viernes, 12 de diciembre de 2014

Las dos Transiciones políticas en la España contemporánea

La última baladronada del engendro de IU, Pablo Iglesias Turrión, ha sido colocarse la medalla de la "auto-convocatoria" del 13 de marzo de 2004, un día después del atentado múltiple en las vías de tren de Madrid, y previo a la victoria electoral ajustada de José Luis Rodríguez Zapatero el 14 de marzo (*).


Pero lo curioso del macro-atentado del 11 de marzo, que atacó a varios trenes de la zona sur de Madrid en una hora punta de afluencia de público en la mañana, es que tuvo el mismo efecto traumatizador para la sociedad española y de inflexión de su historia que el que tuvo el atentado contra el almirante Carrero Blanco. 

Probablemente, la historia hubiera sido la misma con o sin los dos atentados. En el caso de el del 11 de marzo, hubiera ganado el PSOE las elecciones (aún por la mínima), acto seguido hubiera sacado a las tropas de Irak y hubiera reforzado la presencia militar española en Afganistán, se hubiera iniciado un proceso de reforma de los Estatutos de Autonomía (empezando por el catalán), etc. Pero, de todas formas, para los artífices de ese atentado era necesario ejecutarlo independientemente de quien ganara las elecciones del 11 de marzo.

En el caso del atentado contra el almirante Carrero Blanco, a la sazón presidente del Gobierno en la dictadura del general Franco, independientemente de que se hubiera atentado mortalmente contra él, la hoja de ruta de la transición hacia nuestra "democracia" ya estaba perfilada con la elección del príncipe Juan Carlos de Borbón como sucesor de Franco en la jefatura del Estado, y anteriormente a eso ya lo estaba en los pactos que la dictadura había llegado con Estados Unidos, y con la Unión Europea (entonces Comunidad Económica Europea) para iniciar relaciones comerciales preferentes. En el caso de este último atentado ocurrido a finales de 1973 se puede discutir si la presencia de Carrero Blanco en los aparatos del Estado hubiera retrasado más los acontecimientos, si la apertura política hubiera sido mayor o menor y, por tanto, hasta donde habría llegado la voladura controlada del Franquismo... Pero lo que no se puede negar es que la fórmula de la oligarquía franquista de una democracia al 50% ya estaba asentada a comienzos de la década de 1970 (**), que los acuerdos con Estados Unidos, con la Unión Europea y con el Vaticano (el concordato de 1953) aseguraban el entronque sin problemas del reino de España con el bloque imperialista occidental, y que la liberalización de las relaciones políticas y económicas con el exterior se ampliarían después de la muerte de Franco, siendo un país cuya representación diplomática en el exterior ya estaba a todos los efectos normalizada por su incorporación a la ONU (en 1955) --lo que, indudablemente, redundaría en una liberalización de la sociedad y el mercado interior españoles, en buena lógica con los planes de la oligarquía española de internacionalizar el país (incorporada al plan de estabilización de 1959).

Entonces, ¿qué ganaban los artífices del atentado contra Carrero Blanco?. En primer lugar, tiempo para avanzar en los planes de transición sin remover las piezas fundamentales del régimen. En segundo lugar, se quitaban de en medio a todo un sector de la "vieja guardia" del Franquismo, que hasta ese momento había secundado la línea monárquica del régimen, pero que a partir de ese momento empezaría a diferenciarse, creándose un sector atrincherado en el “búnker” y otro aperturista de talante liberal, quedando un margen de maniobra para la tecnocracia obediente a la oligarquía y que reflotaría los restos del Franquismo en un gran partido de centro con el nombre de "Unión de Centro Democrático". El testamento de Franco, leído en televisión, da las últimas directrices para todos aquellos que se quieran salvar en la nueva situación sin perder todas sus herencias y privilegios. La monarquía franquista transitará por la nueva situación, recomponiendo el régimen político a base de pactos con nuevos actores, reconociendo el pluripartidismo hasta donde esos partidos fueran capaces de reconocer la situación heredada (es decir, el golpe de Estado victorioso de 1936 contra la II República) y la España de las autonomías como forma de repartir territorialmente el poder político.

Los autores oficiales del atentado contra el almirante Carrero Blanco, es decir, ETA, ¿qué ganaron? A primera vista se puede decir que nada, la actividad de ETA desde entonces se recrudeció, especialmente en la que se conoce como Transición española (1976-1982), y no dejaron de cometer atentados oficialmente hasta 2010 (un cese de actividades terroristas que se acabará convirtiendo en definitivo).

