jueves, 9 de agosto de 2012

Sobre "Ocupa el Congreso" el 25 de Septiembre:

El Aventurerismo Político al Servicio del Poder

Por Graco Pérez (O ELLOS O NOSOTROS / Ribat Al-Andalus)


Hay gente que parece no saber que, cuando se hace una propuesta, es el que la hace quien tiene la obligación de defenderla, y que el resto no tiene obligación de darla por buena sin más, y tiene el derecho de criticarla. Los anónimos convocantes de la pretendida ocupación del Congreso el 25 de septiembre, se sienten molestos por las críticas y, no siendo capaces de responder, desatan la histeria paranoica: quien les critica es un agente del gobierno y cosas parecidas. Lo lógico, lo que imponen las reglas de la razón, es que, primero, demostraran que esas críticas son falsas e infundadas y que, por tanto, sus críticos son reaccionarios, y, con datos en la mano, demostrar que son tal y cual. No lo hacen. No viendo manera de demostrar que las críticas son falsas, se ponen a vociferar lanzando acusaciones a las personas sin basarlas en ningún hecho conocido -o, para le caso, desconocido-. No atacan los argumentos. Ese paso se le saltan. Recurren al estilo demagógico y verdulario propio de las discusiones entre el público de la telebasura. Así, pretenden acallar las críticas. Pura demagogia.
Ese recurso a la histeria paranoica contra las críticas que son incapaces de refutar, no es el único rasgo. Hay un segundo rasgo. La convocatoria es anónima. Nadie sabe quién convoca. Simplemente, elaboraron un manifiesto (del que trataremos más abajo) lleno de demagogia, al que cualquiera sin mucha cultura política se podía adherir -y abunda la gente así, tras décadas de despolitización y de descuido en la formación de sus militantes por parte de las formaciones de izquierda- e incitaron a esas otras personas a que lo propagaran “viralmente” por medios “virtuales”. Siendo anónimo, uno puede preguntarse: ¿Por qué no dan la cara ante los que convocan? ¿Por qué no defienden su propuesta? ¿Qué pretenden ocultar?
Si la convocatoria es anónima, si no se sabe quién está detrás, si se empeñan en que no se sepa, no hay que ser un “conspiranoico” para llegar a la conclusión de que hay algo oculto detrás, porque son simplemente los hechos. Y cada uno es libre de pensar lo que mejor prefiera, ante semejante empeño por no desvelar quién convoca. Es decir: los responsables de las elucubraciones, son ellos, los que se ocultan, porque no están jugando limpio.
Cuando se les critica su ocultismo, el no querer desvelar quién convoca, salen con una vana excusa: que es que por convocar por Internet puede conllevar hasta dos años de cárcel. ¡Ah, mira tú! Pues... ¿no están convocando ya, solo que anónimamente? ¿De verdad quieren que nos creamos que son tan ingenuos como para que pensemos que ellos no saben, como lo sabe todo el mundo, que, ante un proceso judicial, ese anonimato sería desvelado por una orden judicial ante Facebook? Y además: ¿por qué si pueden convocar por Internet, arriesgándose a esos hasta dos años de cárcel, toda esa gente que, de buena fé, está propagando su convocatoria? ¿Ellos si pueden ir a la cárcel, y los que han lanzado la iniciativa, no? ¿No es esto hipocresía?
Y esta hipocresía va mucho más lejos que eso. Ellos, por tanto, no se arriesgan, no quieren correr riesgos, temen ser acusados ante un juez con una petición de pena que puede llegar hasta los dos años, nada más y nada menos. Pero están llamando a la gente a ocupar el Congreso, así se llama su iniciativa: “Ocupa el Congreso”. Y todo el mundo sabe lo que ocurre cuando una manifestación trata de aproximarse al Congreso: las palizas y las pelotas de goma por parte de la policía están garantizados. Hará detenidos, a los que pueden acusar ante el juez, con peticiones de pena más altas que esos dos años. Y si de verdad tratan de ocupar el Congreso, puede ocurrir algo mucho más grave. ¿Llaman a la gente a afrontar palizas, pelotazos de goma, ir a la cárcel e incluso si la cosa se desmanda -esperemos que no llegue a tanto la insensatez- puede haber muertos , y ellos, acobardados, dicen que no dan la cara porque les pueden meter en la cárcel hasta dos años? Esto ya no es sólo ser hipócrita: es ser un canalla y un cobarde.
Y además del ocultismo respecto a los convocantes, la histeria paranoica y demagógica contra los críticos al estilo de las “marujas” que se tiran de los pelos en los programas de telebasura y la hipocresía y cobardía hasta lo canallesco de los convocantes, tenemos aquí otra característica, la cuarta: el carácter aventurero de la convocatoria. Lo explica bien Pedro Alberto García Bilbao, de la Federación Republicanos, en su artículo Preguntas necesarias sobre la propuesta del 25S y la toma / ocupación del congreso. Y algo más[ 1 ]. Aquí no hay plan ni puede haberlo, puesto que se llama a aacudir a gente sin organización. Se plantea una acción de tal calibre, sabiendo lo que ocurre cuando se trata de llegar al Congreso, y desde luego lo que puede ocurrir si se trata de “ocuparlo”, sin organización, sin planes, presentándose con una “hoja de reclamaciones” pero no sabiendo qué hacer con ella una vez allí. Toda una aventura. Esto es puro aventurerismo, una locura, una insensatez. Sólo una panda de iluminados, o de gente con oscuras intenciones, puede lanzar una propuesta así.
