domingo, 15 de junio de 2014

Lo que realmente pasó en la plaza de Tiananmen hace 25 años

Nota de Manos fuera de China: Artículo de la web www.globalresearch.ca, publicado con motivo de los 25 años de los acontecimiento de Tiananmen, cuando la China socialista se vio confrontada a la misma contrarrevolución que estaba arrasando en Europa del este. La traducción al castellano fue publicada en un primer momento por el diario www.larepublica.es, pero me he visto obligado a revisarla en profundidad con motivo de la más que deficiente calidad de la traducción original.


Por Bryan Becker

Hace veinticinco años, todos los medios de comunicación en EEUU, junto con el entonces presidente George W. Bush y el Congreso de EEUU estaban suscitando una histeria frenética a gran escala y un ataque contra el gobierno chino por lo que se describió como la masacre a sangre fría de miles de estudiantes no-violentos “por la democracia” que habían ocupado la Plaza de Tiananmen durante siete semanas.

La histeria generada por la “masacre” de la Plaza de Tiananmen estaba basada en un relato ficticio sobre lo que realmente ocurrió y eso se comprobó cuando el gobierno chino finalmente despejó la plaza de manifestantes el 4 de junio de 1989.

La demonización de China fue muy eficaz. Casi todos los sectores de la sociedad estadounidense, incluyendo la mayor parte de la “izquierda”, aceptaron la presentación imperialista de lo que ocurrió.

En aquel momento la versión oficial del gobierno chino de los eventos fue tachada inmediatamente de falsa propaganda. China informó que unas 300 personas habían muerto en enfrentamientos el 4 de junio y que muchos de los muertos eran soldados del Ejército Popular de Liberación. China insistió en que no hubo masacre de estudiantes en la Plaza Tiananmen y que de hecho los soldados despejaron la Plaza de Tiananmen de manifestantes sin pegar un solo tiro.[1]

El gobierno chino también afirmó que los soldados desarmados que había entrado en la Plaza de Tiananmen en los dos días anteriores al 4 de junio fueron incendiados y linchados con sus cadáveres colgados de autobuses. Otros soldados fueron incinerados cuando vehículos del ejército fueron incendiados con los soldados incapaces de evacuarlos, y otros muchos fueron golpeados duramente por violentos ataques de turba.

Estas relatos eran ciertos y bien documentados. No sería difícil imaginar lo violentamente que habrían reaccionado el Pentágono y los cuerpos de seguridad estadounidenses si, por ejemplo, el movimiento Occupy hubiera prendido fuego de manera similar a soldados y policías, cogido sus armas y linchado cuando el gobierno trató de despejarlos de los espacios públicos.

En un artículo el 5 de junio de 1989, el Washington Post describió cómo los combatientes anti-gobierno habían sido organizados en formaciones de 100-150 personas. Estaban armados con cócteles molotov y palos de hierro, para enfrentarse al EPL que aún estaba desarmado en los días previos al 4 de junio.

Lo qué pasó en China, lo que se llevó las vidas de opositores al gobierno y soldados el 4 de junio, no fue una masacre de estudiantes pacíficos, sino una batalla entre soldados del EPL y destacamentos armados del llamado movimiento pro-democracia.

“En una avenida al oeste de Beijing, los manifestantes prendieron fuego a un convoy militar entero de más de 100 camiones y vehículos blindados. Las fotos aéreas del incendio y de las columnas de humo han apoyado fuertemente los argumentos del gobierno [chino] que las tropas fueron víctimas, no verdugos. Otras escenas muestran cadáveres de soldados y manifestantes arrancando rifles automáticos de soldados que no ofrecían resistencia”, admitió el Washington Post en un artículo favorable a la oposición anti-gobierno el 12 de junio de 1989.[2]

El Wall Street Journal, la voz líder de la lucha anticomunista, fue una vociferante cheerleader del movimiento “pro-democracia”. Sin embargo, su cobertura justo después del 4 de junio reconoció que muchos “manifestantes radicalizados, algunos armados ahora con armas de fuego y vehículos requisados en los enfrentamientos con los militares” se estaban preparando para luchas armadas más grandes. El informe del Wall Street Journal sobre los acontecimientos del 4 de junio retrata un cuadro vivo:

