lunes, 8 de diciembre de 2014

La importancia de la cancelación del South Stream


Por Alexandr Mercouris (The Vineyard Saker / Salsa rusa)

La reacción a la cancelación del proyecto South Stream es una cuestión a observar y necesita ser estudiada muy cuidadosamente.

Para entender lo que ha sucedido es necesario volver la vista atrás para ver cómo se desarrollaron las relaciones entre Rusia y Europa en los años 90.

Brevemente, en ese periodo se asumió que Rusia podría convertirse en el gran proveedor de energía y materias primas de Europa. Este fue el periodo de la gran “Carrera por el gas” en que los europeos aspiraban a los ilimitados e inacabables suministros de gas ruso. Fue el incremento en el papel del gas ruso en el consumo energético europeo lo que hizo posible para Europa cerrar su industria del carbón, cortar las emisiones de carbono y amenazar y dar lecciones a todo el mundo para que hiciera lo mismo.

Sin embargo los europeos no tenían pensado simplemente que Rusia les proveería de energía. Pensaron que esa energía sería extraída para ellos en Rusia por compañías energéticas occidentales. Después de todo ese es el patrón en la mayor parte del mundo en desarrollo. La Unión europea lo llama su “seguridad energética”, un eufemismo para la extracción de energía en otros países por sus propias compañías bajo su propio control.

Nunca sucedió algo así. A pesar de que la industria rusa del petróleo fue privatizada, en su mayor parte quedó en manos rusas. Después de la llegada al poder de Putin en 2000 la tendencia se invirtió.  Una de los mayores motivos para la ira europea por el arresto de Jodorkovski, el cierre de Yukos y su paso a la compañía estatal Rosneft fue precisamente porque invertía la tendencia a la privatización de la industria del petróleo.

En la industria del gas, el proceso de privatización en realidad nunca empezó. La exportación de gas siguió siendo controlada por Gazprom, que mantuvo su posición como monopolio estatal de exportación de gas. Desde que Putin llegó al poder la posición de Gazprom como monopolio estatal se ha asegurado.

La mayor parte de la furia de occidente contra Putin se puede explicar por el resentimiento europeo y occidental por el rechazo  del gobierno ruso a romper los monopolios energéticos y a la “apertura” (como la llaman eufemísticamente) de la industria energética rusa a las compañías occidentales. Muchas de las alegaciones de corrupción que rutinariamente se arrojan sobre Putin personalmente se dirigen a insinuar que se opone a la “apertura” de la industria energética y la privatización de Gazprom y Rosneft porque tiene una participación personal en ellas (en el caso de Gazprom diciendo que incluso es su dueño). Si examinamos en detalle las alegaciones de corrupción contra Putin esto se hace evidente.

Esta agenda para forzar a Rusia a privatizar y romper sus monopolios energéticos nunca se ha detenido. Es por ello que Gazprom, a pesar del vital y fiable servicio que ofrece a sus clientes europeos, recibe tantas críticas.

Esta animadversión es mutua, con la creencia, muy arraigada en Europa, de que Rusia es dependiente de Europa como cliente para su gas y como proveedor financiero y tecnológico.

Esta combinación de animadversión y excesiva confianza es lo que se encuentra detrás de los intentos europeos de legislar las cuestiones energéticas en Europa de una manera que fuerce a Rusia a “abrirles” su industria energética.

El primer intento fue la llamada Carta de la Energía, que Rusia firmó pero finalmente se negó a ratificar. El último intento ha sido el llamado Tercer Paquete Energético.

Este se presentaba como un desarrollo de la legislación de la UE contra las normas anticompetición y antimonopolio. En realidad, como todo el mundo sabe, estaba dirigida contra Gazprom, que es un monopolio, aunque evidentemente no europeo.

Este es el trasfondo del conflicto sobre el South Stream. Las autoridades de la UE han insistido en que el South Stream no cumple con el tercer paquete energético, aunque el tercer paquete energético apareció solo después de que se alcanzaran los acuerdos sobre el South Stream.

El cumplimiento del tercer paquete energético significaría que aunque Gazprom proveyera de gas no podría poseer o controlar el gasoducto por el que el gas se suministra.

Si Gazprom accediera a ello, conllevaría una autoridad de la EU sobre sus operaciones. Y habrá conllevado inevitablemente más demandas de cambios en sus métodos operativos. Finalmente llevaría a demandas de cambios en la propia industria energética rusa.

Lo que ha sucedido es que Rusia ha dicho no. En lugar de continuar con el proyecto aceptando las demandas europeas, que es lo que los europeos esperaban, los rusos, para sorpresa de todos, han abandonado el proyecto.

Esta decisión ha sido completamente inesperada, como escribo, el ambiente está lleno de quejas y enfado de la Europa del Sureste por no haber sido consultados o informados previamente de esta decisión. Algunos políticos de estos países (de Bulgaria especialmente) se aferran desesperadamente a la idea de que el anuncio ruso es un bluff (y no lo es) y de que el proyecto se puede salvar. Dado que los europeos se agarran a la creencia de que los rusos no tienen alternativa a ellos como clientes, han sido incapaces de anticiparse y ahora no se pueden explicar esta decisión.

