martes, 6 de agosto de 2013

S.XX: EL SIGLO DEL ANTICOMUNISMO

Apenas transcurridas 24 horas después de que estallara la Revolución rusa, un número importante de estados europeos orientan sus esfuerzos propagandísticos a denunciar el recién nacido régimen bolchevique, y asimilarlo a través de los medios de comunicación con el "desorden social y moral". Esta intensa batería publicitaria anticomunista que se inició entonces y no ha cesado hasta ahora, va generalmente acompañada  de fuertes campañas antisemitas en Alemania y el Reino Unido, donde la toma del poder por los revolucionarios bolcheviques es atribuida "a una organización judía internacional".

       En Francia, por iniciativa del Estado Mayor y de los gobiernos de derechas, se denuncia a los comunistas  en nombre de la defensa del imperio colonial, por atentar contra la seguridad del Estado.  El ministro del Interior francés, Albert Sarraut, proclama en 1927: "El comunismo, ¡ése es el enemigo!".  

     En agosto de 1929, con el fin de impedir la realización de una jornada revolucionaria contra la guerra, André Tardieu, que ocupaba entonces el cargo de ministro del Interior, ordena proceder al arresto preventivo de los dirigentes del Partido Comunista Francés.  Curiosamente en la época  del Frente Popular de los años 30, determinados movimientos pacifistas y sindicalistas, jalearán la acusación de "belicismo"   contra el PCF por haberse pronunciado en contra de la firma de los Acuerdos de Munich con Hitler.  En el transcurso del invierno de 1938-1939, serán más de un centenar de directores de periódicos franceses los que exigían la prohibición del PC en ese país.


EL "TEMOR ROJO"

     La firma del pacto germano-soviético y el comienzo de la Segunda Guerra Mundial avivan el anticomunismo en todas las democracias formales de la Europa Occidental.  Los partidos comunistas se ven sometidos a una represión masiva, que va desde la prohibición de sus periódicos y de sus organizaciones hasta la destitución de sus representantes electos.  A menudo se combina con el antisemitismo para fundar ideológicamente la "cruzada contra el bolchevismo".

    Sin embargo, el protagonismo de los comunistas en la Resistencia francesa e  italiana  contra los alemanes, así como el papel decisivo del Ejército Rojo en la derrota de las tropas de Hitler, modifican radicalmente las actitudes de muchos intelectuales europeos con respecto al comunismo. La popularidad de los comunistas alcanza su apogeo en las fechas de la Liberación y los dos años posteriores.

     En la década de los 60, será desde la   izquierda de los partidos comunistas en su crítica a la  experiencia soviética desde donde se alimentarán las sucesivas disidencias procedentes de las filas comunistas. Un amplio espectro de organizaciones ubicadas a la izquierda  de los PC, que escogieron sus modelos revolucionarios en  los procesos yugoslavo, cubano y chino redoblan la crítica hacia el Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) y afines. El Partido Comunista francés, por su parte, replica a los grupos ubicados a su izquierda tildándolos  de anticomunistas.

     A partir de la década de 1980, la distinción histórica entre las corrientes anticomunistas de izquierdas y de derechas se va difuminando en el conjunto de Occidente, en beneficio de un anticomunismo generalizado y promovido por los grandes  medios de comunicación de masas.  La desaparición de la Unión Soviética y los fenómenos desconcertantes que rodearon a este acontecimiento, constituirá una base estratégicamente eficaz para el anticomunismo como doctrina ideológica de la derecha.