Veamos ahora el llamado manifiesto[ 2 ], la hoja de reclamaciones que pretenden presentar al Zar en su buscada repetición del Domingo Sangriento[ 3 ]. ¿Qué presentan? Por un lado, se trata de unas cuantas reivindicaciones sueltas de las que todo el mundo apoyaría: reforma de la ley electoral, auditoría de la deuda pública, derogación de los recortes... Medidas que todo el mundo defiende y que, por tanto, no significan nada. Son medidas recogidas al azar, no cambiaría el carácter del manifiesto si quitas una y pones otra, puede hacerse fácilmente el experimento mental. Son medidas que no se insertan en ningún proyecto de transformación social ni político, sino aisladas. ¿Para qué hacer tal? ¿Qué consecuencias conlleva el hacer cual, o el dejar de hacer esto de más allá? ¿A qué conduce todo esto, si es que conduce a alguna parte? Son propuestas cogidas a voleo, simplemente porque suenan bien, simplemente pensadas para atraer a la gente. No están situadas en ningún contexto. Su única finalidad es atraer a la gente a la convocatoria. Esto es adular a “las masas”, es decirle a la gente lo que quiere oír para atraerla y llevársela detrás como un nuevo flautista de Hamelin.
Por explicarlo con una analogía: son como un fotograma cogido de una película. Tiras la película y te quedas sólo con el bonito fotograma, muy atractivo, que a todo el mundo le gusta. Y con él atraes a la gente, haciéndoles creer que vana ver una película. Y ciertamente la verán, todo se inscribe en algún proceso social, no existe nada en el vacío. Pero se nos oculta la película. No nos dejan saber cuál es. Sólo nos muestran un fotograma. Así, cualquiera tenderá a imaginarse que, la película que va a ver, es su favorita según los prejuicios y preferencias de cada cual. Exactamente, esto es la demagogia política: sacar una reivindicación aparentemente muy bonita, que todo el mundo respalda, y descontextualizarla, para encubrir vete a saber qué, para que cada uno la haga suya imaginando que está haciendo aquéllo que le gustaría hacer, pero en realidad sólo los de las sombras saben de qué película se trata. Es la demagogia para pastorear al personal manipulando su ira y sus emociones y, con el truco de aislar el fotograma, de no permitirles conocer la película, privarla del uso de la razón crítica.
Por oro lado, hay dos característica más, además del carácter demagógico del manifiesto.
Primero, el objeto contra el que se carga. Se carga contra el Congreso, contra “los políticos”. Los políticos como causa de los males. Se cogen unas cabezas de turco que se arrojan a las masas para que desvíen hacia ellos su ira. Se manipulan de nuevo sus emociones, su cabreo, para sacarles a la calle. Los demagogos siempre apelan a lo instintivo, a lo emocional, y huyen como de la peste de la razón y de la crítica.
Segundo, al hacer lo anterior, se oculta la verdadera naturaleza de la crisis, que es una crisis del capitalismo, originada por el inevitable funcionamiento del capitalismo. Se oculta el hecho de que, en cualquier Estado capitalista, y por muy democrático que sea, el Estado no es sino la dictadura de clase de la burguesía, entendiendo por dictadura el que su poder es omnímodo y total. No es de ahora, es desde que existe el capitalismo que es así. Nos dicen que hay corruptos, pero nos ocultan que hay corruptores. Que es el propio capitalismo y el carácter de clase del Estado el que origina la corrupción, el que no deja haber otro tipo de políticos más que como son “los políticos” contra los que se carga. Sin embargo, los aventureros que, ocultándose cobardemente, llaman a la gente a acudir a un nuevo Domingo Sangriento, ocultan todo esto.
Cogen falsos hombres de paja a los que apalear, nos dicen que son los culpables, y por tanto nos están diciendo que “otro capitalismo es posible”. ¡Vaya unos supuestos revolucionarios, que se dedican a reforzar los prejuicios burgueses de la población, a acrecentar la predominancia de la ideología burguesa y a cerrar el paso al avance de la ideología revolucionaria!
En una sociedad capitalista, la democracia sólo puede ser como la conocemos. Si uno quiere capitalismo y no quiere esta democracia, está abriendo el paso a la única alternativa posible de forma política bajo el capitalismo: la dictadura. Si se quiere una verdadera democracia, no es contra la democracia contra lo que hay que cargar, sino contra el capitalismo y contra el hecho de que la burguesía sea la clase dominante de la sociedad, porque es el capitalismo el que deforma grotescamente la democraca, la pervierte y la prostituye. Decir otra cosa, como hacen los cobardes convocantes del 25S, es mentir, además de defender a ultranza al capitalismo a costa de la democracia. No es casualidad que se cargue contra el Congreso, precisamente.