Aquí es importante explicar por qué el South Stream es importante para los países del sureste de Europa y para la economía europea en su totalidad.

Todas las economías europeas del sureste están en mala situación. Para esos países el South Stream era una inversión y proyecto de infraestructura vital, que aseguraba su futuro energético. Además los derechos de tránsito que generaba habrían sido una gran fuente de divisas.

Para la EU el punto esencial era que dependía del gas ruso. Ha habido muchas discusiones en Europa para encontrar suministros alternativos. El progreso en esa dirección ha sido mínimo. Simplemente no existen alternativas de suministro en la cantidad necesaria para reemplazar el gas que Europa obtiene de Rusia.

Ha habido algunas conversaciones para suministro de gas natural licuado de los Estados Unidos para reemplazar al gas ruso. No solo ese gas es bastante más caro que el ruso, lo que dañaría a los consumidores europeos y a la competitividad europea. Además es poco probable que pueda estar disponible en la cantidad necesaria. Aparte de los probables efectos de la reciente caída del precio del petróleo en la industria americana del fracking tenemos el pasado de los USA como voraz consumidor de energía, que necesitará la mayoría o toda la energía de fracking que produzca.

Otras posibles fuentes de gas son cuando menos problemáticas. La producción de gas del mar del Norte está cayendo. Las importaciones de gas del norte de África y el golfo Pérsico probablemente no estarán disponibles en la cantidad necesaria. El gas de Irán no está disponible por motivos políticos. Aunque esto pueda cambiar, lo más probable es que los iraníes (como los rusos) decidan dirigir su flujo energético hacia el este, hacia la India y China, en vez de hacia Europa.

Por motivos geográficos obvios Rusia es la fuente lógica y más económica de gas para Europa. Todas las alternativas vienen con costes económicos y políticos que las hacen poco atractivas.

Las dificultades de la UE para encontrar Fuentes alternativas de gas quedaron expuestas con la debacle del proyecto de gasoducto Nabucco para llevar a Europa gas del Cáucaso y de Asia Central. Aunque se habló durante años, finalmente nunca se llevó a la práctica porque no tenía sentido económico.

Mientras tanto, pese a que Europa habla de diversificar sus suministros, es Rusia quien está cortando los acuerdos.

Rusia ha establecido un acuerdo clave con Irán para intercambiar petróleo iraní por bienes industriales rusos. Rusia también ha acordado fuertes inversiones en la industria nuclear iraní. Cuando se retiren las sanciones a Irán, los europeos se encontrarán con que los rusos ya están allí. Rusia acaba de establecer un acuerdo para un suministro masivo de gas a Turquía (del cual hablaré más abajo). Y dejan pequeños a estos acuerdos los dos grandes acuerdos para suministrar gas a China firmados este año.

Los recursos energéticos rusos son enormes pero no infinitos. El Segundo acuerdo con China y el reciente con Turquía redirigen a estos dos países gas que previamente se destinaba a Europa. Los volúmenes de gas del acuerdo turco coinciden casi totalmente con los que previamente se preveían para el South Stream. El acuerdo con Turquía sustituye al South Stream.

Estos acuerdos muestran que Rusia ha tomado la decisión estratégica de redirigir su flujo energético lejos de Europa. Aunque tomará tiempo que el efecto sea visible, las consecuencias para Europa son lúgubres. Europa está frente a un serio déficit energético que solo podrá ser resuelto mediante una compra de energía a un precio mucho más alto.

Estos acuerdos rusos con China y Turquía han sido criticados o incluso ridiculizados porque dan a Rusia un precio menor por el gas que el que paga Europa.

La diferencia real de precio no es tan grande como alegan algunos. De todas formas, estas críticas dejan de lado el hecho de que el precio solo es una parte en una relación económica.

Al redirigir su gas hacia China, Rusia cementa sus vínculos económicos con el país que ahora es considerado como su aliado estratégico y que tiene (o pronto tendrá) el mayor y más rápido crecimiento económico del mundo. Al redirigir su gas hacia una Turquía, Rusia consolida una relación creciente con Turquía , que ahora es su principal socio comercial.

Turquía es un aliado potencial para Rusia, que consolida su posición en el Cáucaso y en el mar Negro. Es también un país de 76 millones de habitantes con una economía que está creciendo muy deprisa, y que en las dos últimas décadas se ha distanciado cada vez más de la UE y de occidente.

Al redirigir el gas fuera de Europa, Rusia deja atrás un mercado para su gas que está estancado y que (como muestran los hechos) le es irremediablemente hostil. Nadie debería sorprenderse de que Rusia haya abandonado una relación en la que recibe de su antiguo socio una interminable serie de amenazas y abusos, combinados con lecciones morales, intromisiones políticas y ahora sanciones. Ninguna relación, negocio o cualquier otra cosa puede funcionar así, y la que hay entre Europa y Rusia no es una excepción.

