martes, 8 de mayo de 2012

Después de Libia, ¿le toca a Venezuela?

Por Alfredo G. Pierrat


A poco más de seis meses de los comicios presidenciales del próximo 7 de octubre, Venezuela está sometida hoy a una intensa ofensiva mediática de sectores que no parecen confiar en la vía electoral para recuperar el poder.

En la medida en que se acerca la fecha de esa cita ante las urnas, la reelección del presidente, Hugo Chávez, parece cada día más segura, a tenor de lo que indican prácticamente todas las encuestas, con independencia de su color político, realizadas desde mediados del pasado año.
Paralelamente, la mayoría de los analistas coincide en que el candidato único de la oposición, Henrique Capriles Radonski, elegido en las elecciones primarias del 12 de febrero pasado, no levanta en las encuestas y tiene por delante la misión casi imposible de remontar la brecha que lo separa de Chávez en los sondeos.

Con ese telón de fondo, desde hace semanas se suceden una tras otras las "ollas" mediáticas promovidas por los medios privados de difusión, que en su mayoría responden -o forman parte de ellos- a los sectores oligarcas desplazados del poder desde 1999.

Esos sectores, estrechamente aliados a transnacionales estadounidenses y europeas y aupados por Washington, se aprovecharon durante décadas de las cuantiosas ganancias del petróleo venezolano, algo que no parecen estar dispuestos a perder.

"Analistas, intelectuales, políticos venezolanos y extranjeros, coinciden en afirmar que en Venezuela el imperialismo y sus lacayos despliegan una guerra de IV generación, en la que los medios de comunicación tienen un papel determinante", señala hoy un comentario publicado por el diario Correo del Orinoco.

"La oligarquía mediática, en nombre de la libertad de expresión, ha redoblado sus mentiras e infamias contra el presidente Hugo Chávez, las instituciones del Estado, y sus representantes; y promueve impunemente la discriminación racial, el odio y la violencia entre la población, agrega.

La campaña desatada sobre la supuesta contaminación del agua potable que consumen la población de Caracas y de otras importantes urbes, es un buen ejemplo de esa estrategia de la ultraderecha venezolana, en la que cada día queda más clara la participación estadounidense.

"Los laboratorios de guerra sucia están activados las 24 horas del día y una de sus estrategias es la guerra de rumores que los desestabilizadores han desatado, con el objeto de causar incertidumbre, intranquilidad y caos en la población", precisa un artículo de opinión publicado hoy por el diario Vea.

El fin de semana pasado circularon mensajes asegurando que Chávez había muerto, agrega el artículo, y señala que eso "solo puede ser generado por quienes odian al presidente o por quienes, sabiéndose incapaces de derrotarle por la vía electoral, recurren a acciones desestabilizadoras".

También califica de otra acción desestabilizadora "la conducta irresponsable, escandalosa, inmoral y traicionera" del exmagistrado Eladio Aponte, a quien la Asamblea Nacional despojó de su investidura por vínculos con el narcotráfico, y que huyó a Estados Unidos, desde donde hizo declaraciones contra Venezuela.

"El hecho constituye una acción dirigida a crear las condiciones para propiciar una intervención extranjera en nuestro país" señala el artículo, y añade que "los intereses actuantes pretenden crear la matriz internacional de que Venezuela es un narco Estado o un Estado forajido".

A juicio de Toby Valderrama, otro analista de la prensa capitalina, "la Revolución Bolivariana, el pueblo humilde de Venezuela, está bajo el fuego cruzado de una agresión psicológica de alta inteligencia".

"Es preparación de un brutal zarpazo que ya asoma con nitidez en el horizonte. Las señales son claras... la operación golpista sigue el guión imperial aplicado en Panamá, Iraq, Libia...", afirma.

Según Valderrama, entre los primeros pasos de la estrategia que se desarrolla está crear la ficción de que Venezuela es un Estado peligroso, para en una segunda fase preparar las condiciones para una invasión del país.

"Esta segunda fase tiene variantes, pero todas crean la imagen de ingobernabilidad, de atropello a sus hipócritas derechos humanos", dice Valderrama, y afirma que esa es "la situación que atravesamos, frente a este peligro estamos".

Al tema se han referido de manera creciente los principales líderes chavistas y el propio mandatario, mediante un contacto telefónico público durante un acto de masas en el estado de Miranda, llamó a la unidad para enfrentar "la campaña sucia de guerra psicológica que viene de filas adversarias y busca confundir y atemorizar al pueblo".

Otro analista, quien se identifica como Marciano en su habitual columna en la prensa local, estima que los sectores opuestos a Chávez "están dispuestos a echar el resto. Si es necesario que corra la sangre, no vacilarán en provocar la violencia".

"Su objetivo es impedir -precisa- que Chávez gane las elecciones de octubre, lo cual significa para ellos la consolidación, por la vía legal, constitucional y democrática, de la Revolución y la profundización de los cambios sociales y económicos".

Vivimos tiempos definitorios, señala por su parte Valderrama en su artículo, y agrega que "este pueblo, su dirigencia, decidirá como pasaremos a la historia".