“A medida que las columnas de tanques y las decenas de miles de soldados se acercaron a Tiananmen muchas tropas fueron atacadas por turbas enfurecidas… Docenas de soldados fueron sacados de los camiones, duramente golpeados y dejados muertos en el suelo. En una intersección al oeste de la plaza, el cuerpo de un joven soldado, que había sido golpeado hasta la muerte, fue desnudado y colgado de un lado de un autobús. Otro cadáver de un soldado fue colgado en un cruce al este de la plaza.”[3]

La masacre que no fue

En los días inmediatamente posteriores al 4 de junio de 1989 los titulares, artículos y editoriales del New York Times utilizaban la figura de “miles” de activistas pacíficos que habían sido masacrados cuando el ejército envió tanques y soldados a la plaza. La cifra que el Times manejaba como estimación del número de muertos era de 2.600. Esa cifra se empleó como el número de estudiantes activistas que fueron acribillados en Tiananmen. Casi todos los medios de comunicación estadounidenses informaron sobre “muchos miles” muertos. Muchos medios de comunicación dijeron que habían sido masacrados unos 8.000.

En una aparición posterior en Meet the Press, Tim Russert, Jefe de Oficina de la NBC en Washington, dijo que “decenas de miles” murieron en la plaza de Tiananmen.[4]

La versión novelada de la “masacre” fue corregida posteriormente en muy pequeña medida por periodistas occidentales que habían participado en las fabricaciones y que estaban dispuestos a retocar el relato para poder decir que hicieron “correcciones”. Pero para entonces ya era demasiado tarde y ellos también lo sabían. La conciencia pública había sido formada. El falso relato se convirtió en el discurso dominante. Habían masacrado con éxito los hechos para ajustarse a las necesidades políticas del gobierno de los EEUU.

“Aquella noche, la mayoría de los cientos de periodistas extranjeros, incluido yo, estábamos en otras partes de la ciudad o fueron retirados de la plaza para que no pudieran presenciar el capítulo final de la historia de los estudiantes. Los que intentaron permanecer cerca hicieron unos informes dramáticos que, en algunos casos, reforzaban el mito de una masacre de estudiantes”, escribió Jay Mathews, Jefe de la Oficina del Washington Post en Beijing, en un artículo de 1998 publicado en el Columbia Journalism Review.

El artículo de Mathews, que incluye su propia admisión de haber usado la terminología de la masacre de la Plaza de Tiananmen, fue publicado nueve años después de los hechos y reconoció que las correcciones posteriores tuvieron poco impacto. “Los hechos de Tiananmen han sido conocidos durante mucho tiempo. Cuando Clinton visitó la plaza este mes de junio, tanto el Washington Post como el New York Times dijeron que nadie murió allí [en la Plaza de Tiananmen] durante la represión de 1989. Pero se trataba de breve aclaraciones al final de largos artículos. Dudo que hicieran mucho para acabar con el mito.”[5]

En aquel momento todos los informes sobre la masacre de los estudiantes decían básicamente lo mismo y por lo tanto parecía decir la verdad. Sin embargo, estos informes no se basaron en los testimonios de testigos oculares.

Lo que realmente ocurrió

Durante las siete semanas previas al 4 de junio, el gobierno chino se contuvo extraordinariamente para no enfrentarse a los que paralizaron el centro del área de la capital de China. El Primer Ministro se reunió directamente con los líderes de la protesta y la reunión fue retransmitida en la televisión nacional. Esto no hizo que se distendiera la situación sino que más bien envalentonó a los líderes de la protesta, que sabían que tenían el pleno respaldo de los Estados Unidos.

Los líderes de la protesta erigieron una enorme estatua que se parecía a la Estatua de la Libertad de los Estados Unidos en medio de la Plaza de Tiananmen. Estaban indicando al mundo entero que tenían simpatías políticas por los países capitalistas y con los Estados Unidos en particular. Proclamaron que continuarían con las protestas hasta que el gobierno fuera derrocado.

Al no vislumbrarse el final, el gobierno chino decidió poner fin a las protestas despejando la Plaza de Tiananmen. Las tropas entraron en la plaza sin armas el 2 de junio y muchos soldados fueron golpeados, algunos fueron asesinados y los vehículos militares fueron incendiados.

El 4 de junio, el EPL entró de nuevo en la plaza con armas. Según los informes de los medios estadounidenses de la época, en este momento soldados del EPL con ametralladoras acribillaron las pacíficas protestas de los estudiantes masacrando a miles de personas.

