jueves, 23 de agosto de 2012

La balcanización del conflicto sirio

La imposibilidad de lograr una victoria decisiva por las dos partes condena el conflicto a su prolongación y languidecimiento

Aunque el imperialismo occidental (EE.UU. y la UE), a pesar de todo, no sé de por vencido, parece muy poco probable que, finalmente, consiga su sueño macabro de reeditar el escenario libio en Siria. 

Hace ahora un año que los imperialistas de Estados Unidos y la Zona Euro, de las multinacionales del petróleo y los dueños mundiales del dinero, lanzaron la "batalla decisiva" sobre la capital de Libia para doblegar, finalmente, la resistencia de la Jamahiriya verde libia y de la unidad popular, socialista y multicultural de los libios, respetuosa con la tradición árabe, bereber e islámica de los pueblos del Magreb, que había elevado la calidad de vida del pueblo libio al primer nivel en el desarrollo humano de África, que había concedido la igualdad a las mujeres con respecto a los hombres, y la dignidad a todos los libios para beneficiarse de las riquezas que contenía su tierra y que sólo les pertenecían (y les pertenecen) a ellos.

Esa batalla decisiva se libró, como decimos, en la capital de Libia, Trípoli. Fueron dos semanas de un intenso bombardeo, primero desde el aire, a través de la aviación de la OTAN que nunca respetó la zona de exclusión aérea, sino que la aprovechó para imponer un dominio total del cielo a partir del cual apoyar las acciones terrestres en contra del pueblo y la Jamahiriya libia. Luego, del bombardeo se encargaron los navíos de guerra de la OTAN que se colocaron en la costa, para apoyar el desembarco de las fuerzas militares de élite occidentales que, junto con los Blackwater, participaron en las batallas decisivas (1). 

La propaganda vergonzosa de los nihilistas en Rebelión, Público, etc., quiere decir que la "batalla decisiva" se había producido antes, en los Montes Nafusa. No, la imposibilidad de lograr el control de los Montes Nafusa por las fuerzas de la Jamahiriya fue un factor clave para la derrota en Trípoli, pero no fueron los Montes Nafusa (situados al sur de Trípoli) la clave militar de todo el conflicto. El deterioro de la situación hacia el interior del país, la imposibilidad por parte de las fuerzas de la Jamahiriya de consolidar los avances hacia el este, añadidos a la pérdida de control sobre los Montes Nafusa, fue lo que hizo cada vez más difícil a las fuerzas leales libias a la Jamahiriya asegurar su posesión de Trípoli. 

La primera ofensiva sobre Trípoli de la OTAN fue repelida por las fuerzas de la Jamahiriya, es entonces cuando se recurrió a lanzar imágenes por TV de la "liberación" de la Plaza Verde. Pero esas imágenes entraban en contradicción con otras noticias de concentraciones en la misma Plaza Verde de apoyo a la Jamahiriya, en las que Saif Al-Islam se dirigía a la multitud (2).

En la segunda ofensiva sobre Trípoli, el escenario informativo en la capital cambio completamente (3). Las calles se vaciaron de gente, empezaron a aparecer cortes de carretera, los insurgentes llegaron hasta los hoteles donde estaban los periodistas y los impidieron salir... La Jamahiriya estaba perdiendo el control de la capital y se disponía a seguir con la guerra en el desierto. Cambiaron las tornas, y los que cercaban la ciudad pasaron a estar cercados.

La situación en Trípoli distaba mucho de estar controlada por los “rebeldes” y, prueba de ello, tardaron más de un mes en trasladar la administración títere del CNT de Benghazi a Trípoli.

El secuestro y asesinato de Muammar Gadhafi y de su hijo Mutassin es una prueba de que no tenían la situación bajo control. El secuestro de Saif al-Islam Gadhafi es una prueba de que la siguen sin tener… Por eso, Saif al-Islam pide ser enjuiciado en la Corte Penal Internacional porque, contando con todo los precedentes que ha habido en torno a su padre y su hermano, contando con la propia situación de vulnerabilidad que padece y los delitos cometidos contra los abogados que iban a defenderlo, y contando con la situación de injusticia y criminalidad organizada que hay en Libia, es seguro que en Libia no tendría un juicio justo en ningún caso, sino un proceso de linchamiento y escarmiento público.

