martes, 13 de junio de 2017

Venezuela: Constituyente, golpe de Estado y guerra civil (1)

Las Fuerzas Armadas de Venezuela y, en general, los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, ya estarían legitimidas para dar un Golpe de Estado en Venezuela: esa legitimidad se la otorga el llamamiento de los parlamentarios venezolanos, y concretamente de su presidente (segunda autoridad constitucional del país), a la insubordinación, sublevación, insurrección o como se le quiera llamar, en definitiva, a desobedecer al gobierno del presidente Nicolás Maduro y ponerse del lado del pueblo que protesta en las calles.

Un llamamiento parecido realizó el parlamento chileno en agosto de 1973 ("hay un grave quebranto del orden constitucional y legal de la República..."), y con esto justificó y legitimó el golpe de Estado de las fuerzas armadas chilenas un mes después. Y algo parecido sucedió el mes de junio en Honduras, cuando la judicatura y el parlamento hondureño se pusieron de acuerdo para anular la convocatoria presidencial a un referéndum constituyente, y acto seguido se puso en marcha un golpe de Estado que terminó con la expulsión del presidente electo y la formación de un nuevo gobierno apoyado en el parlamento.

La Constituyente "madurista", independientemente de como se haya convocado y de como se vaya a elegir, plantea una situación de "doble legalidad" en el país que, en sentido estricto, es una situación revolucionaria. Aunque, probablemente, el país viva en una situación de este tipo desde la formación de la nueva Asamblea Nacional (parlamento venezolano) --porque este parlamento ha vivido desde el primer momento enfrentado al Gobierno de Maduro y, en general, a casi todos los poderes del Estado que secundaban al Gobierno de Maduro (el poder opositor en el Estado se refugiaba en las alcaldías y las gobernaciones --que el Gobierno ha ido arrebatando poco a poco a la oposición mediante la fórmula anti-democrática de las inhabilitaciones administrativas de sus titulares--, y se refugiaba también de una forma mucho más fragmentaria y simbólica en la judicatura), con lo cual se ha llegado a la desobediencia entre los poderes del Estado por razones políticas y a una mútua deslegitimación.

Con lo cual llegamos a un punto en que el Gobierno y la oposición se refugian en dos interpretaciones de la ley vigente completamente opuestas, y en dos legitimidades completamente opuestas. Es lo que en Venezuela se conoce como el "pueblo chavista" y el "pueblo opositor". La legitimidad chavista (la justificación de su poder político) va deshaciendo al poder político opositor de cualquier tipo de legitimidad por la vía de los hechos, simplemente lo va arrinconando, lo va desnudando de cualquier tipo de autoridad política, en algunos casos lo va incluso separando de su misma condición política de ciudadano y ciudadana y, con ello, no sólo condena a la arbitrariedad y vulnerabilidad de sus derechos al poder político opositor legalmente constituido (según la Constitución vigente) sino al conjunto del "pueblo opositor".

En estas condiciones, reclamar cualquier tipo de procedimiento democrático en Venezuela, con las leyes vigentes en la mano de ese país, simplemente es un absurdo, es imposible. Se hace lo que dice el "pueblo chavista", en tanto entidad jerárquicamente organizada, en donde Estado y partido gobernante se fusionan hasta parecer un todo único (2).

En el procreso de deslegitimación del orden legal vigente en Venezuela (en tanto que ha sido un orden que ha incluido hasta la fecha al anti-chavismo político) e instauración de un nuevo ordenamiento jurídico-político exclusivamente en torno al chavismo (al partido gobernante, movimiento sindical afin, organización sectorial institucionalizada por el chavismo, y partidos políticos y movimientos sociales afines al chavismo), se redefine la legalidad constitucional de la V República Bolivariana de Venezuela en torno a los logros del chavismo, y sus metas a medio y largo plazo. El objetivo es el Plan de la Patria porque el objetivo es la Venezuela Socialista, esto es, amalgamar el proyecto libertador de Simón Bolivar con la formación del Socialismo latinoamericano (Socialismo del Siglo XXI). Por tanto, para el chavismo existe una continuidad lógica entre uno y otro ideal.

