martes, 7 de agosto de 2012

Una nueva secta de "asesinos" para luchar contra el progreso, la libertad y la paz entre los pueblos

La vieja secta islámica de los "asesinos" nace en plena Edad Media, y durante las Cruzadas de la nobleza europea en Oriente Medio, supuestamente para recuperar los Santos Lugares del Cristianismo, en realidad para controlar las rutas comerciales entre Oriente y Occidente.

En aquella época, el mundo musulmán también estaba dividido entre sunnies y chiies, los chiies dominaban un gran territorio al oeste de Palestina, Egipto. La dinastía chiita de Egipto, los Fatimies, se habían paulatinamente debilitado, hasta el punto de que el Islam chii perdió su dominio de Egipto en beneficio de los sunnitas. Para contrarrestar la decadencia del chiismo, un seguidor de esta rama radicalizó sus posturas y organizó una secta aparte, retirándose con sus seguidores a las montañas septentrionales de Irán, donde conquistaron la fortaleza de Alamut, que pasará a ser su principal bastión.

Desde allí, este renegado del Islam fraguará su venganza contra todos aquellos que, a su ojos, habían hecho fracasar la causa del chiismo y, dentro del chiismo, y de su particular visión del Islam. Se le empezará a conocer como el Viejo de la Montaña, y organizará una legión de asesinos profesionales que se infiltrarán en la sociedad y el Estado musulmán para apoderarse de los resortes del poder, castigando a todos aquellos que se les opongan.

Su nombre de "asesinos" procede del nombre despectivo que se les daba en el mundo musulmán, conocidos como "Hashshasins" porque para cometer sus crímenes se drogaban con Hashish (hachis), de donde proviene el nombre castellano de "asesino".

Sus enfrentamientos eran más intensos si cabe con el resto de los musulmanes que con los propios Cruzados, por lo que, al final, acabaron participando en las batallas entre árabes y Cruzados del lado de estos últimos.

La suerte de los "asesinos" está ligada a la historia general del mundo árabe y musulmán, y serán erradicados con la llegada a Oriente Medio de nuevos pueblos invasores desde el este. 


Una nueva secta de "asesinos" profesionales en nombre del Islam nació en la década de 1980, cuando la resistencia islámica afgana empezó a reclutar combatientes en el mundo musulmán, con ayuda de EE.UU. De esta forma, se organizó una empresa internacional paramilitar para sostener el esfuerzo guerrillero en Afganistán que gestionaba la financiación, la contratación de mercenarios y el patrocinio de la red paramilitar en todo el mundo.

En este esfuerzo empezaron a destacar los aportes económicos y humanos de los saudíes, que entraron a formar parte de la cúpula directiva de la organización paramilitar que actuaba entre Afganistán y Paquistán, y que tenía ramificaciones en casi todo el mundo musulmán.

El ideal de la "revolución musulmana" empezó a sustituir al idealismo panarabista, laicista y socialista, y la modernidad empezó a verse como un sospechoso agente de la injerencia Occidental. La interpretación más sectaria y dogmática del Islam gano adeptos entre quienes participaban en la "guerra santa afgana", y se fue extendiendo progresivamente por todo el mundo árabe y musulmán.

Mientras, EE.UU. utilizaba en provecho propio esta red paramilitar islamista, reforzando su alianza con Arabia Saudí y el resto de Monarquías del Golfo Pérsico, y aislando a los elementos progresistas y laicistas del mundo árabe.

Con el derrumbe del campo socialista, EE.UU. reutilizó esta red para destruir Yugoslavia, y sembrar la guerra y las querellas territoriales en las ex-repúblicas soviéticas.

Por último, a partir de 2001, la red fue nuevamente activada para generar un estado de pánico internacional, restringir libertades, y extender la injerencia y la guerra en los países árabes.

Una nueva secta de asesinos profesionales, basada en el integrismo musulmán, se ha creado, una secta instrumentalizada y manejada a conveniencia por Occidente, y que tampoco duda en ponerse al servicio de Occidente cuando coincide con él en los objetivos tácticos y estratégicos.

Si la antigua secta de los “asesinos” infundía pánico y terror por sus atentados indiscriminados y a plena luz del día, la nueva secta de asesinos integristas emplea los más sofisticados medios de destrucción, gracias a su colaboración encubierta con EE.UU., y mediante la sectarización y el lavado de cerebro de sus miembros, muchas veces reclutados entre los sectores más pobres e incultos del mundo árabe y musulmán.

La antigua secta de los “asesinos” pretendía restaurar el califato chiita en el mundo musulmán. La nueva secta de los asesinos pretende instaurar un califato musulmán universal, convirtiendo a todo el mundo al Islam, ya sea por el convencimiento o por la obligación. Niegan a cualquier otra fe o religión el derecho a existir, y para los no creyentes en el Islam que profesan quedan sólo dos alternativas, la conversión o la muerte.

Es una nueva interpretación del Islam terrorífica y aterrorizante, que tampoco escatima represalias contra los dirigentes musulmanes que crean que les han abandonado, o contra los antiguos aliados occidentales. Y que hace tabla rasa de 200 años de Historia y de progreso en el reconocimiento de los derechos sociales, económicos y políticos de la Humanidad.

Para ellos, la única comunidad verdadera es la del Profeta y sus seguidores al comienzo del Islam, y todo lo demás son mediaciones y desviaciones hasta la restauración de esa comunidad original del Islam.

No hará falta decir que, las coincidencias de este “movimiento” integrista con el nazi-fascismo o con el terrorismo practicado por algunos grupos en la historia moderna saltan a la vista, y también su fácil manipulación por los poderes fácticos del Estado capitalista en su fase de degeneración imperialista, hasta el punto de constituirse en piezas de diseño ideológico y político que, en última instancia, sirven a sus intereses opresivos y explotadores.  

No a la Guerra Imperialista (a partir de “Las Cruzadas vistas por los árabes” de Amin Maaluof)