jueves, 5 de junio de 2014

Europa Laica condena la pena de muerte a una mujer cristiana en Sudán, vulnerando el principio de libertad de conciencia


Daniel Wani and wife Meriam Yehya Ibrahim in this undated photo.

Pena de muerte a Meriam Yehya Ibrahim, de 27 años, por no haberse retractado de su conversión al cristianismo ante las autoridades sudanesas, de carácter marcadamente islamista.

EUROPA LAICA condena esta barbaridad y exige a la ONU, organismo del que Sudán forma parte, que intervenga para prevenir y erradicar inapelablemente estas prácticas fanáticas y criminales.
El compromiso internacional, por la defensa de la libertad de conciencia, recogido entre otros lugares en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, exige que ningún ser humano pueda ser discriminado, ni mucho menos sometido a tortura o asesinado, en razón de su ejercicio de la libertad de conciencia.
 La doctora Meriam Yehya Ibrahim ha optado por el cristianismo y ha de tener garantizado este derecho, tal como Europa Laica exige, en pie de absoluta igualdad con cualquier otra creencia religiosa o no religiosa, sin que tal decisión pueda ni deba tener efectos jurídicos a nivel estatal. Esto es lo que llamamos la libertad de conciencia y defendemos con el mismo ahínco y radicalidad a cualquier persona que sea perseguida o que vea cercenada su libertad  de conciencia.
Europa Laica  defiende que todos los seres humanos son libres de optar por la creencia que deseen y por los cambios que libremente decidan. Europa Laica estará siempre ahí denunciando el atropello hacia cualquier forma de pensamiento  religión o ideología  no garantizada y protegida por cualquier estado.
Sabemos que la ONU lleva muchos años con gran inoperancia en este terreno y en otros, pero queremos expresar que para los que creemos y luchamos por  Estados laicos, atrocidades tales deben ser denunciadas, desde todos los ámbitos.
Cuando no hay separación entre iglesia y Estado, cuando la religión o cualquier otra ideología particular, en este caso la religión musulmana, deja de ser lo que es, es decir, un testimonio libre de la conciencia individual y se convierte en un instrumento opresor y represor del Estado, la justicia deviene un mero ejercicio de castigo a una conducta que algunos consideran “pecado”. La palabra revelada se convierte en ley y el “pecado” se convierte en delito. Esta es la consecuencia de considerar que una creencia determinada, la que sea, tiene la exclusiva sobre la verdad y la justicia, en oposición a las demás creencias, que automáticamente se consideran erróneas y peligrosas.
El tribunal de justicia sudanés, haciendo gala de su caprichoso y arbitrario veredicto dice que se aplicará la pena de muerte en 2 años para que la “apóstata” y “adúltera” cuide a su hijo durante ese tiempo. Se impone una consideración puramente utilitaria y patriarcal de la mujer, que ha de cumplir con su obligación como madre, para después consumar la pena de muerte cuando cumpla con las funciones que la religión oficial considera esenciales a su condición, y que el tribunal estima en 2 años.
Sabemos que hay más Estados que, como Sudán, integran automáticamente a las personas al nacer en una religión y mediante el instrumento represor de la ley impiden que puedan renunciar libremente a la creencia que le ha sido impuesta “por defecto”. Esto constituye un atentado flagrante a la libertad de conciencia y a la igualdad de todo ser humano ante la ley.
Todos los seres humanos son libres de optar por la creencia que deseen y por los cambios que libremente decidan. Lo que desde el ámbito religioso se considera “apostasía” no puede ser nunca un motivo jurídico para juzgar a ningún ser humano. Europa laica denunciará siempre el atropello a los derechos legítimos de todos los seres humanos, sean cuales sean sus creencias religiosas o no religiosas.

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