jueves, 28 de agosto de 2014

Triunfo del nuevo modelo económico español: sol y playa

Al final, se trata de la misma fórmula de la que ha tirado España en los últimos 50 años.
Pese a las advertencias acerca de los 'vicios' de un negocio basado en un modelo insostenible para muchos, el veraneo de playa, sol y precios bajos vuelve a erigirse motor económico del país.
Si en 2013 celebrábamos récord de visitantes extranjeros a España, en concreto, 60'7 millones, este año todo apunta a que volverá a batirse la cifra.
Aún sin haberse cerrado la temporada, las previsiones son optimistas y apuestan por llegar a los 63 millones, según relata el diario El País.
Británicos, franceses y alemanes continúan siendo los más interesados en pasar el verano en enclaves españoles, seguidos por los rusos, suecos y noruegos.
Otro de los datos que se ha presentado como positivo de este verano es el repunte del turismo patrio: entre un 10 y un 15% más de españoles han vuelto a recorrer el país estas vacaciones, frente a otros años más austeros.

Un motor económico intacto

La conclusión que arrojan estos datos, es que, pese a presentarse como una novedad y un motivo de celebración por parte del Gobierno español, al final, el motor económico del país continúa intacto: sol, playa, terrazas, precios bajos y comida grasienta.
Algunos analistas consultados por El País, como Richard Santomá, director de la escuela de Turismo Sant Ignaci, se inclinan por poner en relieve la lógica de que, ante la crisis, sea el modelo clásico el que se haya impuesto, ya que continúa funcionando, pese a que los turistas hayan cambiado en los últimos 50 años.
¿O no tanto? El sol y la playa siguen siendo los factores de atracción a la hora de elegir destino para tres de cada cuatro turistas, según un portavoz del Ministerio de Industria.
La vida en las terrazas, la oferta en instalaciones deportivas de algunos enclaves en las costas, la seguridad -desbancando así a destinos de mayor inestabilidad como Egipto- y la posibilidad de encontrarse con compatriotas constituyen otros de los puntos fuertes por los que España saca pecho en el mapa turístico mundial.
Mismo turismo, mismas sombras
Sin embargo, las mismas sombras continúan atenazando este modelo. La estacionalidad es uno de los factores más criticados por expertos y trabajadores del sectores, que piden buscar nuevas fórmulas para llevar los hoteles en los restantes nueve meses del año. Alternativas de ocio, cultura, gastronomía o naturaleza emergen como posibles revulsivos en el vetusto turismo español, aunque no terminan de consolidarse.
La estacionalidad, además, arrastra el empleo precario en el sector. Trabajadores contratados solo para la temporada de verano en condiciones de baja calidad.
El comercio que rodea a este tipo de turismo, igualmente, brilla por la ausencia de calidad dando paso al concepto de barato y masificado. La masificación, en este sentido, es condición imprescindible para hacer caja debido a los precios bajos de los bienes de consumo ligados a la costa española.

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