viernes, 26 de septiembre de 2014

¿Sigue actualmente Rusia una política de expansión imperialista? (2ª parte)

Por Manuel Pérez Martínez, "Arenas"



El eslabón principal y decisivo
Carta del "Camarada Arenas"
En el movimiento comunista existe actualmente mucha confusión en relación con estas cuestiones que estamos analizando. Una muestra de ello es el artículo del camarada Lucio que hemos comentado al comienzo. Por otro lado hemos recibido los comentarios que ha hecho el camarada Marcos Martín Ponce a las noticias, artículos y documentos que le han enviado los camaradas soviéticos. Este material y los comentarios que hace de ellos Martín Ponce, nos van a ayudar a aclarar mejor el problema planteado y a fijar más firmemente nuestra posición al respecto.

Escribe Ponce a propósito de los importantes acontecimientos que se han sucedido en Crimea y el Sudeste de Ucrania: “Allí, el alcalde de una ciudad de Lugansk declaró la República Popular de Lugansk y la expropiación de la industria de la oligarquía, mientras en Crimea el referéndum popular y las organizaciones comunistas optaron por la adhesión a Rusia; lo que nos puede dar a entender que la oligarquía rusa mantiene allí una especie de aristocracia obrera a la que no sólo proporciona mejores niveles de vida, además se cuida de no demonizar los logros soviéticos. De manera muy controlada, el capitalismo ruso hace suya la reivindicación soviética; de hecho, en muchos distritos y regiones rusas la simbología y nominación de las instituciones soviéticas se mantiene. Para entender esto hay que tener presente que desde la muerte de Stalin hasta la caída definitiva de la URSS, las instituciones soviéticas se fueron desovietizando, a la vez que los partidos comunistas se fueron desbolchevizando, lo que permitió, gracias al revisionismo y la traición del PCUS (hoy PCR) que las estructuras corruptas, ya depuradas de cualquier control bolchevique, pudieran seguir utilizando el prestigio soviético para beneficio de la burguesía”.

“Fruto de todo ello -prosigue Ponce- es la confusión generalizada del movimiento comunista en cualquier parte del mundo. Pero no nos dejemos engañar por los análisis facilones y sentencias tan dañinas como (…) ‘la influencia revisionista del PCUS lo invade todo’, porque no es así. Eso nos puede llevar a menospreciar la lucha de clases llevada al extremo de la lucha armada en el Donbás (donde los obreros han tomado el poder y lo ejercen en la industria, las minas, la agricultura, etc.). Allí, las banderas comunistas y las asambleas populares al pie de las estatuas de Lenin no son escenografía; allí se está ejerciendo el poder de los soviets. Ese es, precisamente, el motivo por el cual la burguesía rusa, con Putin a la cabeza, muestra todo su músculo cuando se trata de Crimea, pero especula y utiliza el medio de presión contra Occidente cuando se trata de las Repúblicas Populares. Putin y los oligarcas rusos no quieren que cunda el ejemplo, ni en Ucrania ni en Rusia. En cierto modo, saben que están sentados sobre un volcán dormido”.

Poco tenemos que objetar a estas apreciaciones y juicios del camarada Ponce. En primer lugar, creemos necesario señalar esa perplejidad que se manifiesta en “la confusión generalizada” del movimiento comunista ante lo que se podría calificar como la táctica utilizada por la burguesía rusa para afianzar su poder y neutralizar al mismo tiempo el empleo que pueda hacer el movimiento comunista del prestigio que continúa teniendo entre las masas el régimen soviético y su simbología. Una táctica que, como estamos comprobando no le ha reportado, hasta el momento, ningún resultado frente al movimiento popular antifascista y revolucionario que se está desarrollando en el Sudeste de Ucrania. Pero es que aquí, a diferencia de Crimea, nos encontramos con un hecho sumamente importante que ha pasado desapercibido para el camarada Ponce, y que si bien puede no tener demasiada importancia para las masas y sus organizaciones revolucionarias, obliga de forma determinante al Estado ruso a no intervenir (al menos directamente y mientras no sea atacado su territorio) en Ucrania. Se trata, apenas si hace falta decirlo, del reconocimiento y respeto de Ucrania como país soberano e independiente. Precisamente, ésta es la línea que separa a un país imperialista, como los EEUU, de otro como Rusia, que no lo es. Otra cuestión, en la que no vamos a detenernos, es que se reconozca un gobierno ilegal, impuesto por un golpe de Estado fascista, organizado, financiado y alentado por los EEUU. Pero por aquí entran en juego otros factores, como el intento de Rusia de afianzar sus relaciones con Alemania y atraerla a su campo; es decir, por aquí entramos de lleno en “el gran juego” donde se dirime el problema crucial de las alianzas estratégicas. Esto hace que el problema de la guerra en Ucrania se complique en extremo, dados los vínculos de todo tipo que siempre han existido entre aquel país y Rusia, pero muy especialmente con la mayoría de la población que se ha declarado independiente.

Esta situación tan compleja puede explicar la posición ambivalente de Putin y del gobierno ruso, y es lo que hace que la salida de la situación o posible solución del conflicto (si no se llega antes a un acuerdo que ponga fin al enfrentamiento armado), esté en la extensión de la lucha armada antifascista y la revolución socialista al resto de Ucrania. No se nos pasa por alto lo difícil de esta solución. Pero, desde luego, lo que resulta un disparate desde todos los puntos de vista que se mire, es que el movimiento armado popular del Sudeste de Ucrania se pueda extender al territorio ruso y “servir de ejemplo” a los trabajadores de Rusia en su lucha contra su propia burguesía… Esa idea nos parece tan absurda y descabellada como la de considerar que la Rusia actual es “el eslabón más débil de la cadena imperialista”, como si el mundo y la sociedad se hubieran detenido o dado marcha atrás, a las postrimerías del siglo XIX, y como si no hubiera existido en Rusia más de 70 años de régimen socialista. Por el contrario, en base a todo ello, habría que considerar hoy día a Rusia, no como el “eslabón débil”, sino como el eslabón principal a partir del cual podría comenzar de nuevo a desarrollarse con fuerza el movimiento antiimperialista y revolucionario a nivel mundial.