Entonces, lo que parece es que la acción criminal de ETA en general, y el atentado contra Carrero Blanco en particular, no sólo no fueron en beneficio de las fuerzas realmente democratizadoras del país (los partidos de izquierda y la clase obrera, fundamentalmente) sino todo lo contrario. Se extendió la fórmula de las autonomías para todas las regiones de España (dada a luz en la II República) pero no se reconoció el derecho de autodeterminación, entre otras cosas porque los partidos nacionalistas (de derechas) pasaron de él en beneficio de una negociación periódica con el Estado central. Se amplió la amnistía contra los presos políticos (incluyendo aquellos con delitos de sangre) a condición de reconocer y asumir el nuevo ordenamiento político y legal, pero en esta amnistía no entraron, obviamente, las organizaciones armadas que actuaban contra el Estado. Y en el marco de los nuevos estatutos de autonomía se amplió y profundizó la vida de las regiones y provincias españolas, dándose cabida a organizaciones y actuaciones que, de facto, no reconocían la legitimidad del nuevo Estado, aunque legalmente se ajustaron a su marco. 

Entonces, dónde quedan los resultados de aquel comienzo sangriento de la Transición política española, de diciembre de 1973. Pues a lo mejor quedan en una serie de manos negras que dejaron hacer a sabiendas de que aquellas actuaciones criminales removían obstáculos que a algunos les interesaba remover, a lo mejor quedó en la apertura pactada del régimen con las nuevas élites políticas que trataban que lograr una ubicación en la nueva situación, a lo mejor quedó en la negociación con poderes exteriores, concretamente con Estados Unidos y Europa Occidental, y a lo mejor quedó en el "borboneo" documentado de la Casa Real española (desde nuestra guerra de independencia de 1808) que volvió a recurrir a una nueva operación encubierta con el asalto de la Guardia Civil al Congreso de los Diputados en 1981 para embridar a unos políticos demasiado liberales y que se olvidaban de quienes eran lo que de verdad mandaban en la sombra.


Ahora, analicemos los acontecimientos del macro-atentado del 11 de marzo de 2004. La versión oficial se lo atribuye a Al Qaeda. Aceptando la versión oficial, la preparación de unos atentados así necesita de una cualificación técnica que sólo puede ser obra de profesionales, es decir, de terroristas a sueldo. Sin entrar en si son los que se dice que son, está clara la coyuntura, es decir, la guerra de Irak por medio y una posible negociación con ETA por parte de un nuevo ejecutivo que encabezaría Zapatero (a la sazón, secretario general del PSOE). Hay que recordar que todos los Gobiernos de España, desde el de UCD en la década de 1970, intentaron la negociación con ETA. En los salones del poder ya se conocía a Zapatero, antes de ser elegido, como el "Tony Blair español" (cuando todavía era un postulante al poder) porque Tony Blair era quien había hecho posible la pacificación de Irlanda del Norte y se había presentado como un modernizador (al igual que Zapatero). También hay que recordar otra cosa, no para plantear ningún tipo de conexión, sino para ser honestos con la historia y con la memoria de quien escribe esto. En diciembre de 2003 se había detenido a varios miembros de ETA cuando intentaba atentar en líneas de tren, y en febrero cuando intentaban mandar un coche-bomba para atentar en Madrid. De manera que la opinión pública estaba alertada al respecto (independientemente de las motivaciones políticas de todos: del Gobierno, de los periodistas y de ETA). 

Zapatero se presentaba como candidato al Gobierno con la intención de sacar a las tropas españolas de Irak si salía elegido. De manera que, podríamos decir, Zapatero era un candidato más cercano a los intereses de Al Qaeda, si lo que andaba buscando con el macro-atentado del 11-M era, precisamente, forzar la salida de las tropas españolas de Irak (aunque luego se reforzaron en Afganistán). Si lo que se buscaba era desacreditar completamente al presidente del Gobierno en ese momento, del PP, que se presentaba a la reelección pocos días después, los atentados no podían ser mejor elegidos: contra la población trabajadora de Madrid, utilizando medios de transporte públicos y sin vigilancia, a pocos días de unas elecciones generales. 

Los atentados del 11 de marzo sumieron al país en un estado de shock que, para vergüenza público, los políticos se aprestaron a sacarle beneficios electorales a pocos días de las elecciones. La velada tregua que desde el Gobierno se declaró con respecto a todos los partidos, y cuya escenificación fue la manifestación a-partidista del 12 de marzo (en línea con otras manifestaciones que se han vivido en España desde aquella en que se denunció la intentona golpista del 23 de febrero de 1981), fue rota al día siguiente por motivos fundamentalmente políticos y partidistas. ¿Hubiera sido mejor aplazar las elecciones del 14 de marzo ante la enorme confusión que se estaba viviendo en aquellos días, o se hubieran encargado los medios de comunicación, y los políticos por otra parte, de alargar esa confusión el tiempo que hubiera hecho falta para sacarle los máximos beneficios partidistas?

