domingo, 9 de octubre de 2016

Hipócritas

Recientemente han descubierto que el candidato a presidente de EE. UU. por el Partido Republicano, Donald Trump, era machista. ¡Hipócritas!

Tienen a un ex-presidente de Estados Unidos, Bill (o William) Clinton, que está demostrado que, bajo su ejercicio del cargo presidencial, practicó el sexo con sus ayudantes en las mismas oficinas de la presidencia; un ex-presidente que tiene un historial de relaciones sexuales fuera del matrimonio que haría ensombrecer la reputación de cualquier prostíbulo; un ex-presidente de EE. UU. sobre el que pesan sospechas, no sólo de haber mantenido múltiples relaciones sexuales fuera del matrimonio, sino de haber forzado o violado sexualmente a varias mujeres, y del que además hay testimonios de sus propios colaboradores y personas de confianza de que ha prácticado el turismo sexual (y la pedofilia); en definitiva, un ex-presidente de EE. UU. que es un auténtico enfermo sexual, y todavía se preocupan por los comentarios machistas y fuera de tono que realizó Donald Trump en 2005 (durante los preparativos de la emisión del programa "Acceso a Hollywood" de estrellas y empresarios de la industria del espectáculo y el entretemiento: condenemos a Trump por ser un empresario exitoso en la sociedad del espectáculo), comentarios, por lo demás, realizados en la más estricta intimidad, pero que fueron grabados sin que lo advirtiera el propio Donald Trump para el programa de televisión en el que iba a intervenir. ¡Hipócritas!

Estados Unidos es, sin lugar a dudas, el país de la doble moral institucionalizada. Un país que puede haber construido una ciudad dedicada exclusivamente al vicio (al juego, al espectáculo, a la prostitución y las drogas), ofertado como una atracción turística para habitantes de dentro y de fuera del país (y en la que, por cierto, Donald Trump cuenta con un hotel), pero que, sin embargo, hace de una cultura religiosa calvinista, maniquea y culposa, su seña de identidad y orgullo de su pasado como colonia europea. Un país que puede tener el índice más alto de muertes de personas negras (afroamericanas) a manos de la policía y de personas del mismo origen étnico recluidas en cárceles, pero que, sin embargo, se presenta ante el mundo como ejemplo de la abolición de la discriminación racial y de la defensa de las libertadas civiles. ¡Hipócritas!

Un país que dice ser el faro y el defensor de la libertad en todo el mundo, pero que sin embargo no para de exportar guerras y de derribar Gobiernos en el extranjero recurriendo a la intriga, el golpe de Estado y el terror. ¡Hipócritas!

Un país que se presenta como primera democracia del mundo pero que, sin embargo, mantiene la más siniestra y vergonzosa oscuridad y manto de silencio sobre hechos tan decisivos para su historia y la salud de sus instituciones como son el asesinato del presidente John Fitzgerald Kennedy en 1963, o los atentados en Nueva York y El Pentágono del 11 de septiembre de 2001. ¡Sois, siento decirlo, ciudadanos de Norteamérica y, más exactamente, gobernantes de aquel maravilloso y gran país, unos verdaderos hipócritas!

Un país que ha condenado a ciudades enteras, como Detroit, a la miseria, un país que ha condenado a la misería a su propia clase obrera, que ha condenado a sus trabajadores a una lucha despiadada y desigual en el mercado mundial, que ha introducido la competencia desleal de mercancias extranjeras dentro de sus fronteras, que ha legalizado la inmigración ilegal, que ha multiplicado el tráfico de drogas en sus fronteras, que ha reducido el valor de la vida de sus propios compatriotas ha causa de la venta de armas, el proselitismo descontrolado y, también, a causa del ejercicio de la violencia desmedida en todo el mundo. ¡Sois, lamento decirlo, ciudadanos de Estados Unidos, pero especialmente sus gobernantes, unos hipócritas!


En realidad, me importa poco o nada lo que hagan, digan o consuman en la intimidad, Donald Trump, su esposa Melanie, o Bill y Hillary Clinton. Pero lamento profundamente que un país tan grande, tan variado, tan rico y tan potente como EE. UU. se enrede y sea extorsionado por élites corruptas e intereses muy oscuros, por no decir obscenos, que lo que buscan es que la guerra, las drogas, la injusticia y la miseria se perpetúen en EE. UU. y en el resto del mundo.

A estas alturas, y depués de 10 meses de carrera presidencial (contando con las Primarias de los partidos, que arrancan en enero), además de la pre-carrera a la presidencia que comenzó en junio o julio de 2015, poco me importa lo que vaya a salir de las elecciones presidenciales de EE. UU. del 8 de noviembre. Lo que lamento de verdad es que el resto del mundo dependa de las elecciones en un sólo país, lo que lamento de verdad es que las élites mundiales, las élites corruptas de la globalización, de la guerra y la competencia a cualquier precio, sigan dirigiendo los destinos de EE. UU. y del resto del mundo. 

Globalizadores, sabed que, independientemente de lo que salga de las elecciones estadounidenses del 8 de noviembre, tendréis el odio de todos los hombres y mujeres de bien de todo el mundo. 



Benito García Pedraza (ex-portavoz de la Plataforma No a la Guerra Imperialista de Madrid)

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