sábado, 13 de septiembre de 2014

El derecho a la autodeterminación y lo social en Cataluña




Hoy Cataluña ha logrado avanzar en el reconocimiento de la lengua, la cultura y la gestión propia de los recursos. La opresión cultural, que llegó a prohibir el uso del catalán durante el franquismo, ha pasado a segundo plano. Y aunque es evidente que el nacionalismo españolista sigue existiendo, no tiene las mismas dimensiones que antaño.

¿Y la base económica? La tendencia a ampliar el mercado europeo para construir multinacionales fuertes, la creciente internacionalización de la economía… disminuyen los elementos de construcción nacional al interior de los países occidentales europeos. Cataluña es económicamente dependiente de las exportaciones (81%) e importaciones (70%) con la UE.

El derecho a la autodeterminación debe poder ser decidido por los catalanes. Y resuelto mediante el sufragio universal. Pero una Cataluña independiente sólo lo sería formalmente. Económicamente seguiría siendo dependiente de la UE. Y debería seguir aplicando sus políticas: con una deuda pública equivalente al 26% de su PIB, la austeridad seguirá siendo la marca de la casa por mucho tiempo, independiente o no.

El referéndum es dirigido por la élite económica catalana y no tiene como objetivo resolver un problema democrático, que por otra parte niega en la cuestión social, pretende fortalecer su cuota de mercado en la UE, desgravar a las grandes fortunas más que sus vecinos para favorecer la implantación de empresas en su territorio. Supone acelerar el fin de la caja de la seguridad social, en la que aquellos que más tienen contribuyen más.

Reconocer el derecho democrático a decidir no puede separarse de ver qué fuerzas están en liza, quién dirige el proceso, y de no olvidar el objetivo principal: la cuestión social. Si el principal objetivo a corto plazo es la independencia, el objetivo social pasa, necesariamente, a un escalón menor. Y si no ¿por qué no preguntar si se quieren recortes en los presupuestos sanitarios? ¿Por qué no un referéndum sobre los impuestos que pagan Caixa Cataluña o Telefónica?

La misma Generalitat que impone el copago o cierra hospitales, encuentra un balón de oxígeno con el apoyo a su propuesta independentista entre un sector de la izquierda. ¿No sería mejor un gobierno catalán inestable, privado de apoyos, para dificultar sus políticas?

¿Por qué no un referéndum sobre la austeridad o las grandes fortunas?

Quienes sufren los cierres patronales y la austeridad en sus carnes, en Madrid y Tarragona no pueden más que salir perdiendo con una deriva nacionalista. Porque en la misma medida que se desarrolla el chovinismo en las calles de Cataluña, lo hace en el resto de España en sentido contrario.

Bajar los impuestos a los ricos no atrae inversiones ni crea empleo. Esa política se lleva haciendo 20 años, en Madrid y en Barcelona, y ha sembrado la mayor crisis desde 1929. Desregular los mercados no favorece el desarrollo, promueve burbujas como la inmobiliaria.

Hoy es más necesario que nunca unir en base a lo común a los trabajadores: altos impuestos a las rentas y capitales, nacionalizaciones de las empresas que deslocalizan, creación de empleo público, impago de la deuda contraída para pagar a los bancos, participación de los empleados y la sociedad en las decisiones de las empresas, de los bancos…Hoy más que nunca es necesaria la solidaridad, en que las regiones más ricas, los contribuyentes más ricos, paguen más. Lo contrario a la tendencia nacionalista burguesa del sálvese quien pueda: el que más tenga.

Una línea que, seguro enfrentará a la UE y a las grandes fortunas, a imagen y semejanza de la Francia absolutista que envió en 1883 a “Los Cien Mil Hijos de San luis” para combatir al gobierno liberal. Para enfrentar la reacción del capital europeo, para construir un área viable económicamente, se necesitarán todas las fuerzas posibles. Pensar que Cataluña puede romper con la Europa del capital, -aparte que no está en discusión- es una utopía.

Las 260.000 personas asistidas por la caridad en la provincia de Barcelona, el medio millón de parados catalanes, necesitan soluciones. El nacionalismo implica no enfrentar estos problemas, los desplaza para más adelante (cuando seamos independientes), a costa del resto (regiones más ricas que “cargan” con los “impuestos de madrid”), y hace pasar por amigos a los enemigos (como al Conseyer de Sanidad que afirmaba “que la salud es un bien privado que depende de uno, no del estado”).

Respetar el derecho de los catalanes a decidir su futuro es una cuestión democrática. Pero ignorar que estamos ante una cortina de humo lanzada por la élite económica catalana, un engaño. Si se quiere una soberanía plena, se tiene que lograr una soberanía de los mercados financieros. Socializar las grandes empresas. Planificar la economía. Y eso no lo va a lograr una Cataluña independiente sin los trabajadores del resto de la península. Eso requerirá la lucha conjunta de los trabajadores de España y Cataluña -con la solidaridad de portugueses, griegos…y franceses-.


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Fuck the EU:








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