Un mes después del “Volcán sobre Damasco”, y diecisiete meses después de que comenzaran las protestas en Siria, el Gobierno sirio no ha desertado, el Ejército sirio no se ha hundido (4), los “rebeldes” (en realidad, terroristas internacionales) no han logrado ocupar el país ni consolidar ningún tipo de “administración” que no se asiente en el terror de las bandas organizadas.

Los países beligerantes en el conflicto sirio siguen reuniéndose al margen de la ONU para tratar de coordinar esfuerzos en el apoyo a los insurgentes, siguen lanzando llamamientos intimidatorios y amenazadores de cara a la comunidad internacional, siguen interfiriendo en las comunicaciones de Siria, siguen obstaculizando cualquier solución dialogada al conflicto, siguen dificultando cualquier colaboración de otros países para solucionar el conflicto, siguen bloqueando económicamente al país y castigando a sus organismos e instituciones, siguen intentado que la salida al conflicto sea dramática y pase por más derramamiento de sangre, más violencia y más destrucción… Cuentan con un bloque “oficial” que agrupa a Europa Occidental y Norteamérica, además de los países árabes que se han posicionado a favor de las “primaveras [negras] árabes, y de todos aquellos países en el resto del mundo que, por temor o por conveniencia, no pueden decir que No a sus exigencias.

Desechado el elemento táctico de la guerra de la información que, en realidad, a pesar de que, hoy en día, casi todo es información, no puede suponer un gran avance sobre el terreno dado que, más o menos temprano, se acaba conociendo la verdad, y ya hay otros centros mediáticos que contrarrestan la información de los grandes medios occidentales y árabes, sólo queda esperar un “gran acontecimiento” que cambie radicalmente la correlación de fuerzas en el conflicto, o un languidecimiento del mismo que haga que se gane o se pierda por su dilatación, un gesto, un evento, algo que permita a uno u otro bando sacar ventaja.

Es en este contexto donde hay que situar la referencia del presidente de EE.UU. Barack Obama a las “armas de destrucción masiva” nucleares-biológicas-químicas (5), viejo cuento del imperialismo en Oriente Medio… Y al que hace un mes, cuando salió, ya respondió el ministro de exteriores sirio diciendo que quien se oponía al control y reducción de este armamento en Oriente Medio era, precisamente, EE.UU (6).

Como telón de fondo pesan las amenazas norteamericanas e israelíes contra Irán, y el anuncio oficioso de este país de que ya estaba preparado para esta guerra.

En todo este conflicto a escala regional –y que amenaza con convertirse en un conflicto mundial– por las concomitancias de las alianzas regionales establecidas, la ONU es colocada en un segundo plano. Anulado su Consejo de Seguridad para poder tomar ninguna decisión solvente, queda su papel en la supervisión del orden internacional, en el respeto de los derechos humanos y del derecho humanitario, y en el enjuiciamiento y valoración de la situación humanitaria creada, poniendo los medios para cubrirla y disponiendo las sanciones que correspondan para aquellos que la empeoren.

La ONU, como hemos visto en reiteradas ocasiones, puede ser un medio para traer la paz, o un medio para que esa paz tarde más en llegar. Las potencias imperialistas situadas en puestos claves de esa organización actúan, en correspondencia con sus intereses, para que la paz tarde todo lo posible en llegar y para que, si llega, sea a un precio tan elevado que casi no pueda ser percibida por los pueblos a los que llegue. Y, cuando hablamos de paz, no ha de perderse de vista que hablamos de una paz justa, es decir, de una paz con justicia social, con respeto a la soberanía nacional, a la voluntad popular, a la capacidad de los pueblos para construir sus países y decidir su futuro. Es decir, de una paz acogida tanto en la letra como en el espíritu al impulso inicial que dio origen a la Organización de las Naciones Unidas.  