Sin embargo, para la "república burguesa" esto no es así. La burguesía ha sido condescendiente con el chavismo en diversas etapas de la historia de este movimiento. Lo aupó, cuando suponía romper con la IV República partitocrática, lo toleró hasta el golpe de abril de 2002... Una vez que el golpe fracasó, por incompetencia de la propia burguesía para dirigir un gobierno de transición alternativo al de Chávez, volvió a enfrentarse a Chávez, esta vez recurriendo a los mismos procedimientos que se recogían en la Constitución vigente: planteó el referéndum revocatorio para destituir a Chávez mediante las urnas electorales. Fracasó ese medio y promovió la deslegitimación del gobierno de Chávez, convertido en "régimen", mediante la abstención en las elecciones parlamentarias del año siguiente. Entre tanto, Chávez y su "régimen" comenzaron a evacuar a la oposición del centro del tablero, infiltrándola, persiguiéndola judicialmente, comprando sus medios de comunicación (o cerrándolos). La oposición también pasó por diferentes vicisitudes, antes de llegar a la oposición total a Chávez que culminó en el golpe fallido de abril de 2002 y, después del golpe, cuando se demostró que había que recurrir a los mismos procedimientos del "régimen" para ganar la partida a Chávez o, al menos intentarlo. Así se llegó, tras la muerte de Chávez después de un gran combate que lidiara contra el cáncer, a la victoria de la oposición en las elecciones parlamentarias de 2015. Victoria que nadie se esperaba de puertas afuera, aunque hacia dentro de la oposición confiaban en obtenerla.

Es decir, la "república burguesa" vivió con el chavismo un idilio de amores y desamores que terminó en gran divorcio, durante el referéndum revocatorio de 2004, aunque la oposición (la burguesía) no lo ganara. Pero sentó las bases para su recuperación social y política siguiendo el juego constitucional establecido por la república vigente, mientras el espacio institucional entre el chavismo y el anti-chavismo se iba cerrando y la convivencia se hacía cada vez más difícil (sino imposible). Así llegamos a la ruptura, ya no social y política, sino jurídica y legal, entre el chavismo y la oposición anti-chavista, sin ningún tipo de marcha atrás o recomposición del diálogo previo. El chavismo culmina su obra política en la república socialista, obrera y popular, mientras que el anti-chavismo debe volver sobre los pasos de la V República Bolivariana a reconectar la formación de la república con la Constitución de 1961, base del consenso multipartidista, del pluralismo político y de la sociedad civil de corte burguesa. La república burguesa puede asumir parcialmente los avances constitucionales del chavismo en materia de derechos humanos y participación democrática, pero no hasta el punto de poner en duda su propia concepción de la economía y de las relaciones sociales. La confrontación, por más que se haya dilatada hasta hora, se vuelve inevitable a cada momento, y el desenlace dramático para el futuro y los intereses de la nación venezolana (en su conjunto).

La historia se repite en la formación de la república venezolana como en la formación de cualquier otra nación moderna. La guerra civil se vuelve consustancial a la resolución de los conflictos de clases en la modernidad. En el caso de Venezuela, esta guerra civil primero tuvo la apariencia de una guerra por la independencia (contra quienes querían seguir siendo súbditos del rey de España), luego tuvo una formulación territorial, en tanto quienes querían tener un poder político concentrado y otros descentralizado, más tarde, entre quienes connivían con el nuevo poder norteamericano, frente a los viejos poderes europeos que aún se mantenían en América, y quienes no eran partidarios de la connivencia con EE. UU., por último, entre quienes tomaban un bando en la guerra fría (después de la II Guerra Mundial) y quienes tomaban otro.