China dijo que los informes sobre la “masacre” en la plaza de Tiananmen fueron una invención fabricada tanto por los medios de comunicación occidentales como por los líderes de la protesta, que en su propio interés utilizaron los medios de comunicación occidentales que se ofrecían a ellos como plataforma para una campaña de propaganda internacional.

El 12 de junio de 1989, ocho días después del enfrentamiento, el New York Times publicó un “exhaustivo” informe sobre la masacre de Tiananmen, fabricado de cabo de rabo, de un estudiante llamado Wen Wei Po. Estaba lleno de relatos detallados sobre brutalidad, asesinatos en masa y heroicas batallas callejeras. El informa hablaba de soldados del EPL con ametralladoras en la azotea del Museo de la Revolución oteando la plaza y de estudiantes acribillados en la plaza. Este informe fue recogido por los medios de comunicación a lo largo y ancho de los Estados Unidos.[6]

Aunque fue considerado como el evangelio y como una prueba irrefutable de que China estaba mintiendo, el informe de 12 de junio de Wen Wei Po era tan exagerado y podía desacreditar tanto al New York Times en China que el corresponsal del Times en Beijing, Nicholas Kristof, quien había servido como portavoz de los manifestantes, hizo objeciones a los principales puntos del artículo.

Kristoff escribió en un artículo el 13 de junio que “La cuestión de dónde se produjeron los disparos tiene importancia porque el Gobierno afirma que nadie fue disparado en la plaza de Tiananmen. La televisión estatal ha mostrado incluso vídeos de estudiantes marchándose pacíficamente de la plaza poco después del amanecer, como prueba de que no fueron masacrados.”

“En la escena central del artículo del [testigo] se habla de tropas golpeando y ametrallando a estudiantes desarmados agrupados alrededor del Monumento a los Héroes del Pueblo en el centro de la Plaza de Tiananmen. Otros testigos, tanto chinos como extranjeros, dicen que esto no ocurrió,“ escribió Kristof.

Tampoco hubo evidencia alguna de los emplazamientos de ametralladoras en la azotea del museo de historia descritos en el artículo de Wen Wei Po. Kristof fue directamente al museo y no vio ametralladoras allí. Otros periodistas y testigos en los alrededores tampoco pudieron verlos.

El tema central del artículo Wen Wei Po era que las tropas golpearon y ametrallaron posteriormente a los estudiantes en el área alrededor del monumento y que una fila de vehículos blindados les cortaron la retirada. Pero los testigos dicen que los vehículos blindados no rodearon el monumento – se quedaron en el extremo norte de la plaza – y que las tropas no atacaron a los estudiantes agrupados en torno al monumento. Otros periodistas extranjeros también estaban cerca del monumento aquella noche también y no se tiene constancia de que alguno haya informado de que los estudiantes fueron atacados alrededor del monumento,“ escribió Kristof escribió en el artículo del 13 de junio de 1989[7].

La versión del gobierno chino reconoce que hubo enfrentamientos en la calle y enfrentamientos armados en los barrios colindantes. Dicen que aproximadamente trescientas personas murieron esa noche, incluyendo a muchos soldados que murieron a causa de los disparos, cócteles Molotov y palizas. Pero insistió en que no hubo masacre.

Kristof también dijo que hubo enfrentamientos en varias calles, pero refuta el informe del “testigo” que hablaba de una masacre de estudiantes en la Plaza de Tiananmen. “En cambio, los estudiantes y un cantante de pop, Hou Dejian, estaban negociando con los soldados y decidieron marcharse al amanecer, entre las 5 y las 6 de la madrugada. Los estudiantes salieron todos juntos. La televisión china mostró escenas de los estudiantes marchándose y de los solados entrando en la plaza, aparentemente vacía, mientras los estudiantes se iban.”

Intento de contrarrevolución en China

En realidad, el gobierno estadounidense había participado activamente en la promoción de las protestas “pro-democracia” a través de una maquinaria de propaganda extensa, generosamente financiada, y coordinada a escala internacional que emitió rumores, medias verdades y mentiras desde el momento en  que comenzaron las protestas a mediados de abril 1989.

