domingo, 9 de septiembre de 2012

EE.UU.: entre Guatemala o Guatepeor

A cual de las dos candidaturas pueda ser más perversa y cínica

EE.UU.: El "fundamentalismo del egoísmo" del Partido Republicano

Por Alfredo Jalife-Rahme

El Partido Republicano, demográficamente encogido, realiza su convención a la conquista de la Casa Blanca.

Su candidato presidencial, Mitt Romney, ha cometido gravísimos errores, en espera de su discurso magistral que definirá su política exterior: en el mejor de los casos, puede ser equiparado a un Bush III o, en el peor, a un clon del premier israelí Netanyahu.

Mucha tinta se ha vertido sobre la empresa de Mitt Romney, Bain Capital, en los paraísos fiscales, desde donde ha evadido impuestos durante 10 años: su talón de Aquiles.

Desde Rusia hasta China, pasando por Irán, permea el pánico por el ascenso de Mitt Romney y no faltan quienes ven en su asunción el preludio de una tercera guerra termonuclear, en el peor de los casos, y/o de una nueva guerra fría, en el mejor.

La selección del niño prodigio del fiscalismo monetarista, Paul Ryan, como candidato a la vicepresidencia, atrajo a los WASP (blanco protestante anglosajón) y al Partido del Té, que se aglutinan como la base fundamentalista del Partido Republicano en búsqueda de una nueva (sic) identidad (una que es del siglo XVIII).
 
Paul Ryan es representante de Wisconsin, preside el Comité de Presupuesto de la cámara, ha propuesto privatizar el seguro médico para menores de 55 años, y pertenece a la fraternidad secreta Delta Tau Delta, pero le ha causado severas cefaleas a Mitt Romney. Ambos están de acuerdo en el belicismo a ultranza de Estados Unidos para recuperar su dominio global, pero tienen complicaciones sobre los dramáticos alcances fiscalistas de los gastos sociales (seguros médicos/sociales, vivienda, educación, salud, etcétera), que ahuyentan a los afectados electores.
 
La creencia de Paul Ryan en la controvertida rusa Ayn Rand es un problema político para Romney, según Giles Fraser (The Guardian, 13/8/12): El compañero de fórmula de Mitt Romney puede ser católico pero su admiración por un autor hostil a las enseñanzas de Jesús corre el riesgo de hacerle perder muchos votos.
 
Alisa Zinovyevna Rosenbaum, alias Ayn Rand, fue una novelista cultista ruso-estadunidense que desarrolló un sistema filosófico muy sui generis: el objetivismo, lectura de cabecera de Alan Greenspan, gobernador de la Reserva Federal durante 19 años.
 
Se acusa a Ayn Rand de haber escrito su éxito novelesco El manantial bajo el efecto de anfetaminas, a las que se volvió adicta durante tres décadas, lo cual explica su violenta ciclotimia.
 
La obra de Ayn Rand traduce el pensamiento de un sector muy poderoso de Estados Unidos y entre su grupo de admiradores primigenios se encontraban Alan Greenspan, el sicólogo Nathan Blumenthal y su primo Leonard Peikoff: todos ligados a Israel.
 
Según sus críticos, fundó un movimiento cultista, casi religioso, con su amante, el filósofo Nathaniel Branden, volcado hacia la sicología de la autoestima.
 
Durante la guerra árabe-israelí de 1973 Ayn Rand defendió a Israel arguyendo que era una batalla de los civilizados (sic) contra los salvajes (¡súper sic!), llegando a apoyar a los colonizadores europeos que tenían el derecho de apoderarse de las tierras de los indios estadunidenses, mientras promovía la candidatura a la presidencia de Barry Goldwater, quien fue la inspiración del resurgimiento del conservadurismo en Estados Unidos. Por cierto, el actual director del Instituto Ayn Rand, Yaron Brook, es de nacionalidad israelí.
 
La novelista adoptó el capitalismo laissez-faire como único sistema social moral (sic) debido a que, a su juicio, protege los derechos individuales y de propiedad frente al estatismo. Calificó a uno de los máximos filósofos de todos los tiempos, Immanuel Kant, de monstruo. ¡Uf!
 
