sábado, 4 de enero de 2014

El acuerdo nuclear, una victoria para Irán



Después de cuatro días de negociaciones maratonianas, Irán y el Grupo 5+1 alcanzaron el 24 de noviembre un acuerdo en Ginebra, que reconoce el derecho de Irán a desarrollar un programa nuclear pacífico y a enriquecer uranio así como otros derechos incluidos en el Tratado de No Proliferación (TNP), del que Irán es país signatario.

Según el acuerdo, Irán continuará enriqueciendo uranio al 3,5% para sus centrales nucleares. Al menos 4.200 millones de dólares en activos iraníes serán descongelados, junto con una suavización de las sanciones no especificada. Algunos medios informaron que la mayor parte del acuerdo fue, de hecho, finalizada en las pasadas semanas y sólo quedaban pequeñas cuestiones terminológicas por resolver. Francia, que había bloqueado un acuerdo en Ginebra dos semanas antes, también apoyó el nuevo esta vez.

Teherán ha afirmado durante largo tiempo que, como país signatario del TNP tiene, bajo el artículo IV, un derecho fundamental a desarrollar todos los aspectos de un programa de energía nuclear pacífico, incluyendo el enriquecimiento de uranio. Cabe señalar que algunos países, tales como Alemania y Japón, comparten el punto de vista de Irán aunque EEUU se ha negado a reconocer formalmente este derecho durante un largo tiempo.

El artículo IV habla acerca del “desarrollo, investigación, producción y uso de la energía nuclear para propósitos pacíficos”, lo que incluye claramente el enriquecimiento de uranio. Así pues, Washington no tiene ninguna autoridad para interpretar el Tratado de una forma arbitraria que favorezca sus propios intereses. Washington ha utilizado en realidad ese mismo derecho, incluso antes de que el TNP existiera, con el fin de fabricar sus armas nucleares.

Además, EEUU reconoció ya el derecho de Irán a enriquecer uranio en 1975,  cuando la Administración Ford ofreció a Irán instalaciones para el enriquecimiento y reprocesamiento de uranio. Específicamente, el Memorando 292 de la Decisión de Seguridad Nacional, fechado el 22 de Abril de 1975, declaró que EEUU “permitirá que los materiales estadounidenses sean convertidos en combustible en Irán para su utilización en sus reactores nucleares y para pasarlo a terceros países con los que tenemos acuerdos”. Esto era, por supuesto, cuando el dictador Mohammed Reza Pahlavi, un títere de EEUU que fue colocado en el trono por un golpe de estado instigado por la CIA en 1953, estaba en el poder. Sin embargo, se trata de un reconocimiento legal desde el punto de vista del Derecho Internacional.

Un reconocimiento de la resistencia y poder de Irán
No hay duda de que el acuerdo es una victoria para Irán. Tres décadas y media de bloqueo, presiones y sanciones han terminado con un completo fracaso para EEUU y otros países occidentales. La resistencia de los líderes y el pueblo iraníes y su decisión de moverse hacia delante han hecho fracasar todos los complots. De hecho, la oposición de Irán al unilateralismo estadounidense ha sido seguida también por la de otros países de todo el mundo y ha allanado el camino para un mundo nuevo y multipolar.

En realidad, la decisión de EEUU de iniciar contactos con Irán y reconocer su poder e influencia tuvo lugar después de que Washington renunciara a su decisión de atacar Siria. Irán, junto con Rusia, mostró su determinación para proteger a su aliado y logró abortar los planes de guerra estadounidenses.

A pesar de las sanciones, Irán ha sido capaz de desarrollar sus enormes capacidades científicas, técnicas y militares y se ha convertido en el estado más influyente de Oriente Medio. Vali Nasr, decano de la Escuela de Estudios Internacionales de la Universidad John Hopkins ha manifestado recientemente que “Irán ha salido de la Primavera Árabe mejor posicionado que cualquiera de sus aliados regionales y el conflicto en Siria, su aliado, ha servido paradójicamente para reforzarlo aún más”. En este sentido, EEUU parece estar reconociendo las nuevas realidades en Oriente Medio y el Golfo Pérsico.

La expansión de Al Qaida en Oriente Medio y el mundo representa un motivo de preocupación para Irán y EEUU. Los norteamericanos han sido el objetivo de estos grupos terroristas en Afganistán, Libia y otros países. Los iraníes y los shiíes son también víctimas de estos extremistas en Iraq, Yemen y Siria. De este modo, el acuerdo de Irán podría allanar el camino para una cooperación entre Irán y Occidente en contra del terrorismo.

Por su parte, la Unión Europea también quiere resolver el tema nuclear, aunque algunos de sus intereses difieren de los de EEUU.  La UE busca recuperarse de la severa crisis que sufre y necesita reducir los costes de la energía, ya que depende de las importaciones energéticas más que EEUU. Casi todo su gas importado proviene de Rusia y la Unión quiere diversificar sus fuentes de suministro. Qatar no es una opción porque Siria no le permitirá utilizar su territorio debido al apoyo qatarí a los grupos terroristas. De este modo, Irán, que tiene las segundas mayores reservas de gas natural del mundo, es la mejor elección.

Una derrota para Netanyahu y los gobernantes saudíes
El acuerdo supone también una derrota para el régimen israelí y los gobernantes saudíes, que intentaron impedirlo hasta el último minuto. El ministro de Inteligencia israelí, Yuval Steinitz, criticó el acuerdo acusando al mundo de “autoengañarse” y y dijo que aquel “no detendrá la continuación de la búsqueda de un arma nuclear por parte de Irán”.

