viernes, 14 de junio de 2013

I. Anasagasti sobre Tayyip Erdogan

Amnistía Internacional: "Las palabras del primer ministro de Turquía sólo agravan la violencia"

El primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, anunció el martes en un discurso televisado que ya no se mostraría tolerante con las protestas que sacuden el país desde hace casi dos semanas.

Tuve la desgracia de conocerle personalmente. Vino al Senado en visita oficial y me tocó al lado de él en la comida de cortesía que le ofrecimos. Cuando le dije que era vasco me comparó con los kurdos y no me volvió a dirigir la palabra. Lo mismo le pasó al catalán de CIU que tenía a su izquierda. Un impresentable y un chulo, total.

Yo estaba allí como secretario primero de la Mesa y el catalán como secretario segundo. Es decir, dos cargos institucionales. Y se comportó como un tipo primario, maleducado, sectario y con una prepotencia única. No me extraña lo que está haciendo. El tipo es una mala bestia política que cree que con violencia se resuelven las cosas. Ojalá la fuerza de la plaza se lo lleve de por medio a tener que dimitir. Tipos así ensucian la convivencia.

Andrew Gardner, investigador de Amnistía Internacional sobre Turquía que se encuentra en estos momentos en Estambul, ha comentado:

“El primer ministro turco intenta terminar con la ola de protestas por la vía de la imposición personal; pero así no funciona la libertad de reunión.” El primer ministro Erdogan es ahora personalmente responsable de la violencia que siguió de inmediato a sus palabras. La protesta pacífica se tiene que respetar, y la comunidad internacional debe instarle a cambiar de política para evitar más derramamiento de sangre gratuito.”

Tras el discurso del primer ministro, observadores de Amnistía Internacional documentaron al menos 30 botes de gas lacrimógeno lanzados al interior del parque Gezi la tarde del martes, a pesar de que ese mismo día el gobernador de Estambul se había comprometido a detener la intervención policial allí.

Los activistas llevan ya casi dos semanas protestando por la construcción de un centro comercial en el parque de Gezi, adyacente a la plaza Taksim de Estambul, uno de los últimos espacios verdes de la ciudad.

Desde que empezaron las protestas en Estambul y en toda Turquía hace unas dos semanas, miles de manifestantes pacíficos han denunciado lesiones a causa de intervenciones policiales.

Según informes, hasta tres personas han perdido la vida en el curso de las protestas: una debido al uso excesivo de la fuerza y las otras dos -incluido un agente de policía- en accidentes.

Hasta el momento, las autoridades turcas no han investigado ninguno de los informes de abusos y no se ha procesado a nadie por ellos.

Que Erdogan se vaya cuanto antes.