El objetivo del gobierno estadounidense era el de conseguir un cambio de régimen en China y derrocar al Partido Comunista de China, que había sido el partido gobernante desde la revolución de 1949. Como muchos activistas del movimiento progresista de hoy no estaban vivos o eran niños en el momento del incidente de Tiananmen en 1989, el mejor ejemplo reciente de cómo funciona este tipo de operación imperialista de desestabilización o cambio de régimen lo tenemos en el reciente derrocamiento del gobierno ucraniano. Las protestas pacíficas en el centro de la plaza reciben apoyo internacional, financiación y cobertura de los medios de comunicación desde los Estados Unidos y las potencias occidentales; finalmente llegan a ponerse bajo el liderazgo de grupos armados aclamados como luchadores por la libertad por el Wall Street Journal, Fox News y otros medios; y finalmente el gobierno a ser derrocado por la CIA es demonizado totalmente si recurre a la policía o las fuerzas militares.

En el caso de las protestas “pro-democracia” en China en 1989, el gobierno de los Estados Unidos estaba tratando de crear una guerra civil. La Voz de América aumentó sus emisiones en chino a 11 horas cada día y dirigió “directamente su emisión a cerca de 2.000 antenas parabólicas en China operadas en su mayoría por el Ejército de Liberación Popular.”[8]

Las emisiones de la Voz de América a las unidades del EPL estaban llenas de informes que decían que algunas unidades del EPL estaban disparando a otras, y que algunas unidades eran leales a los manifestantes mientras que otras personas estaban con el gobierno.

La Voz de América y los medios de comunicación de Estados Unidos trataron de crear confusión y pánico entre los partidarios del gobierno. Justo antes del 4 de junio informaron que el Primer Ministro de China Li Peng había sido disparado y que Deng Xiaoping estaba cerca de la muerte.

La mayoría en el gobierno estadounidense y en los medios de comunicación esperaban que el gobierno chino fuera derribado por las fuerzas políticas pro-occidentales como estaba empezando a suceder con el derrocamiento de gobiernos socialistas en Europa central y oriental en aquellos años (1988-1991) tras la introducción de reformas pro-capitalistas por Gorbachov en la Unión Soviética en 1991.

En China, el movimiento de protesta “pro-democracia” fue liderado por estudiantes privilegiados, bien conectados con las élites universitarias, que pedían explícitamente la sustitución del socialismo por el capitalismo. Los líderes estaban particularmente coordinados con los Estados Unidos. Por supuesto, otros miles de estudiantes que participaron en las protestas estaban en la plaza porque tenían quejas contra el gobierno.

Pero la dirección del movimiento coordinada con el imperialismo tenía un plan explícito para derrocar el gobierno. Chai Ling, quien fue reconocido como el máximo dirigente  de los estudiantes, concedió una entrevista a los periodistas occidentales en la víspera del 4 de junio, en la que reconoció que el objetivo de los dirigentes era llevar a la población a una lucha para derrocar al Partido Comunista de China, que según ella sólo sería posible si podían provocar con éxito al gobierno para que ataque violentamente a las manifestaciones. Esa entrevista fue retransmitida en la película “La Puerta de la Paz Celestial”. Chai Ling también explicó por qué no podían decirles a los manifestantes estudiantiles de base cuáles eran los verdaderos planes de los líderes.

“La búsqueda de la riqueza es parte del ímpetu por la democracia”, explicó otro de los líderes estudiantes, Wang Dan, en una entrevista con el Washington Post en 1993, en el cuarto aniversario del incidente. Wang Dan estuvo en todos los medios de comunicación estadounidenses antes y después del incidente de Tiananmen. Él era famoso por su explicación de por qué los líderes estudiantiles elitistas no querían que los trabajadores chinos se unieran a su movimiento. Decía que “el movimiento no está listo para la participación de los trabajadores porque la democracia debe ser absorbida primero por los estudiantes y los intelectuales antes de que pueda extenderse a otros.”[9]

Veinticinco años más tarde – Los Estados Unidos siguen buscando un cambio de régimen y la contrarrevolución en China

La noticia de la intervención del gobierno chino dispersando el llamado movimiento pro-democracia en 1989 fue recibida con amarga frustración en el seno del establishment político de Estados Unidos.

En un primer momento los Estados Unidos impusieron sanciones económicas a China, pero su impacto fue mínimo y el establishment político, tanto en Washington como en los bancos de Wall Street, se dieron cuenta de que las corporaciones y los bancos estadounidenses serían los grandes perdedores en la década de 1990 si trataban de aislar completamente China en un momento en que ésta estaba abriendo aún más su inmenso mercado de trabajo y mercancías a la inversión directa de las corporaciones occidentales. Los grandes bancos y corporaciones siempre anteponen sus propios márgenes de beneficio y los políticos de Washington siguieron los pasos de la clase de los multimillonarios sobre esta cuestión.