Fue la república burguesa la que inició, formalmente, el proceso de deslegitimación de la actual V República Bolivariana de Venezuela. Lo hizo desde 2013, aunque no pudo culminar este proceso formal por la vía parlamentaria (lo podía haber intentado también mediante la recogida de firmas) debido a que la justicia chavista había invalidado la legitimidad de varios diputados. En cambio, tuvo más éxito a la hora de activar un segundo mecanismo deslegitimador de la actual V República, el mecanismo de la desobediencia civil o resistencia civil (que está recogido en la propia Constitución vigente de 1999: artículo 350). Este mecanismo, por si sólo, no conduce al derrocamiento del orden constitucional vigente, puede conducir a su renovación. Pero en manos de la oposición anti-chavista no es extraño que conduzca a una nueva Constitución y a una nueva República. Es muy lógico y, en manos del republicanismo burgués, un paso casi necesario. Los principales partidos de la oposición (los que provienes de la IV República, COPEI y Acción Democrática, y los que provienen de la V República, Primero Justicia y Voluntad Popular), prácticamente piden a gritos, para quienes les quieran escuchar, un nuevo orden republicano, que reconecte al país con el hilo constitucional de 1961 (la república partitocrática) (3). Obviamente, no habría nada establecido todavía entre la oposición anti-chavista, pero el país en sus manos se conduciría hacia un nuevo ordenamiento constitucional republicano con toda naturalidad (y, hasta cierto punto, de forma inevitable).

De manera que el enfrentamiento no es gratuito, y no sólo porque están en juego los recursos naturales (además de humanos) del país, y porque sean codiciados por las principales potencias de este mundo, de uno y otro lado, de aquí y de allá.

El gobierno se emplea a fondo en la reconstitución del orden legal vigente, en términos partidistas (chavistas), y la oposición se emplea a fondo en su enfrentamiento contra un nuevo orden constitucional, que no es que les deje fuera como partido, es que prácticamente les deja fuera como "sociedad civil", como clase burguesa. De momento este enfrentamiento sigue el guión de la desobediencia civil, del "golpe blando", tal y como fuera teorizado por Gene Sharp. Pero es sólo un estadio del enfrentamiento, que ya está provocando innumerables quebrantos humanos, destruyendo grupos humanos, destruyendo instituciones (dejando aparte la propia situación crítica en lo social, económico y humanitario [https://www.youtube.com/watch?v=3AWpi5KBaAY] que atraviesa el país), destruyendo la legalidad, destruyendo la convivencia y la moral pública. Una vez que la oposición haya conseguido el consenso internacional necesario sobre la justeza de su causa, pasará al siguiente estado del enfrentamiento, que ya no será el del golpe blando sino el del golpe duro (4). En ese momento puede producirse, efectivamente, el golpe de Estado cívico-militar o, si fracasa, degenerar el enfrentamiento en una "guerra civil", es lo que pasó en España en 1936, es lo que ha pasado en Siria entre 2011 y 2012.

En un escenario hipotético de guerra civil en Venezuela (fase 3 del actual plan militar Zamora del gobierno, que actualmente se encuentra en la fase 2) (5) la oposición buscaría, ante todo, la paralización del país, en el sobreentendido de que tocando el sistema productivo del país y, especialmente, a su industria petrolera, se encuentra la clave de su victoria estratégica sobre el gobierno chavista-madurista. En su defecto, en caso de que el gobierno garantizara su producción industrial, especialmente petrolera, podría resistir replegándose sobre la costa, y su zona de mayor vulnerabilidad sería la frontera con Colombia.

Es decir, un escenario de guerra civil sería sumamente desventajosa para el gobierno de Venezuela. Seguramente no se limitaría a resistir las embestidas del enemigo, que sería, ante todo, un enemigo doméstico, que trataría de hostigarle recurriendo a los cortes de tráfico. ¿Cuánto podría durar un país como Venezuela en esas condiciones? Si una vez alguien respondió que todo depende de quien tenga los tanques, aquí habrá que responder que todo depende de quien tenga el petróleo. ¿El petróleo es del pueblo trabajador venezolano? ¡Pues, entonces, tendrá que defenderlo!