El primer ministro israelí, Benyamin Netanyahu, se ha convertido en una figura patética que pasa su tiempo visitando diferentes capitales para implorar a sus interlocutores que no apoyen un acuerdo con Irán. Incluso algunos políticos y medios israelíes se han burlado de él y sus predicciones acerca de las armas nucleares iraníes. Durante 22 años, Israel ha estado afirmando que Irán estaba a sólo “seis meses” de fabricar un arma nuclear. Recientemente, Netanyahu rebajó esta cifra a “tres semanas”.

Netanyahu ha chocado públicamente con el presidente estadounidense, Barack Obama, y con el secretario de Estado de EEUU, John Kerry, e incluso aunque ambas partes han rebajado su retórica, la posición israelí ha creado un conflicto con la Administración norteamericana. Esta confrontación, sin embargo, es un resultado inevitable del hecho de que EEUU está prosiguiendo una agenda en Oriente Medio y el Golfo Pérsico que es cada vez más alejada de la de Israel.

Durante décadas, Israel ha utilizado políticas belicistas y agresivas contra los estados y los pueblos regionales y logró empujar a EEUU a dos inútiles guerras cuyos resultados arruinaron a la economía norteamericana y empobrecieron a la población estadounidense. La sumisión de EEUU a Israel llevó a Washington a chocar con la mayor parte de los pueblos de Oriente Medio y dañó seriamente la imagen del país tanto en la región como en todo el mundo.

Israel ha intentado durante muchos años utilizar el mito de la “amenaza nuclear iraní” para ocultar el hecho de que no quiere que la República Islámica de Irán un actor independiente y poderoso. Israel busca la hegemonía regional y utiliza de forma rutinaria la agresión contra los estados regionales. Y, en este sentido, Irán es un serio obstáculo para estas políticas sionistas.

Al mismo tiempo, Israel utiliza su retórica anti-iraní para distraer la atención de la opinión pública mundial con respecto a su ocupación de los territorios palestinos y su negativa a alcanzar un acuerdo equitativo con los palestinos. El gobierno israelí teme que el acuerdo nuclear iraní le haga perder su pretexto para impedir el surgimiento de un estado palestino. Algunos medios de comunicación sionistas han advertido de que la falta de un acuerdo con los palestinos llevará a un creciente aislamiento internacional de la entidad sionista.

Netanyahu intentará probablemente utilizar la influencia del lobby sionista sobre el Congreso de EEUU, donde algunos ultras belicistas, elegidos y pagados por el pueblo estadounidense pero cuya lealtad es sólo para Israel, probablemente tratarán de sabotear el acuerdo nuclear. En una exhibición de total desvergüenza, varios senadores y congresistas han declarado públicamente que ellos han sido informados por el servicio de inteligencia israelí acerca de programa nuclear de Irán y que confían más en aquel que en las agencias de inteligencia de EEUU. En realidad, los congresistas y senadores temen al lobby sionista, en especial al Comité de Asuntos Públicos Americano-Israelí (AIPAC), que ha demostrado en varias ocasiones que puede expulsar del cargo a cualquier responsable electo estadounidense que no siga estrictamente la línea israelí.

Sin embargo, las encuestas muestran que la mayoría del pueblo estadounidense (56%, según la CNN), apoya un acuerdo con Irán y muchos congresistas no quieren correr el riesgo de ser vistos como belicistas en un año pre-electoral o desafiar abiertamente a la Administración Obama. De hecho, esta última ha advertido ya que la oposición al acuerdo con Irán podría llevar a EEUU a una nueva guerra, que los estadounidenses rechazan y que el país no se puede permitir. Además, el acuerdo está apoyado por todas las potencias mundiales e incluso por algunas corporaciones estadounidenses, y su rechazo sería imposible para EEUU en la etapa actual.

Por otro lado, la preocupación de Washington sobre el crecimiento de las organizaciones militantes en el mundo musulmán hace que sus intereses difieran completamente de los de Arabia Saudí, que ha estado alimentando el extremismo político y religioso en la región y el mundo durante décadas.

La reaccionaria monarquía saudí cree que un acuerdo entre las seis potencias e Irán cambiará Oriente Medio para siempre e incrementará los llamamientos en favor de los cambios internos, que podrían poner fin al gobierno absolutista de la familia Al Saúd y a la discriminación contra las mujeres y los shiíes. Según el periódico británico The Guardian, la familia real  está envuelta en graves disputas internas. “Las tensiones domésticas y en el extranjero se ven afectadas por un factor político central en el reino: los grupos rivales dentro de la familia real saudí, que se disputan la atención del viejo rey. Se cree además que el príncipe heredero Salmán sufre de demencia”.

Los dirigentes saudíes se han estado beneficiando de las sanciones contra Irán, que han mantenido los precios del petróleo altos. Sin embargo, si Irán comienza a vender más petróleo, debido a la suavización y el subsiguiente fin de las sanciones, Arabia Saudí sufrirá graves consecuencias y su papel regional e internacional se debilitará cada vez. La derrota del reino en Siria empeorará esta situación.

A pesar de todos estos cambios en Oriente Medio, la contradicción entre un Irán libre e independiente y sus aliados, por un lado, y los sionistas y sus colaboradores en otros países continuará sin cambios. Sin embargo, esta confrontación está ahora determinada por nuevas reglas y ellas favorecen a Irán y a sus amigos.


Fuente: Al Manar