A la vez, se pasan por el forro la división de la sociedad en clases. Pretenden que vayamos de la manita obreros y patrones, policías y apaleados, burguesitos cabreados y desarrapados. Esto es el ciudadanismo. Según ellos, nuestros intereses son los mismos que los de eso empresarios que
Si. Todo esto es el populismo. Tenemos demagogia y populismo, es decir: la demagogia populista. Y la demagogia populista es la ideología sobre la que crece el fascismo, todo esto de cargar contra la corrupta democracia burguesa, contra “los políticos”, de decirse anticapitalista porque clama contra los banqueros, como si el capitalismo empezara y acabara en los banqueros. Sí, exactamente todo esto, y con las mismas palabras, dice la extrema derecha, dicen nazis, dicen falangistas. No voy a ayudar a la extrema derecha a hacer su propaganda, pero parece necesario poner algo que lo pruebe. En este enlace se puede comprobar cómo la demagogia populista de los ciudadanistas estos coincide en toda su expresión con la de los fascistas, salvo porque el hecho de que aquí, hablando en tanto que fascistas, no ocultan que lo son. Se trata de la organización falangista “Defensa Social” (ver aquí)http://www.defensasocial.es/manifiesto, pero cualquier otra página fascista nos llevaría a la misma conclusión, solo que no voy a hacer propaganda de esta gente. Con una muestra, vale.
No es de extrañar, pues, que desde que empezó el ciudadanismo interclasista el 15 de mayo de 2011, la extrema derecha esté pletórica de entusiasmo, haya salido de sus cloacas y ahora tenga una arena pública en la que medrar y avanzar. De hecho, por ejemplo, los nazis de Nuevo Orden también convocan al evento del 25 de septiembre, como puede comprobarse en este enlace:http://www.nuevoorden.es/2012/25-s-ocupa-el-congreso/ .
Todo este movimiento demagógico populista del ciudadanismo interclasista, vemos que no ha conseguido nada, salvo en lo negativo. Ninguna reivindicación ha avanzado. No se ha avanzado organizativamente. Pero en lo ideológico, se ha propagado la ideología demagógico-populista del linchamiento al político y del “otro capitalismo es posible”, sometiendo aún más fuertemente a la gente bajo la férula de la ideología burguesa y cerrando el paso a la ideologá revolucionaria de la clase obrera. Y lo que es aún peor, esa misma demagogia populista que es el caldo de cultivo del fascismo, y a la vez se le ha proporcionado espacio público a las organizaciones fascistas para que sean escuchadas, con esa demagogia compartida con unos y con otros, se ha empujado a la gente a escuchar a los fascistas. Estos son sus logros.
Y tiene otro aspecto, este manifiesto. Porque si ideológicamente es el refuerzo del predominio de la ideología burguesa y la proliferación de la demagogia populista prefascista, en lo concreto proponen lisa y llanamente dar un golpe de Estado. Pero es obvio que un grupo de gente desorganizada no puede dar un golpe de Estado. Así que esto es sólo apariencia. Están llamando a un nuevo Domingo Sangriento. Y, ¿qué objeto puede tener esto? Pensemos en la circunstancia en la que nos encontramos, con una crisis económica que ya se transforma en social y que nos arrastra hacia el precipicio, y, ante la falta de apoyo al gobierno del PP y una oposición que no remonta, estamos a las puertas de una crisis política. Y el poder, el poder capitalista, necesitará actuar con mano de hierro, necesita instaurar una dictadura abierta. Pero, para hacerlo, necesita un suceso, algo que ocurra, impactante, que justifique ante los pueblos de España y del mundo este verdadero golpe de Estado (no la aventura simulada, sangrienta -de serlo- para los convocados y no para los cobardes convocantes del 25S). Al igual que Roosevelt necesitó del ataque japonés a Pearl Harbour para convencer al pueblo norteamericano de la necesidad inevitable de la entrada de su país en la Segunda Guerra Mundial, aquí se necesita aplicar la “estrategia del choque” para lograr lo mismo.
Por eso, para evitar todo esto, es por lo que debe boicotearse activamente la convocatoria del 25 de septiembre, denunciándola por lo que es en todas partes.
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NOTAS
[ 3 ] Domingo Sangriento: el cura Gapón, trabajando para la policía secreta zarista, convenció a los obreros de San Petesburgo para que acudieran en manifestación pacífica a presentar al zar de Rusia su “hoja de reclamaciones”. El 9 de enero de 1905 una multitud de 200.000 obreros y sus familias se presentaron a las puertas del Palacio de Invierno. Las tropas que custodiaban el Palacio abrieron fuego matando a 200 obreros, mujeres y niños incluidos, y hiriendo a 800. La represión consiguiente devastó las organizaciones obreras y revolucionarias en San Petesburgo.