sábado, 21 de marzo de 2015

España: Ciclo revolucionario 2010-2015


Por Benito G.ª Pedraza

En septiembre de 2010 comenzaba un "ciclo revolucionario" en España que coincidía con el agravamiento de la crisis socio-económica. El ciclo, anunciado ya a finales de 2009, calentó motores con la farsa del apoyo de los sindicatos mayoritarios (CC.OO. y UGT) al juez Garzón por una presunta persecución política. Dichos sindicatos anunciaban en la primavera de 2010 una huelga general para septiembre de ese año. 

La respuesta de la ciudadanía al "calentón" sindical podríamos decir, siendo benévolos, que fue ambivalente. Los sindicatos más pequeños les criticaban que aplazaran la huelga general para septiembre, y parte de la ciudadanía achacaban ese "relajamiento" sindical a sus buenas migas con la clase política (además de cierto teatralismo).

Puesto en marcha el "ciclo revolucionario", a partir del 29 de septiembre de 2010, la verdad es que las cosas no fueron a mayores, después de la huelga general el Gobierno del PSOE se avino a negociar con los sindicatos mayoritarios (nombró ministro de economía a un sindicalista), y la cosa pareció que no fue a mayores. 

Coincidiendo con las elecciones municipales y autonómicas de mayo de 2011, sin embargo, la cosa pública subió enormemente de temperatura. Irrumpió un movimiento "espontáneo" que pasaría a ser conocido como "Movimiento 15-M", que llegó a "ocupar" durante varios meses la plaza de Sol en Madrid. A partir de ese momento el radicalismo socio-político se empezó a apoderar de las calles, las mentes y los partidos políticos de España. A finales de ese mismo año se producían unas elecciones generales que ganaba el Partido Popular (Derecha) por mayoría absoluta. 

Contra viento y marea el PP gobernó, infringiendo su propio programa electoral, mientras se organizaba el descontentó ciudadano en la calle. Para el 2013, ese descontento se había desplazado claramente hacia la Izquierda y amenazaba con transformar el "Movimiento 15-M" en una organización socio-política que arrinconará a las siglas tradicionales de la izquierda española; primero fueron las marchas de la dignidad, y más tarde fue el partido Podemos.

Sin embargo, existen fundadas sospechas de que el partido-movimiento Podemos, en realidad, es un instrumento del Régimen Oligárquico Español para reciclarse. Primero, porque se basa en el "culto a la personalidad" de su líder, un joven profesor radical de ciencias políticas de nombre Pablo Iglesias Turrión, que se ha convertido en el icono de la ira de la sociedad española gracias a programas de televisión patrocinados tanto por grupos políticos de centro-derecha como de centro-izquierda; y, segundo, porque el "programa político" electoral de Podemos, en realidad, es una amalgama oportunista, que refríe propuestas de muy diversos orígenes cuya única meta es conseguir el mayor número de votos posibles y colocar al mayor número de partidarios posibles en las instituciones. 

El oportunismo tan descarado de Podemos, se comprueba, además de por el apoyo de grupos mediáticos de izquierda y derecha para "animar" el panorama electoral, también por el apoyo político y económico que el partido ha recibido del Gobierno de Venezuela, antes incluso de su formación y a través de fundaciones y empresas, para promocionar el ideario "revolucionario" del gobierno venezolano en España y, de paso, servir como instrumento de legitimación política del mismo gobierno venezolano en su país.

No nos cabe duda que la irrupción en las instituciones del partido Podemos contribuirá a "normalizar" la revolución "española", permitiendo un reajuste de las instituciones políticas y económicas del país. Coincidiendo, además, con su lenta recuperación económica. Convenientemente controlado en lo ideológico y en lo político el partido Podemos, servirá como regenerador del sistema político español, además de relegitimador de sus instituciones, por lo demás seriamente deterioradas ante la ciudadanía. 

Movimientos como estos contribuyen a revigorizar sistemas y modelos caducos, encaminándolos por la senda de la recuperación, y poniendo las bases para su transformación a largo plazo. A corto y medio plazo, sin embargo, estos movimientos-partidos aún deben sufrir varias transformaciones internas si quieren tener una influencia efectiva en el sistema y en sus instituciones y, sobre todo, si quieren sus integrantes fraguarse un futuro socio-político propio. Cínicamente hablando, serán víctimas del "chaqueterismo". Prácticamente hablando, su entusiasmo y pasión contribuirá a la regeneración de toda la sociedad. 

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