Pues Rusia, ciertamente, está preñada nuevamente de revolución, pero de una revolución en muchos aspectos distinta a la que nació en el pasado. Para comprobarlo, basta con tener en cuenta que allí no está teniendo lugar un enfrentamiento como el de Ucrania, ni es previsible que se pueda producir algún día; lejos de eso, tanto Putin como su gobierno cuentan con el respaldo de la inmensa mayoría del pueblo ruso. Aparte de la imposibilidad manifiesta de que la burguesía (por no hablar del ejército ruso), pueda o esté dispuesta a imponer en su país un régimen fascista y “pro-occidentalista” por el estilo del que ha sido impuesto en Ucrania. Esto es algo impensable, no sólo por todo lo que hemos expuesto, sino también por la situación de dependencia respecto a los trabajadores y su vanguardia comunista en que se halla actualmente la burguesía rusa. De manera que un enfrentamiento con las masas populares, como el que ya se está dando en Ucrania, la debilitaría extraordinariamente, facilitando así los planes de agresión de los imperialistas.

En resumen, podemos decir que hoy la burguesía rusa es, por muchos conceptos, “prisionera” de la historia de su país; de una historia que aún no ha concluido y a la que no puede renunciar sin correr el riesgo de dejar de ser rusa. Así que, si bien es cierto que tras la muerte de Stalin y la caída, finalmente, de la URSS, las instituciones soviéticas se fueron “desovietizando”, el peligro que les amenaza ahora, por influencia de la “mundialización” imperialista, no es otro que el de la “desrusialización” o colonización de Rusia. Esto explica mejor que nada ese nacionalismo “sovietizado” (“la utilización del prestigio soviético”) de parte de la burguesía rusa, con todo lo que ello implica de deslegitimación y desprestigio de la marca capitalista.

Esta “sovietización” puede servir a los intereses del proletariado siempre que éste sepa utilizarlo en beneficio de una política independiente de la burguesía. “Independiente” no quiere decir que debe estar siempre y en todos los terrenos enfilada contra ella. La compleja situación que se vive actualmente, tanto en el interior del país como a nivel global, exige del proletariado revolucionario de Rusia aplicar una táctica que le permita ponerse al frente del movimiento por la defensa de la identidad y la independencia nacional, combinado con la lucha por la restauración del socialismo.

Para ello se hace indispensable reconocer a la burguesía como parte del movimiento nacional, así como la posibilidad de establecer, bajo determinadas condiciones o exigencias (como la libertad plena y la concesión de mejoras económicas y sociales para los trabajadores), un pacto o alianza con ella que no excluya la lucha por la restauración del socialismo, ya que, como se ha demostrado tantas veces, en nuestra época y en las condiciones de Rusia, sólo es posible una defensa eficaz frente al imperialismo sobre la base de la defensa y desarrollo del socialismo y el comunismo.

En fin, hay que insistir en que, una burguesía que, como apunta certeramente el camarada Ponce en su escrito, no sólo procura “mejores niveles de vida a la clase obrera” sino que “se cuida de no demonizar los logros soviéticos”; esa burguesía no puede ser considerada por la clase obrera un enemigo a batir de manera inmediata; con tanto menor motivo si esa misma burguesía está defendiendo la independencia e integridad nacional frente al acoso y la agresión de los más feroces bandidos internacionales.

En tales condiciones, la única política justa, verdaderamente revolucionaria de la clase obrera consiste en levantar bien alto la bandera de la defensa nacional; es decir, procurar arrancar dicha bandera de manos de la burguesía y ponerse al frente del movimiento nacional. Esto la situará en las mejores condiciones para neutralizar las vacilaciones o posibles deserciones de esa burguesía y para avanzar de forma decidida hacia la restauración del socialismo. Sobre este particular no ha de haber en el movimiento comunista ninguna confusión ni ningún tipo de vacilaciones.

En resumen, bajo nuestro punto de vista, la contradicción principal que se da en estos momentos en el Sudeste de Ucrania, es la que enfrenta a las masas populares al fascismo y al imperialismo. Esta contradicción, tal como hemos explicado anteriormente, habrá de ser resuelta mediante la derrota política y militar de la burguesía fascista y pro-imperialista, así como con el restablecimiento de la unidad nacional en un Estado federal socialista. Un gran paso en ese sentido ha sido la proclamación de las Repúblicas Populares en las regiones del Sudeste.

En tanto que en Rusia, las condiciones son radicalmente diferentes; dado que allí lo que predomina en estos momentos es la contradicción que enfrenta al conjunto de la sociedad y al Estado con el imperialismo de los EEUU principalmente, el cual está de nuevo intentando cercarla y agredirla a fin de despedazarla y repartirse sus despojos, tal como ya ha sucedido en lo que fuera la Federación Yugoeslava, en Irak, Libia, etc. La clase obrera y los comunistas de todos los países no debemos dudar ni un solo instante en prestar toda la ayuda fraternal y el apoyo internacionalista que podamos, con el convencimiento de estar defendiendo una causa justa y seguros de la victoria.


Fuente: PRESOS
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