lunes, 18 de julio de 2016

Crónica del golpe militar fallido en Turquía - Réquiem por la nación turca



El 15 de julio pasado el Ejército turco protagonizó un levantamiento militar contra el Gobierno dictatorial de Recep Tayyip Erdogan. 

Comunicado aparecido en la página de las Fuerzas Armadas de Turquía durante la fase activa del golpe


Pasadas las 9 de la noche, el mundo tenía noticia de dicho levantamiento. A través de un comunicado difundido desde la página web del Estado Mayor del Ejército, los sublevados manifestaban que se levantaban para garantizar la democracia, los derechos humanos y el Estado de derecho en el país.

No se tenían noticias del paradero del presidente de la República, aunque el primer ministro de su Gobierno emitía otro comunicado en el que manifestaba por su parte que nos encontrábamos ante un “intento de golpe de Estado”.

Después de las 11 de la noche se conocían las primeras palabras del presidente turco Tayyip Erdogán en el que llamaba a "su gente" y al resto de la población a salir a la calle para enfrentarse al golpe militar. A partir de ese momento, la población, especialmente en las grandes ciudades como Ankara y Estambul desoyó el toque de queda de los sublevados y salió a la calle para manifestarse en contra del golpe. Fue entonces cuando se produjeron los primeros enfrentamientos entre los militares y la población contraria al golpe. 

Por su parte, las medidas que tomaron los militares sublevados desde las 11 de la mañana fueron las siguientes: 

- Tomaron prisionero al jefe del Estado Mayor de la Defensa, el general Hulusi Akar.

- Cortaron las principales vías de circulación a las ciudades de Ankara y Estambúl.

- Ocuparon la televisión estatal, los aeropuertos y las oficinas gubernamentales, y bloquearon Twitter, Facebook y YouTube.

- Bombardearon el Palacio presidencial, el Parlamento y las oficinas de la policía nacional en Estambúl.

El llamamiento del presidente de Turquía a través del canal de televisión privado de la CNN en turco fue decisivo para que comenzara la resistencia civil al golpe, esta resistencia fue sostenida por el aparato policial y de espionaje del Estado que se mantenía leal al presidente de la República y a su gobierno. 

Como resultado de esa resistencia, los militares sublevados perdieron el control del aeropuerto internacional de Estambúl, lo que fue aprovechado por el avión del presidente Erdogán para aterrizar en suelo turco después de haber huído porel mismo medio hacia Irán sobre la 1 de la tarde del 15 de julio. 

Una vez que el presidente Erdogan regresó al país y aumentó la resistencia civil al golpe, los militares apenas pudieron seguir controlando lugares estratégicos. Los militares que no habían participado en el golpe de pusieron del lado del gobierno, y pasadas las 5 de la mañana del 16 de julio los militares sublevados abandonaban sus últimas posiciones en Ankara y Estambúl.

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Lo que llama poderosamente la atención en este golpe es la improvisación, cuando no la chapucería. Es como si este golpe no se hubiera hecho para triunfar sino, más bien, para llamar la atención y remover al Gobierno.

Durante toda la tarde y noche del 15 de julio, los sublevados no se plantearon la sustitución del Gobierno de Erdogan; su objetivo en las 12 primeras horas del golpe era apresar al presidente de la república, lo que se frustró ante la huida de este del país en avión.

Los sublevados decretan la "ley marcial" en el país, pero no toman ninguna medida para garantizarla, más allá de ocupar algunos lugares gubernamentales y del Estado, con una funcionalidad relativa para garantizar el cumplimiento de dicha ley militar. No se toma ninguna medida especial para contener los brotes de descontento ciudadano, mucho menos se toma alguna medida para obligar a la policía y a los servicios de inteligencia (espionaje) a someterse al mandato militar, lo mismo se puede decir de los gobernadores civiles de cada provincia. El Ejercito sublevado no toma ninguna medida particular para hacer cumplir sus órdenes en todos los niveles de la administración del Estado, más allá de imponer controles de carretera y ocupar algunos edificios públicos.
Es como si el Ejército sublevado hubiese confiado en la fuerza simbólica de su levantamiento y en su peso institucional en el conjunto del Estado. Muy raro.

Aunque hubo algún intento de contener la respuesta ciudadana en las principales ciudades, en realidad se esperó en que la "huída del presidente" facilitara el triunfo del golpe. Cuando esta huída fue desmentida, los golpistas comenzaron a retroceder en sus posiciones.