Pero la contrarrevolución en China volverá a asomar la cabeza. Las reformas económicas que se inauguraron después de la muerte de Mao abrieron el país a la inversión extranjera. Esta estrategia de desarrollo fue diseñada para superar rápidamente el legado de pobreza y subdesarrollo mediante la importación de tecnología extranjera. A cambio de ello, las corporaciones occidentales obtuvieron unas superganancias. La dirección post-Mao en el Partido Comunista previó que esta estrategia beneficiaría a China en virtud de una rápida transferencia de tecnología desde el mundo imperialista hacia China. Y, de hecho, China ha hecho enormes progresos económicos. Pero además del desarrollo económico también se ha desarrollado una mayor clase capitalista en el interior de China, y una parte importante de esta clase y de sus hijos está siendo cortejada por todo tipo de instituciones financiadas por el gobierno, las instituciones financieras y los centros académicos de los Estados Unidos.

El Partido Comunista de China también está dividido en facciones y tendencias pro-estadounidenses y pro-socialistas.

Hoy, el gobierno de los Estados Unidos está aplicando cada vez más la presión militar sobre China. Se está acelerando la lucha contra el ascenso de China al consolidar nuevas alianzas militares y estratégicas con otros países asiáticos. También tienen la esperanza de que con suficiente presión con alguno en el liderazgo chino de los que están a favor de abandonar Corea del Norte se pueda conseguir algo.

Si la contrarrevolución tuviera éxito en China las consecuencias serían catastróficas para el pueblo chino y para China. Con toda probabilidad China se haría pedazos como sucedió con la Unión Soviética cuando el Partido Comunista de la Unión Soviética fue derrocado. La antigua Yugoslavia sufrió el mismo destino. La contrarrevolución y el desmembramiento precipitarían a China hacia el pasado. Pondría un freno al espectacular crecimiento pacífico de China desde el subdesarrollo. Durante décadas ha tenido lugar un serio debate en el seno del establishment de la política exterior de los Estados Unidos sobre el desmembramiento de China, que la debilitaría como nación y permitiría a los Estados Unidos y a las potencias occidentales apoderarse de sus partes más lucrativas. Este es precisamente el escenario que ofrecía China durante su siglo de humillaciones, cuando las potencias capitalistas occidentales dominaron el país.[10]

La Revolución China ha pasado por muchas etapas, las victorias, retrocesos y reveses. Sus contradicciones son innumerables. Pero aún se mantiene. En el enfrentamiento entre el imperialismo mundial y la República Popular de China, la gente progresista debe saber cuál es su lugar – y no es estar al margen.


Notas

[1] Jim Abrams, “Batalla de unidades militares rivales en Beijing”, Associated Press, 6 de junio de 1989

[2] John Burgess, “Las imágenes denigran a los manifestantes; Los chinos lanzan campaña de propaganda”, Washington Post, 12 de junio de 1989

[3] James P. Sterba, Adi Ignatius y Robert S. Greenberger, “Lucha de clases: las duras acciones de China amenazan con interrumpir los 10 años de impulso por la reforma — Crecen las sospechas de occidentalización, y el ejército aún tiene un papel político — Un movimiento Movement Unlikely to Die”, Wall Street Journal, 5 de junio de 1989

[4] Jay Mathews, “El mito de Tiananmen y el precio de la prensa pasiva”, Columbia Journalism Review, septiembre/octubre de 1998

[5] Mathews, ibid.

[6] Wen Wei Po, “Disturbios en China; Un estudiante relata la historia de Tiananmen: ‘Y entonces brotaron ametralladoras’ ”, New York Times, 12 de junio de 1989

[7] Nicholas Kristof, “Disturbios en China; Mano dura en Tiananmen: Relato de estudiante cuestionado en varios puntos importantes”, New York Times, 13 junio de 1989

[8]  “La voz de América emite señales de televisión a China”, New York Times, 9 de junio de 1989

[9] Lena Sun, “Una transformación radical 4 años después de Tiananmen”, Washington Post, 6 de junio de 1993.


[10] Resolución del Partido por el Socialismo y la Liberación: “Por la defensa de China contra la contrarrevolucón, la intervención imperialista y el desmembramiento”, or the defense of China against counterrevolution, imperialist intervention and dismemberment,” China: Revolución y contrarrevolución, PSL Publications, 2008.

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