Benito García Pedraza


Post-scriptum: La pregunta que creo que habría que hacerse es si el gobierno de Maduro llegará vivo y entero a la Asamblea Constituyente que ellos han convocado, y, en caso de que se concrete su defenestración antes de la apertura de la Asamblea Constituyente, cómo será esta. Porque sospecho que el descontento acerca de la convocatoria de esta asamblea es amplio, y las dudas de que se pueda impedir que la nueva Constitución resultante de dicha Asamblea se ponga en práctica grandes... porque una vez que esta Constitución saliera a la luz sería difundida y adoptada como propia por el "pueblo chavista"; de manera que el momento crítico en el proceso constituyente abierto por el presidente Maduro se cierne sobre todo antes de la apertura de la Asamblea Constituyente, toda vez que, después de que la nueva Constitución saliera a la luz, sería muy difícil para la oposición impedir su aplicación (y, por tanto, que surgiera un choque de legitimidades entre la vieja y la nueva Constitución), y le sería muy difícil para la oposición impedir su puesta en marcha por diversas razones, entre ellas por el control monolítico del Estado por parte del partido gobernante, control que sin duda alguna reforzaría la nueva Constitución. De manera que el momento crítico del proceso constituyente iniciado por Maduro es anterior a la apertura de la Asamblea Constituyente chavista, especialmente cuando los procesos de preparación de la misma se demoran hasta mediados de julio, el tiempo parece más que suficiente para que frague una conspiración golpista (esta vez exitosa) con apoyo político (Organización de Estados Americanos) y logístico (Comando para América Latina del Ejército de Estados Unidos) del exterior. Una conspiración de este tipo no debe subestimar la colaboración que se reciba "desde dentro" del régimen bolivariano/chavista, bien por que se compren voluntades (de diversa forma), bien porque se lleguen a acuerdos personales que garanticen la impunidad cuando triunfe el golpe. Una vez que el golpe de Estado triunfara, se pondría un marcha un gobierno de transición (bien de unidad nacional, bien de la oposición triunfante), que normalizara la situación del país en todos los órdenes, sin pasar por encima de la Constitución de 1999 [dejando a un lado el mismo hecho extraordinario del golpe de Estado, que hasta cierto punto la Constitución del 1999 asume en tanto que asume el derecho a la desobediencia civil], pero poniendo, evidentemente, la proa de esa transición hacia la reconexión constitucional con la Constitución de 1961 (y con todo lo que ha supuesto para la historia de Venezuela el constitucionalismo santanderista descentralizador frente al constitucionalismo bolivariano centralizador  de la República venezolana), y, en esa transición, un paso previo insoslayable (una vez que se hubiera superado la interinidad del nuevo gobierno a través de nuevas elecciones presidenciales), sería la liquidación del ALBA (Alianza Bolivariana de América Latina) que se sostiene fundamentalmente gracias al petróleo venezolano, y a la conexión política-económica entre Venezuela y Cuba, que ese petróleo permite. Si el Gobierno de Maduro "sobreviviera" a la Asamblea Constituyente que ha convocado (a diferencia de lo que les pasó a los gobiernos de Allende en Chile y de Zelaya en Honduras, que también convocaron procesos electorales similares, sin el apoyo de toda la población), entonces sí que podríamos estar casi seguros de que el país se vería condenado a una guerra civil o, lo que es lo mismo, a un "conflicto interno armado" [que trataría de conseguir lo mismo que se habían planteado inicialmente los golpistas, sólo que ahora atacando las principales infraestructuras del país, es a lo que ciertos grupos de la oposición se refieren cuando hablan de "trancar" el país pero, de momento, la dirigencia opositoria está en el golpe blando o "plantón"; ya veremos como esta diferencia de significaciones de la acción opositora evoluciona en las próximas semanas].

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(1) Con respecto a la terminología de los acontecimientos políticos que aquí se tratan vamos a evitar líos o confusiones. Entederemos por golpe de Estado el cambio o transición violenta, brusca, no consensuada en la jefatura del Estado, más allá de la legitimidad que se arroguen los que realizan el golpe de Estado para hacerlo. Este golpe de Estado puede ser "revolucionario", si de lo que se trata es de reinstaurar un orden de libertades civiles y políticas y la autoridad de la Constitución vigente, o puede ser "reaccionario" cuando se trata de todo lo contrario, de violentar las libertades individuales (los derechos humanos) y anular la Constitución. En cuanto al concepto de guerra civil, ya lo hemos definido en otro artículo: consideramos que una guerra civil es un conflicto interno entre la población de un país que alcanza la categoría de conflicto armado.