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En este blog, informamos de los enfrentamientos entre el Ejército y el espionaje turcos a propósito de la guerra en Siria. Digamos que el Ejército era reacio a su instrumentalización/involucramiento en dicha guerra, pero se veía obligado a intervenir en los asuntos sirios por los propios manejos/presiones del Gobierno de Erdogan: desde los campos de refugiados de la frontera turca, hasta la recepción de heridos "rebeldes" en la guerra, pasando por el avituallamiento y entrenamiento de dichos rebeldes en suelo turco, las vías de suministro y comercio de las zonas "islamistas" en Siria que pasan por Turquía, y las propias oficinas político-militares que los "rebeldes" tienen abiertas en suelo turco. El Gobierno turco, como el saudí o el catarí, está pringado hasta los hombros en la guerra en Siria -lo cual no es del agrado de muchos turcos, incluidos militares y políticos. En otras palabras, la guerra en Siria no se puede entender sin el apoyo del Gobierno turco a los grupos "rebeldes", especialmente en lo que se refiere a las labores de "inteligencia" del espionaje turco, pero también al apoyo logístico y táctico del Ejército turco, con militares turcos encuadrados en las filas de los "rebeldes" "sirios (en realidad, mercenarios extranjeros)", e incluso la incursión temporal del propio Ejército turco en suelo sirio.

Ahora bien, tras la aparición del Estado Islámico en escena, al Gobierno turco le toca realizar una nueva jugada para justificar su injerencia en los asuntos sirios, y esa jugada es la de la amenaza terrorista del Estado Islámico que opera en Siria e Irak también en Turquía. El primer atentado atribuido alEstado Islámico en Turquía se produce el 20 de julio de 2015, el segundo es pocos meses después, en octubre, en plena campaña electoral a la presidencia de Turquía. ¿Es ser muy mal pensando creer que el atentado atribuido al Estado Islámico en plena campaña electoral en el otoño de 2015 se produjo para favorecer las candidatura política de Erdogan? Pues aquí lo somos. Sospechamos que ese atentado fue un auto-atentado de libro... Erdogan afrontaba la campaña muy maltrecho, con críticas y denuncias por todos los lados, parecía que su "suerte" había terminado. Pero se produjo el (salvaje, cruel y absurdo) atentado atribuido al Estado Islámico del 10 de octubre de 2015 (igual de absurdo y salvaje que todos los que se atribuyen a esta organización), entonces se suspendió durante varios días la campaña de las Elecciones Generales al Parlamento delpaís del 1 de enero, con lo que la campaña electoral se acortó, justo lo suficiente para que se presentará Erdogan como garantía de la seguridad y unidad del país frente a la barbarie terrorista... Y es que Erdogan, a propósito de la crisis regional de la guerra en Siria e Irak, ha sabido instrumentalizar el peligro terrorista o secesionista, ya sea del Estado Islámico o de los kurdos, en su propio beneficio político-electoral.

Erdogan, su Islam "político", los servicios de espionaje a sus servicios, las organizaciones falsamente humanitarias del islamismo, la "islamización" del Estado turco... Todo eso le ha servido a Erdogan y a su círculo político para tejer un sistema al margen del sistema político turco, un sistema que se yuxtapone al viejo sistema nacionalista de Atatürk, y de hecho lo galvaniza hasta límites que se sólo corresponderían con las etapas más negras y vergonzosas de la moderna nación turca. El verdadero peligro para la nación turca no proviene de ninguna nación extranjera, grupo de interés u organización criminal, el verdadero peligro para Turquía proviene de sus actuales gobernantes, en realidad una banda de extremistas y delincuentes que utilizan la política para secuestrar la soberanía del país, extorsionar y destruir la riqueza del país en nombre del proyecto globalista del Nuevo Orden Mundial (llámese la OTAN, la Unión Europea, etc.).

Entonces, llegamos a los acontecimientos de junio de 2016 (previos al golpe de Estado del 15 de julio). El atentado reivindicado por el Estado Islámico en el aeropuerto internacional de Estambul del 28 de junio, estuvo precedido de otros dos atentados el 14 de marzo y el 7 de junio de este año que se atribuyeron a terroristas kurdos. El atentado del 28 de junio, tan brutal como todo los demás atribuidos al Estado Islámico, eran la culminación de una serie de frustraciones y zozobras del Estado y la sociedad turca en relación con el fenómeno terrorista... Parecía que no se podía tocar ya más extremo de sinsentido y barbarie... De alguna forma, desarbolaba cualquier tipo de justificación, incluso la del auto-atentado y el rédito político inmediato, porque ¿qué rédito o beneficio se podía sacar a aquello? De alguna forma, y por paradójico o irónico que pueda parecer, ese atentado desatascaba varías coyunturas internacionales que envolvían al Estado turco. Poco después, el Gobierno de Erdogan tomaba la iniciativa de normalizar las relaciones con Rusia,deterioradas, precisamente, por la involucración de ambos países en la guerra de Siria. También actualizaba las relaciones con Israel y con la Unión Europea. Dentro de lo malo malísimo que había supuesto la relación del Estado turco encabezado por Erdogan en la guerra terrorista contra Siria... parecía que las cosas tomaban un nuevo cariz. La guerra siria, en particular, se enfocaba por unos derroteros más diplomáticos, etc...