En cualquier caso, los resultados de las elecciones del 14 de marzo ya sabemos cuales fueron. Zapatero, como se esperaba, inició las negociaciones con ETA, que la organización separatista suspendió en 2007 volviendo a cometer atentados. Pero aunque "oficialmente" las negociaciones se suspendieron, las conversaciones o como se quieran llamar no (hay que tener en cuenta que Zapatero contaba con una resolución del Parlamento que se lo permitía). ETA volvería a declarar el "alto el fuego" en 2010, que daría por definitivamente concluida su actuación terrorista.

Las Transiciones políticas siempre tienen cronologías variables. La Transición española por antonomasia (al menos, para nosotros), empieza como mínimo en 1976 (fecha de la Ley para la Reforma Política, que es el pistoletazo de salida del régimen constitucional vigente), pero hay quien la atrasa al atentado contra Carrero Blanco (1973), hay quien la atrasa todavía más al nombramiento del príncipe Juan-Carlos (curioso, lo de montar el nombre compuesto fue ocurrencia de Franco para que no recordara a su padre Juan, a quien hubiera correspondido la Corona en la línea sucesoria española), y hay quien la atrasa todavía mucho más al plan de estabilización económica de 1959.

La nueva "Transición" a la que nos está sometiendo el PSOE, con ayuda de los nacionalistas (vascos y catalanes), con el apremio de la crisis capitalista mundial --y la construcción de la Unión Europea, también--, se podría remontar a la publicación del libro "La segunda transición", cuyo autor sería luego presidente del Gobierno, José María Aznar (y que también sería objeto de un atentado de ETA, que lo elevaría a la categoría de "salvapatrias" por unos y por otros), se puede remontar a la primera legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero (en la que se reformaron estatutos de autonomía y se continuó con los cambios en la Constitución --para la que se preveía un cambio en cuanto a que una mujer pudiera tener derechos a la Corona española en igualdad de condiciones que un varón, cambio que todavía no se ha introducido--), o puede decirse que empezará con el cambio de Gobierno en 2015, en línea con los formidables cambios sociales y económicos que está viviendo nuestro país, y para reajustar su estructura institucional tanto a la profundización del Gobierno de las autonomías como a la federalización creciente de la Unión Europea. 

En cualquier caso, es pasmosa la constatación: para meternos en la primera Transición hizo falta un "atentado de Estado" totalmente estéril y gratuito desde el punto de vista de la clase trabajadora (por no decir contraproducente, y en esa línea fueron las primeras reacciones de la oposición anti-franquista), y para meternos en esta segunda Transición también ha hecho falta un atentado, esta vez múltiple, monstruoso y aberrante, que golpeó en lo más sufrido y sacrificado del pueblo trabajador de la capital de España. 


Hay en nuestra historia, siempre, unos hilos negros que nos arrebatan nuestra soberanía, nuestra capacidad de decisión libre y democrática, y que la sustituyen por componendas en las altas esferas, en oficinas cerradas, en las que se montan acuerdos que luego se presentan al público como de interés general. Da la impresión de que en esta "segunda Transición" va a ocurrir algo parecido, y que a nadie, a la larga, le acabará satisfaciendo. Ya vamos con la lección aprendida.



Benito García Pedraza (Célula Comunista de Villaverde)


(*) Los Pablo's no sólo se adjudican la paternidad de la "auto-convocatoria" del 13 de marzo de 2004, también pugnan por participar en la paternidad del atentado contra Carrero Blanco (ved aquí: su particular visión de la Transición de los 70 (que difunden en la Universidad como científica)); suponemos que, a este paso, también se adjudicarán otros atentados y magnicidios famosos en la historia de España, frustrados o no, como los atentados exitosos contra Prim o Canovas del Castillo, o los frustrados contra Alfonso XIII o José María Aznar: la burguesía, a falta de una historia propia de lucha de clases de fondo, trata de inventarse su propia leyenda de combatividad contra los poderosos.

(**) Declaraciones del diplomático Gonzalo Puente Ojea, que mantuvo diálogos con el por entonces príncipe de España, Juan Carlos de Borbón, en la Embajada española en Grecia en 1962: "Se mostraba adherido a la mentalidad desarrollista entonces en boga entre las élites españolas y se decantaba por una vía intermedia 50-50 para instaurar la democracia sin romper formalmente con la legitimidad del régimen franquista". Era lo que más tarde bautizó el politólogo Raul Morodo (cercano al PSOE, y profesor en la misma facultad que los Pablo's) como la "ruptura pactada". (Gonzalo Puente Ojea en Elogio del ateismo. Editorial Siglo XXI, 1995).


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