome de aquel mastodonte permitió el crecimiento de la Europa capitalista hacia el este y, consiguientemente, el refuerzo de las posiciones regionales de los imperialistas europeos (reunificación de Alemania, disolución de Yugoslavia, separación de Checoslovaquia).

El crecimiento exponencial de la Unión Europea supone el primer gran contratiempo para el imperialismo norteamericano. Sumado a las dificultades que le suponen el crecimiento de China o, ya en el siglo XXI, el refuerzo de Rusia (y su bloque regional de repúblicas ex-soviéticas) y la aparición de nuevos bloques regionales (América Latina, África, Medio Oriente).

La Unión Europea, a pesar de su incipiente movimiento constitucional, no puede liberarse, por sí misma, de EE.UU., entre otras cosas, porque su misma existencia y vida se lo debe a EE.UU., en una relación contradictoria que sella su destino junto al resto del bloque imperialista capitalista (encabezado por EE.UU.). El final de la atadura del resto del mundo hacia EE.UU. y su dólar sellará el final de la atadura de los países y pueblos de Europa hacia los imperialistas del "viejo" continente y el comienzo, todos confiamos, de la construcción de una verdadera confederación de pueblos y países universal.

Fuente: La Izquierda Real