domingo, 15 de diciembre de 2013

Granujas, bajo protección “angelical”


Mucho se han esforzado los líderes de los países occidentales y los funcionarios de la Unión Europea, en esconder su indignación tras el equívoco de la cumbre de Vilna, “Asociación oriental”. Pero no lo han conseguido.
Al intentar justificar su agresiva política expansionista, acusaron del fiasco de la cumbre a aquellos, que “impiden el avance de la democracia” hacia el Este, y obstaculizan a los partidarios de la democracia el poder desenvolverse en esos países,  que día y noche tanto afligen a occidente.
“Pensamos en todos aquellos, quienes en Ucrania y en Bielorrusia viven en difíciles condiciones políticas”, declaró la canciller de Alemania, Ángela Merkel, al abandonar la sala de reuniones.
¿Quiénes son esos “todos”? En Ucrania, en opinión de la piadosa canciller, sería en primer lugar Yulia Timoshenko, en Bielorrusia, Ales Beliatsky. Sobre Yulia Timoshenko no voy a hablar nada. Esa “revolucionaria naranja con coleta” y bolsillos llenos, cumple su condena de acuerdo a un artículo del Código penal. Pero sí me gustaría recordar quién es ese tal Ales Beliatsky.

Este “defensor de los derechos humanos” ocultó a Hacienda sus ingresos obtenidos de fuentes extranjeras (más de 500 mil euros, causando un perjuicio a las arcas públicas calculado en 721 millones 456 mil rublos bielorrusos). Por lo que fue condenado a 4,5 años. En el juicio se desvelaron detalles curiosos. A cuenta de la ayuda occidental para el “avance de la democracia”, Beliatsky, en situación de desempleo, había acondicionado su morada familiar a todo lujo. Había comprado y reformado dos apartamentos de nivel europeo en el centro de Minsk, una casa con su terreno a las afueras de Minsk y un automóvil “Citroën”. Las propiedades atesoradas gracias a esas “fuentes” se calculan en 314.800€. Además, un par de veces al mes, ya fuera solo o con la familia, marchaba al extranjero. Incluso en las páginas “democráticas” aparecieron comentarios indignados al respecto: “Hasta Ostap Bender le envidiaría… no podemos permitir que estos mangantes se lo roben todo”.
 
Y aunque de acuerdo a las leyes de cualquier país, Beliatsky hubiera sido juzgado como delincuente, en su defensa se levantó todo el occidente “civilizado”. A este cleptómano luchador por los derechos humanos, le concedió un premio el Departamento de Estado de los EE. UU., y también le otorgaron el galardón Václav Havel.

Contra algunos empleados del Ministerio de Justicia de Lituania y funcionarios de la Fiscalía polaca, que entregaron a las autoridades bielorrusas la información sobre las sumas de los ingresos del extranjero, que recibía Beliatsky, se abrieron diligencias. Otros fueron despedidos.

Occidente no podía perdonar, que las fuentes de esos ingresos para el “apoyo a las fuerzas democráticas” de Bielorrusia, se vieran amenazadas. Ese “apoyo” como ya informara “Pravda” en su día, en los últimos 15 años sobrepasa los 1500 millones de dólares. Aún mayor ha sido ese apoyo prestado por los EE.UU. y sus aliados, a los “demócratas” ucranianos. El dinero ha estado fluyendo a organizaciones como “Shchit Batkivshschini” (escudo de la patria) de Korchinsky, a “Bratsvo” (hermandad), al Congreso de nacionalistas ucranianos, al Partido Social-nacionalista, a “UNA-UNSO” (Asamblea nacional ucraniana-Autodefensa popular ucraniana) y otras fuerzas políticas prooccidentales, antirrusas, que vuelven ahora a intentar en Kiev una nueva “revolución naranja”.

Por muy “angelicales” que aparenten ser los políticos occidentales, han sido y siguen siendo unos cómplices del diablo, que en su aspiración por lograr el dominio mundial no se detienen ante nada. Ni ante la agresión sangrienta contra los países a los que ponen de rodillas con su potencial misilístico. Ni ante la presión descarada contra aquellos que intentan llevar a cabo una política independiente. Bastó para que lo hiciera el gobierno ucraniano, para que la misma Ángela Merkel declarase: “En Ucrania (y por su puesto añadió Bielorrusia) la gente sufre víctima de la represión y  la dictadura”.
Tampoco se detiene  para organizar “golpes de colores”. Precisamente para su preparación y puesta en marcha el occidente “angelical” compra y defiende a todo ese atajo de sinvergüenzas en los países postsoviéticos.

Fuente: CCCP