Giles Fraser fustiga que la novela La rebelión de Atlas constituye una pornografía barata del lado más siniestro del capitalismo.

Ayn Rand se jactaba de la virtud del egoísmo y denigraba a los pobres como parásitos (sic), mientras celebraba el individualismo muscular de los héroes creativos del capitalismo, como refiere Giles Fraser.
 
Según Ayn Rand, el individuo debe existir para sí mismo sin sacrificarse a los otros, de donde proviene su antipatía perturbadora al buen samaritano y su fobia al altruismo como malignidad completa cuando conjetura que si todos los banqueros y capitales de la industria hicieran huelga el mundo que sostiene su Atlas plutocrático se vendría abajo: los banqueros como dioses parecidos a Atlas porque sostienen el mundo. A ver qué opina Occupy Wall Street.
 
A mi juicio, Ayn Rand trivializa y degrada la verdadera naturaleza humana.
 
Nicholas Wapshott (político.com, 27/8/12) aborda La paradoja de Paul Ryan: ¿Ayn Rand y Friedrich Hayek? y hace eco a las críticas vertidas al obcecado fiscalista Paul Ryan: descrito como ideólogo loco (sic) que canaliza ideas peligrosas de pensadores foráneos como los economistas austriacos Friedrich Hayek y Ludwig von Mises y de la cultista (sic) y anticomunista Ayn Rand para revolucionar la manera en que Estados Unidos es conducido.
Nicholas Wapshott divulga que Paul Ryan fue la selección de Rupert Murdoch y los editores de Wall Street Journal/Fox News quienes cabildearon para su nombramiento a la vicepresidencia.
 
Los libros que acompañan a Paul Ryan son Camino de servidumbre, de Hayek, y La rebelión de Atlas, de Ayn Rand, que inspiran su filosofía política, sin tomar en cuenta, como arguye Nicholas Wapshott, que Hayek y Rand estaban violentamente opuestos a las ideas del otro, las cuales es virtualmente imposible tener en el mismo cerebro, y recuerda toda la letanía de insultos impublicables que le profirió Rand a Hayek.
 
Jan Frel (AlterNet, 13/8/12) expone en 10 puntos demoledores cómo la lunática (sic) Ayn Rand, gran admiradora de un asesino serial William Edwar Hickman, es la mayor influencia de Paul Ryan, entre los que destaca: haber convertido a Estados Unidos en un país codicioso y egoísta y haber glorificado la bomba atómica como argumento y tributo a la libre empresa.
George Monbiot (The Guardian, 5/3/12) expuso que Greenspan escribió el libro coeditado con Ayn Rand Capitalismo: el ideal desconocido, donde plasma su abominación por la regulación de los negocios, ni siquiera de las empresas farmacéuticas.
 
A juicio de Greenspan, la codicia de los negociantes es un protector sin parangón de los consumidores; sobre los banqueros alabó que actuarían con honor e integridad. Sin comentarios.
 
George Monbiot arremete contra las ideas sicopáticas (sic) de Ayn Rand que hizo que los multimillonarios se sintieran víctimas (sic) y convirtieron a millones de seguidores en sus trapeadores (Cómo Ayn Rand se volvió la versión de Marx de la nueva derecha).
 
Hasta el fundamentalista neoliberal Gideon Rachman de The Financial Times (27/8/12) aduce que la elección presidencial de 2012 es una batalla entre la economía y la demografía, debido al creciente voto latino que favorece a Obama frente a Mitt Romney en proporción de dos a uno.
 
A mi juicio, no hay que descartar aún al equipo Romney/Ryan, que recauda más dinero de los banksters de Wall Street y pueden inclinar la frágil balanza electoral.
 
A partir de 2016, el Partido Republicano, que se atrincheró en los WASP y el barbárico fundamentalismo del egoísmo de Ayn Rand, está condenado a su gradual extinción demográfico/electoral y, más que nada, civilizatoria.