domingo, 12 de agosto de 2012

En el 76º Aniversario del asesinato de Blas Infante

"La independencia como único camino de transformación" 

Nación Andaluza - Comisión Permanente
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Éste 10 de agosto conmemoramos el 76º aniversario del asesinato de Blas Infante por el españolismo fascista. Al Padre de la Patria Andaluza lo mataron por su coherencia nacionalista y revolucionaria. Por su defensa inquebrantable de nuestro país, el Pueblo Trabajador Andaluz y la clase obrera. Uno de los últimos actos en que participó fue la presentación pública del Himno Nacional. Su testamento político. En él transcribió su alternativa para transformar nuestra realidad. Ese: “Andaluces levantaos, pedid tierra y libertad”, propugna una insurrección popular por la tierra, sinónimo de la patria, de sus riquezas y los medios de vida, así como por la libertad colectiva, sinónimo de la plena recuperación de la soberanía, de la independencia. En esta frase resumía la tarea que necesariamente tendremos que cumplimentar para volver a ser un país y un pueblo libres, objetivos por los que vivió y dio su vida la noche del 10 al 11 de agosto de 1936.
Hoy, setenta y seis años después, Andalucía continúa siendo una nación negada y los andaluces un pueblo trabajador carente de derechos colectivos. Permanecemos, en lo esencial, en idénticas situación de dependencia política, carencias sociales y expolio económico. Desde la desaparición del Dictador y la traición a los intereses nacionales y populares de la “transición”, se nos mantiene bajo un régimen político-administrativo cuyo “marco constitucional” no reconoce ni permite el reconocimiento de nuestro país ni de nuestro pueblo y, menos aún, sus derechos a detentar y ejercer su soberanía. El supuesto Estado de las autonomías no es más que una descentralización estatal de la gestión de nuestra dependencia. Toda nación y todo pueblo poseen, por el hecho de serlo, el derecho a detentar y ejercer su libertad, al autogobierno. A este derecho se le denomina soberanía. Una nación y un pueblo al que se le niega su soberanía carecen de libertad. Son naciones ocupadas y pueblos oprimidos. Y allí donde una nación o un pueblo no son reconocidos ellos mismos o su derecho a la posesión y el libre ejercicio de la soberanía que le corresponde como tales naciones y pueblos, la primera tarea que se impone, la primera fase revolucionaria, es combatir por su recuperación. En un contexto de ocupación nacional y presión popular, batallar por la tierra y la libertad es una prioridad incuestionable. Por tanto, el mensaje de Blas Infante posee hoy plena vigencia. La lucha por la tierra y la libertad continúan siendo una necesidad ineludible.
Pero la lucha soberanista, por la independencia nacional y popular andaluza, no es sólo una cuestión de principios, un batallar por derechos colectivos fundamentales. Es también la única vía para lograr la transformación de la realidad andaluza y la de sus clases populares. Si alguna virtualidad tiene esta crisis-estafa a la que nos somete el sistema capitalista, esa es la de comprobar día a día, en todos los órdenes de nuestra existencia, como andaluces y como trabajadores, las consecuencias que conllevan el que el Pueblo Trabajador Andaluz no sea el dueño de su tierra ni de su libertad. Hoy, como hace setenta y seis años, Andalucía no es libre. El Pueblo Trabajador Andaluz carece de soberanía política para decidir, por sí mismo y en exclusividad, todo aquello que le afecta y le compete sobre sí mismos y su propio territorio. Éste es el origen de que estemos indefensos y al arbitrio de lo que decidan otros por nosotros y en nuestro nombre, en Madrid, Bruselas o Washington. Esa es la razón de que nuestra tierra y las riquezas que contiene nuestra nación: agrícolas, mineras, pesqueras, etc., así como los medios para extraerlas, manufacturarlas y distribuirlas, tampoco estén en nuestras manos. Ese es igualmente el porqué de que carezcamos del más mínimo control sobre nuestra economía e incluso sobre los beneficios de nuestro propio trabajo. Más aún, la inexistencia de soberanía nacional nos imposibilita la construcción de un poder popular capaz de cambiar en profundidad la situación política, laboral, financiera o social. Hace que carezcamos tan siquiera capacidad efectiva de oposición sobre lo que acontece. De ahí que la lucha soberanista, por nuestra tierra y libertad, constituya la primera fase de la revolución andaluza. Sin soberanía política no podrá haber revolución social. Por ello, la izquierda andaluza o es soberanista o no es una izquierda revolucionaria.
La crisis-estafa provocada por la rapiña del capitalismo especulativo internacional, está colocando al Pueblo Trabajador Andaluz en una situación límite. Y no es casual, sino causal, el que la misma se cebe tan especialmente sobre Andalucía. Que en todos los índices de bienestar social y de pujanza económica estemos situados en los últimos lugares del ranking es la consecuencia inducida y estructural del papel que el Capital nos ha impuesto, dentro de la distribución de cometidos adjudicados al conjunto de los distintos países y pueblos obligados a formar parte de este latifundio de explotación intensiva llamado Estado Español. La dependencia andaluza es la herramienta de la que se sirve el Sistema para perpetuar el expolio económico y la explotación social. Somos un pueblo negado y ocupado para poder ser un pueblo sometido. La ocupación es el medio para facilitar el expolio y la explotación, y el expolio y la explotación son la razón de ser de la ocupación. Por eso no hay liberación social sin liberación nacional, y viceversa. La independencia política, o lo es también económica y de clase o será perpetuación de la dependencia. No habrá Andalucía libre sin socialismo o socialismo sin Andalucía libre. El nacionalismo andaluz o es revolucionario o es otro regionalismo.
Ahora más que nunca, cuando las garras del capitalismo asfixian inmisericordemente a nuestro pueblo, el aunar fuerzas y esfuerzos para hacer realidad ese llamamiento de liberación nacional y social que el Padre de la Patria Andaluza nos dejó plasmado en nuestro Himno Nacional resulta un deber prioritario para los individuos y colectivos de la izquierda soberanista andaluza. Y la primera labor a la que nos enfrentamos es a la de concienciar e involucrar a las clases populares, y en particular a la obrera, en este combate. La liberación de Andalucía o es obra del propio pueblo trabajador andaluz o no será. En este sentido se encamina la decisión de las fuerzas agrupadas en la Mesa Andaluza de la Izquierda Soberanista acerca de la constitución de un frente unitario que unifique y organice la activación del levantamiento popular por la tierra y la libertad preconizado por Blas Infante. La larga marcha hacia la liberación ha comenzado.
¡Por la independencia y el socialismo!