No es esta, sin embargo, la paz, como decimos, que estén dispuestas a garantizar las potencias imperialistas. Más bien, en sus cálculos está continuar con la guerra en Oriente Medio, ya sea de forma masiva y con grandes operaciones militares, ya sea de forma más selectiva y recurriendo al terrorismo, las operaciones encubiertas y la utilización de grupos de mercenarios, asociados a elementos regionales dispuestos a ganar a cualquier precio.

Existe una extraña unanimidad en los medios de comunicación “occidentales” en no asociar el clima mundial de pre-guerra con la crisis internacional del modelo económico imperante. Pero la asociación es muy clara y, de una u otra forma, los gestores políticos se lo harán ver a sus audiencias y presumibles votantes. Esta vez, lo que toca en Occidente es ir a la guerra para “salir de la crisis”, ir a la guerra para olvidarse de que “estamos en crisis”, o ir a la guerra como una oportunidad para “hacer algo con la crisis”.

A estas guerras regionales, fundamentalmente, hemos llegado por la dependencia del capitalismo imperialista del petróleo. Y los países contra los que ese imperialismo ha atacado han sido, precisamente, países que querían deshacerse de su dependencia de Occidente. Irak, Libia, antes lo había logrado Irán (y la sometieron a una guerra regional con Irak). De la liberación de ese sistema instituido del capitalismo monopolista en su fase imperialista depende que se liberen los países de Oriente Medio del yugo de los países agresores y que nos liberemos todos los pueblos de las amenazas y opresión del imperialismo internacional.

Por eso, en sintonía con todos los manifiestos de esta Plataforma, atrevámonos a decir, ¡abajo la Casa de los Saud!, ¡abajo las Casas Reales y las Monarquías!, ¡libertad para los pueblos ya!, ¡justicia e igualdad para todos los pueblos del mundo!, ¡punto final a la hegemonía del dólar, y nacionalización de todos los recursos naturales y de todas las empresas de hidrocarburos, de la banca, de la ciencia, de la tecnología y del saber! Por un mundo sin sátrapas, sin ladrones o ladronas corporativ@s, sin reyes o reinas ni reyezuel@s, sin traficantes de drogas, y sin falsificadores o falsificadoras ni embuster@s profesionales. Por un mundo libre, donde reine la paz, la democracia y la justicia social.

Una utopía, quizás, pero un sueño por el que vale la pena luchar.


No a la Guerra Imperialista (23-08-2012)


(1) Aunque no se las considere al mismo nivel en cuanto a profesionalidad y preparación, el apoyo de los ejércitos militares árabes de Egipto, Jordania, Catar y de los Emiratos Árabes Unidos también hay que señalarlos en su colaboración fundamental en la guerra de conquista de Libia. Las fuerzas militares cataríes, por ejemplo, desempeñaron labores de policía desde los inicios en Benghazi, y sus pabellones se vieron en las zonas conquistadas por los rebeldes. En cuanto a la participación del Ejército de los Emiratos Árabes, tras la batalla de Trípoli se informó de la captura de alguno de sus oficiales por el Ejército leal de la Jamahiriya (“La TV Al Rai desmiente la muerte de Jamis y dice que su unidad ha capturado a un alto mando de los emiratos”). Por lo que respecta a la participación de los ejércitos árabes de Egipto y Jordania, no se conoció hasta después de que se retiraran (“La guerra de Libia pudo haber terminado mal para la OTAN”). Como diversos analistas y expertos militares apuntaron, entre ellos Walter Martínez, el grueso del ejercito “rebelde” no estaba preparado para las batallas decisivas, que se reservaron a militares profesionales de las fuerzas de élite occidentales.



(4) El Ejército sirio ha seguido armándose durante los 17 meses de conflicto y ha realizado varias maniobras de entrenamiento en los últimos meses.