No he dicho nada de Ucrania porque, en mi opinión, tiene poco que ver con este asunto.

South Stream fue concebido inicialmente a causa de los continuos abusos ucranianos de su posición como país de tránsito, algo que probablemente continuará. Es importante decir que este hecho era tan conocido por Europa como por Rusia. Fue por los continuos abusos de Ucrania en su posición como país de tránsito por lo que el proyecto del South Stream obtuvo el apoyo reticente de la UE. Básicamente la UE necesitaba circunvalar Ucrania para asegurar su suministro energético tanto como Rusia quería una ruta para evitar Ucrania.

Los amigos de ucrania en Washington y Bruselas nunca estuvieron muy contentos por ello, y han hecho campaña constantemente contra el South Stream.

El hecho es que Rusia paró el South Stream cuando tenía la opción de avanzar en él aceptando las condiciones europeas. En otras palabras, los rusos consideraban el problema que representaba Ucrania como país de tránsito un mal menor en comparación con las condiciones que  la UE imponía al South Stream.

South Stream llevaría años para construirse y su cancelación no tiene relación con la actual crisis ucraniana. Los rusos han decidido que podrían cancelarlo porque han decidido que el futuro de Rusia está en vender su energía a China y Turquía y otros países de Asia (hay pendientes acuerdo de venta de gas a corea y Japón, y posiblemente a Pakistán y la India) en vez de a Europa. Dado que esto es así, South Stream ha perdido su sentido para Rusia. Es por ello que, a su modo directo, en vez de aceptar las condiciones europeas, los rusos lo han suspendido.

Al hacerlo así han dejado al descubierto el bluff europeo. Lejos de depender Rusia de Europa como cliente energético, es Europa la que se ha separado, probablemente para siempre, de su socio económico y proveedor energético clave.

Antes de terminar, quisiera decir algo sobre los que han salido peor de este asunto. Se trata de los corruptos e incompetentes pigmeos políticos que creen ser el gobierno de Bulgaria. Si esta gente hubiera tenido un mínimo de dignidad y autorespeto habrían dicho a la comisión europea cuando aprobó el tercer paquete energético que les dejaran en paz. Si Bulgaria hubiera dejado clara su intención de desarrollar el proyecto de South Stream, no hay duda de que se habría construido. Por supuesto, habrá habido una enorme bronca en la UE porque Bulgaria se había saltado el tercer paquete energético, pero Bulgaria habría actuado por sus intereses nacionales y no habría perdido amigos en la UE. Finalmente habría ganado.

En vez de eso, bajo presión de individuos como el senador John McCain, los líderes búlgaros, actuando como los políticos provinciales que son, han intentado correr al mismo tiempo con la liebre de la UE y con los galgos rusos. El resultado de esta política imbécil es que han ofendido a Rusia, un aliado histórico de Bulgaria, en vez de asegurar que el gas ruso pudiera llegar a Bulgaria y transformar el país, el gas llega a Turquía, histórico enemigo de Bulgaria.

Los búlgaros no son los únicos que han actuado de esta manera cobarde. Todos los países de la UE, incluso aquellos con lazos históricos con Rusia, han apoyados los distintos paquetes de sanciones contra Rusia, a pesar de las dudas expresadas sobre esta política. El año pasado Grecia, otro país con fuertes lazos con Rusia, rompió un contrato para vender su compañía de gas natural a Gazprom porque la UE no lo aprobaba, aunque Gazprom era quien ofrecía el mejor precio.

Esto apunta a una conclusión. Actúen los rusos como actúen, los europeos responderán con desconcierto y enfado. Los políticos de la UE que toman las decisiones y provocan estas acciones rusas parecen haber asumido la extraña idea de que está bien que la UE imponga a Rusia todas las sanciones que quiera, y que Rusia nunca hará lo mismo con la UE. Cuando Rusia lo hace, su sorpresa siempre viene acompañada de una riada de comentarios mendaces sobre que Rusia está actuando “agresivamente” o “contra sus propios intereses” o ha “sufrido una derrota”. Nada de ello es verdad como la ira y recriminaciones que se suelen oír por los pasillos de la UE (de los que estoy bien informado) testifican.

En Julio la UE buscó paralizar la industria petrolera de Rusia mediante sanciones a la exportación de tecnología extractor a Rusia. Ese intento fallará claramente, pues tanto Rusia como los países con los que comercia (incluidos China y Corea del Sur) son capaces de producir esta tecnología por sí mismos.

Por contraste, mediante los acuerdos que ha establecido este año con China, Turquía e Irán, Rusia ha dado un golpe devastador al futuro económico de la UE. Nos separan unos pocos años de la línea en que los europeos descubran que la moralina y los blufs tienen un precio.

En cualquier caso, al cancelar el South Stream, Rusia ha impuesto a Europa la más efectiva de las sanciones que hemos visto este año.

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