Vieja es la pugna entre el Ejército turco y los islamistas de ese país, más vieja, incluso, que el propio partido de Erdogan (que, de hecho, es el resultado de las refundaciones periódicas del espacio político islamista enTurquía). El celo de Erdogan y su séquito al respecto es especialmente perspicaz, de forma que las arremetidas y persecuciones del poder político de Erdogan contra el Ejército y la Judicatura también son periódicas; (ahora salen con un chivo expiatorio, un "boggy man" u hombre del saco para justificarlo; aunque la verdad sea que el más malo de todos los hombres malos del país se siente en la Presidencia de la república turca). La prensa en Occidente se queja de ese celo autoritario del presidente Erdogan, pero los políticos occidentales tienden a mirar a otra parte, "gana elecciones", dicen, ¡como si eso lo justificara todo, incluido el amañamiento de las mismas! --evidentemente, para otros casos no son tan "pudorosos".

Aunque algunos pudieramos desear un golpe de Estado, aunque se conociera el historial golpista del Ejército turco y sus fricciones con los islamistas, creo que pocos hubieran apostado a que el Ejército fuera a protagonizar un nuevo golpe de Estado. Formaba parte de las luchas encubiertas por el control del Estado, luchas que se confundían con el extremismo político y el terrorismo que se conocía en el país. Más bien, creo que la mayoría de los que seguíamos la actualidad política de Turquía esperábamos que hubiera un nuevo despertar del interés republicano, nacionalista y laico en el país. Pero Erdogan y sus compinches lo volvían muy difícil.

De manera que el resultado de todas aquellas decepciones, de todas aquellas zozobras de la sociedad turca y de los desafíos del Estado turco fue el golpe de Estado del 15 de julio de 2016. ¿Inesperado?, desde luego. ¿Imprevisto?, seguro, sobre todo para muchos militares. ¿Improvisado, mal planteado, chapucero? Hasta cierto punto, también. ¿No sabían contra quien se estaban enfrentando? ¿No sabían cómo se las gastaba Erdogan y su "gente"? Desde el principio, el golpe pecó de optimismo, casi de temeridad. ¿Era una acción a la desesperada? ¿Hasta dónde llegaba el respaldo que habían obtenido en las Fuerzas Armadas?

El golpe muchos nos lo tomamos como un nuevo "ajuste de cuentas" del Ejército turco con el resto de los aparatos del Estado, un "reajuste" para re-encauzar el rumbo y volver a establecer la normalidad legal del país. Pero lo que nos encontramos fue un país al borde de la guerra civil... En mi opinión, el golpe fue un desatino de principio a fin, un desatino que pagará el Ejército y, por extensión, la nación turca. ¿Eso quiere decir que lo condene? En absoluto. Las colectividades y las sociedades aprenden de esos desatinos. Fue un desatino, pero un delicioso desatino, agriado por las muertes, especialmente de civiles. Ahora bien, si el Ejército se hubiera tomado absolutamente en serio el desafío hubiera habido muchas más muertes... Y posiblemente se hubiera instalado una Junta Militar sin fecha prevista de disolución. Pero estamos hablando de otros tiempos y de otra Europa. Por esa razón, entre otras, el golpe fracasó. Pero se produjo, y el Ejército, alzado en armas contra el poder civil, puso sus condiciones para volver a los cuarteles:    No cuestionó el lugar de Turquía en el mundo, no cuestionó sus pactos internacionales, la permanencia en la OTAN o su relación con la Unión Europea. Lo que le cuestionó al Gobierno, con las armas en la mano, fue su capacidad para garantizar el Estado de derecho, la democracia y los derechos humanos.

No hay mayor demostración de patriotismo ni de entrega desinteresada al bienestar e interés general del país que el que protagonizó el Ejército turco el 15 de julio de 2016. Y unos cuantos esbirros fanáticos y cobardes se lo discutirán, pero la nación a la larga se lo acabará reconociendo.

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