(2) El Partido Comunista de Venezuela (PCV) ha protestado al poder chavista reclamando un mayor protagonismo en la formación de la Constituyente. Fracamente, escuchar a este partido da un poco de vergüenza, parece vivir en otro país o enterarse de los acontecimientos que pasan en el suyo propio por la prensa. Hasta que se formularon las denuncias de los ex-ministros de Chávez sobre el curso de la Revolución en manos de Maduro la posición del PCV todavía podía parecer creíble, pero ya no lo es porque no argumentan más allá del "Ya lo avisamos" y "Yo también quiero algo" (el consabido qué hay de lo mío, aunque sea en nombre del Pueblo Trabajador). El PCV no se ha enterado o no parece querer enterarse de que el poder chavista (el pueblo chavista) ha elaborado un intrincado complejo de organismos burocráticos, aparentemente democráticos, que articulan la voz y las demandas de ese pueblo chavista en sus múltiples niveles (trabajadores, estudiantes, consumidores, "pro-sumidores" [es decir, una producción de autosubsistencia], mujeres, jóvenes, indígenas... hasta el colectivo LGTBI está integrado en el "poder chavista"). De manera que si el PCV demanda más protagonismo en el "pueblo chavista" lo que tiene que hacer es implicarse más en él... Este "pueblo chavista" no es otra cosa, en la práctica, que la gran coalición electoral que ha obtenido participación institucional de la mano del PSUV (el partido gobernante), lo que se ha conocido como el "polo patriótico" (que, ahora, a partir de la Constituyente, se va a quedar solo, para gobernar Venezuela, dentro de una estructura comunitaria de múltiples niveles que dara rango constitucional a las instituciones legales que durante todo este tiempo han cimentado el "pueblo chavista"). En todo caso, el PCV ha recurrido a una alianza "sectorial" (la lógica de los chiringuitos) con una parte de esas fuerzas políticas pro-chavistas organizando lo que ha denominado el "Frente Patriótico Anti-Fascista y Anti-Imperialista". Lo cual está muy bien, pero nuevamente el PCV vuelve a colisionar con el chavismo "realmente existente", porque si de lo que se trata es de defender al país de cualquier tipo de amenaza externa o interna, también el chavismo ha hecho sus deberes desde hace bastante tiempo y tiene ya montadas sus estructuras de "guerra popular", por no decir de "control social", no sólo a través de los Círculos Bolivarianos (reconvertidos en colectivos) sino también a través de las milicias bolivarianas. De manera que la labor del PCV es loable pero, en muchos sentidos, testimonial.

(3) Si lo que trata la oposición es de reconducir a Venezuela a la constitucionalidad de 1961, deshaciendo, en buena medida, lo alcanzado por la Constitución de 1999 (de Chávez), podríamos plantearnos cúal de las dos posturas políticas en pugna en Venezuela es realmente la revolucionaria, si la del gobierno que intenta conservar lo alcanzado por la revolución bolivariana, "radicálizándola", o la de la oposición que, en definitiva, quiere deshacerse de esa revolución.

(4) Para la implementación del "golpe de Estado" de la oposición será clave el apoyo que reciba de la Organización de Estados Américanos, una vez que alcance esta legitimación, y después de haberlo consultado con sus aliados en el exterior, puede dar el "salto cualitativo" necesario del golpe blando (manifestaciones callejeras) al golpe duro (defenestración del presidente de la República); salvando las distancias geográficas e históricas, ese fue el paso que se dió en el golpe de Estado exitoso de Ucrania en 2014, cuando un arreglo político entre el gobierno y la oposición, con el visto bueno de EE. UU., la Unión Europea y Rusia, sin embargo, convenció a la oposición de llevar a cabo su golpe de Estado "reaccionario". En el caso de Siria, su oportunidad para el golpe de Estado la perdieron con el fracaso de la operación militar "Volcán sobre Damasco" de 2012, una vez que ya habían ganado el apoyo político de la Liga Árabe.

(5) La activación del plan militar Avila durante la marcha opositora del 11 de abril de 2002 desencadenó el golpe de Estado "reaccionario" que mantuvo a Hugo Chávez fuera de la presidencia durante 3 días.

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