viernes, 13 de febrero de 2015

Cretilandia: Cuando la ultra-izquierda tomó el poder en Europa

La ultra-izquierda es tan antigua como la misma izquierda, se divide entre utópicos, nihilistas, terroristas, místicos, santos laicos, monjas secularizadas, aventureros y seguidores de un mesías.

La ultra-izquierda (que, como decimos, puede remontarse a los primeros experimentos del socialismo utópico y, antes aún, a las sectas cristianas milenaristas de la Edad Media) recibió una actualización en el Occidente europeo a partir del Mayo del 68 francés. Brutalmente, allí chocaron dos generaciones; la que había hecho la guerra y puesto los cimientos de los regímenes de la postguerra, y la heredera que trataba de poner patas arriba todo el edificio político.

El Mayo francés se podría resumir cínicamente de la siguiente manera: los estudiantes "hicieron la Revolución" durante la primavera, y a la vuelta de las vacaciones fue la derecha francesa la que arrasó en las elecciones parlamentarias. 

El "frente de izquierdas" surgido de aquella experiencia revolucionaria, formado por el Partido Socialista y el Partido Comunista tuvo su primera prueba de fuego tras ganar las elecciones. El presidente socialista (François Miterrand) dio marcha atrás a las nacionalizaciones, y el frente se fue disolviendo.

En la Península Ibérica, unos años antes, el derrocamiento cívico-militar de la dictadura portuguesa fue controlado por la socialdemocracia y el centro político, después de un ascenso de la lucha popular; en España, la transición del franquismo a la democracia la dirigieron las élites, orientándose a la incorporación a la OTAN y al Mercado Común Europeo, pero con un alto coste de vidas humanas provocado por la represión del Estado y el terrorismo (de uno u otro signo), con la amenaza permanente de que la transición se malograra y se suprimieran las libertades alcanzadas.  

A los padres del Mayo del 68 hoy te los encuentras en el centro y la derecha del espectro político; promueven guerras "humanitarias" y la integración en la OTAN (los Verdes alemanes), la globalización económica, el sionismo (la pareja Bernard Henry-Levy y André Glucksmann), la lucha entre géneros (las FEMEN), además del occidentalismo y la justicia "universal".

A los hijos y nietos del Mayo del 68 te los encuentras, en cambio, más cerca de la "vanguardia" del cambio social, en Izquierda Unida, en Podemos, en Syriza (lo que se ha dado en llamar el Partido de la Izquierda Europea), cabalgan la ola del "post-comunismo", identitarios en lo personal (reducen la ideología a un "estilo de vida"), anti-globalizadores, multiculturales, ni-nis, populistas, libertarios y radicales. Una curiosa amalgama de todo el detrito ideológico del "tardo-capitalista" (otra tesis sesentayochista).

Podríamos decir que la burocratización de estos movimientos de ultra-izquierda los va recolocando en posiciones muy sistémicas y de poder capitalista. Eso pasó con la primera oleada sesentayochista; la segunda oleada sesentayochera o sesentayochista encuentra la solidaridad de sus padres, que ahora ocupan posiciones de poder político y económico en el sistema. Con lo cual, abren un nuevo camino de movilidad social hacia arriba y recambio de las élites gobernantes.

Pero en el camino de su promoción personal, pueden arruinar (y, de hecho, arruinan) un país y movimientos políticos y sociales. El rollete ese de sueña lo imposible, cuestionalo todo y créete con derecho a tomarlo todo puede pasar una factura muy alta.  

En el caso griego, la ultra-izquierda se ha movido con una excesiva ligereza. Vendieron a sus electores varias ideas que se han demostrado falsas: la idea de que se podía hacer una quita de deuda, la idea de que se convocaría una conferencia internacional sobre la deuda griega, la idea de que reclamarían a Alemania daños y perjuicios por su ocupación de Grecia durante la II Guerra Mundial. Todas estas ideas se ha demostrado falsas. Y no se trata de que la realidad sea del color del cristal con que se mire, se trata de que cuando tu actúas en un escenario internacional, con reglas claras y con actores con los mismos derechos que tú, no puedes imponer tu voluntad por muy santa y justa que te parezca (de lo contrario, te comportarías como un Estado-canalla, y te condenarías a ser un Estado-fallido).

La ultra-izquierda en Grecia lo tenía mucho más fácil para imponer sus condiciones: decir desde el primer día que su intención era salirse del Euro. Esta opción tenía para ella un inconveniente, y es que la habría votado mucha menos gente de la que la ha votado. Con lo cual, o engañaron a sus votantes (si su intención inicial era salirse del Euro), o se engañaron a sí mismos (si creían que, con su sola voluntad, iban a cambiar las políticas de la Eurozona). Queda la opción de llamar socialdemócratas, neoconservadores y fascistas a todos los que se le opongan, pero esta opción no es muy viable, aparte de ser un puro pataleo de rabieta. 

Si la ultra-izquierda griega no se apea del carro, el país se dirige hacia la salida de la zona euro. Aunque ese escenario se diga que, económicamente, sería el mejor posible para Europa, políticamente sería un desastre, y económicamente a la larga también. Con lo cual se abren dos nuevas opciones para Grecia: concurrir a unas nuevas elecciones generales para que los griegos ratifiquen cual es su verdadera voluntad (quedarse en el Euro o salirse), en el mejor de los casos; y en el peor de los casos, ir hacia un escenario de pre-guerra civil y posible golpe de Estado. No olvidemos que en Grecia hay un partido neo-facista, virtualmente tercer partido griego, y que el país es miembro de la OTAN. Con respecto a la tenebrosa influencia que esta organización ha tenido en la preparación de golpes de Estado y en el terrorismo negro no hace falta nada más que ver este documental sobre la red Gladio: https://www.youtube.com/watch?v=h5xjLqKFufk

De manera que desde aquí recomendamos a Syriza que se baje del carro, que no confunda la arena política con un aula de facultad, que deje de decir que regala duros a pesetas (algo que, de hecho, puede ser constitutivo de delito), que aprenda el renancentista arte de la negociación y la diplomacia, y que comprenda que no se juega el destino de un partido o de un gobierno sino el de todo un país (que parece que se le olvida).    


No a la Guerra Imperialista / Célula Comunista de Villaverde

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