sábado, 23 de diciembre de 2017

Trump mejora a sus rivales

"Otro vendrá que bueno te hará", es un refrán español que le gustaba citar a uno de los populistas más célebres del régimen español de 1978, Jesús Gil y Gil, empresario radicado en la Costa del Sol, presidente del Atlético de Madrid, alcalde de Marbella durante su periodo más corrupto, y que aspiró a que su partido, el GIL, se convirtiera en uno de los partidos políticos más poderosos del Sur de España, momento en el cual cayeron sobre él una catarata de acusaciones de corrupción que terminaron haciendo que acabara en la cárcel (por una breve temporada) y fueron el principio del fin de todo el emporio político-económico que había montado entre las provincias españolas de Málaga, Cádiz y Ceuta.

Gil fue una de las perlas del populismo de derechas (todavía no se le llamaba así) en la España de la reinstauración borbónica (que ya había sido indultado por el Generalísimo anteriormente por otro sonado fraude empresarial que ocasionó la muerte de 56 personas al derrumbarse el comedor de una urbanización de la que era promotor y propietario). Otro perla fue José María Ruiz-Mateos, cuyo grupo empresarial fue expropiado por el primer Gobierno del PSOE por quiebra técnica e impago a Hacienda, que llegó a ser eurodiputado y cuyos hijos se enfrentan en la actualidad a penas de cárcel por aventuras empresariales posteriores de la familia.

Trump, sin lugar a dudas, pertenece a esta estirpe empresarial, como pertenece a ella Silvio Berlusconi, el irlandés Declan Ganley... y otro "famoso" empresario español, Mario Conde.

Trump mejora la imagen de sus rivales... mejora al ISIS (lo que ya es decir), mejora al presidente turco Tayyip Erdogan (uno de los principales promotores de la guerra en Siria y genocida manifiesto del pueblo kurdo), mejora a Obama (que con su discurso "buenista" e internacionalista continuó las guerras de agresión de EE. UU. a los países árabes), mejora a Hillary Clinton (firme defensora del "partido de la guerra" en Washington partidario de las guerras preventivas por motivos humanitarios, como la de Kosovo en 1999 o la de Irak en 2003)... No, Trump, como tal, no va a la guerra, pero permite que la guerra continúe y se extienda... Trump no hace una política de "contención" de los conflictos, como Obama, pero con sus decisiones político-militares y diplomáticas agudiza los conflictos que ya existen, como en Siria cuando lanza una ofensiva misilística parcial, como en Palestina cuando concede a la entidad sionista de Israel el derecho a administrar toda Jerusalén y hacer de ella su capital... o prepara nuevos conflictos venideros como cuando rompe con los acuerdos que su predecesor en el cargo había firmado con Irán. 

No, Trump no va a la guerra, pero prepara nuevos y más tortuosos escenarios bélicos. Lo de Trump es hacer negocios a costa de guerra, mientras calienta lo suficiente los conflictos para que no dejen de reproducirse y así seguir haciendo negocios a costa de ellos. El negocio es el negocio, y el dinero es el que manda.

La lógica empresarial de Trump es así, por eso dejó caer cuatro veces a su grupo empresarial en la bancarrota, para que luego el Gobierno de su país lo reflotara con el dinero de los contribuyentes, y él siguiera al frente del mismo. Así es, "América" es el país por antonomasia del capitalismo, y Trump es uno de tantos capitalistas que sabe cómo hacerlo para que le sirva en cualquier caso, le perdone todas sus trampas y mentiras, y le deje ganar siempre que quiera. El negocio es el negocio.

En Europa, la burocracia de Bruselas alucina, le llaman "imprevisible". No, no lo es. Es muy calculador, y un jugador que siempre apuesta alto porque quiere ganar todo lo que sea posible. Tiene la mayor potencia militar y económica a su servicio (todavía), de manera que, por qué no se iba a permitir ese lujo, en cierta forma es lo que esperan de él toda la corte de empresarios y políticos conservadores de los que se ha rodeado. Forma parte de su encanto político (y humano). Como formaba parte de él en el caso de Silvio Berlusconi, José María Ruiz-Mateos o Jesús Gil y Gil. A diferencia de los demás, Trump cuenta a su favor una historia de capitalistas y militares aventureros que, para bien o para mal, hicieron de EE. UU. lo que hoy es, empezando por George Washington, siguiendo por Andrew Jackson, Abraham Lincoln (sí, el mismo que luego se convirtió en un icono de los derechos civiles), James Monroe, Theodor Rossevelt o el mismísimo Ronald Reagan. De manera que no, no está loco, aunque es un gran hijo de puta (*), y está dispuesto a emborronar todos los conflictos con tal de que EE. UU. siempre salga ganando. ¿El ISIS se ha terminado en Siria e Irak? Me temo que hay ISIS para rato.

Una persona así, tengo que reconocerlo, no es digna de confianza, y mucho menos de admiración. Lo que se puede haber ganado con su nombramiento, el cuestionamiento de la globalización tal y como va (de sus acuerdos mundiales, tratados comerciales y demás), se pierde cuando se observa que sus políticas no sólo no disminuyen el sufrimiento en el mundo sino que lo aumentan o no dan alternativas plausibles para remediarlo.

Quién, a partir de ahora, se va a tomar en serio lo que diga Trump sobre Corea del Norte o sobre cualquier otro país del mundo. ¡La última opinión en consideración será la de EE. UU., independientemente del arsenal militar con la que lo avale!

Este hombre no aprendió nada de su paso por la academia militar de West Point, o lo que aprendió se le olvidó en sus negocios inmobiliarios en Nueva York. Desafía al resto del mundo si le lleva la contrario en el asunto de Jerusalén, ¡y el resto del mundo se burla de sus amenazas llevándole la contraria! Manda a su vicepresidente de gira por Oriente Medio, y sólo obtiene el desprecio de casi todo el mundo. La buena noticia de todo esto es que la multilateralidad se refuerza en el mundo como forma de resolver los problemas internacionales, la mala noticia es que ya no se sabe con quien se negocia cuando se negocia con EE. UU., lo cual, sin duda, introduce una gran incertidumbre en las relaciones internacionales que no es beneficioso para nadie, empezando por EE. UU.

La América de Bush hijo era inquietante, la América de Obama era decepcionante, la América de Trump es tragicómica. El canto de cisne (qué cisne más feo) de una civilización, la occidental.

Lo de Jerusalén no se puede quedar así, lo de Israel y Palestina tampoco. Jerusalén debe ser una "ciudad internacional", segura para cristianos, musulmanes y judíos (el orden de los factores no altera el producto). Palestina es la tierra histórica de los semitas, y tan semitas son los judíos como los árabes, de manera que deben aprender a convivir en el mismo territorio, y si no saben, no quieren o no pueden, la comunidad internacional (las Naciones Unidas) debe hacer porque aprendan a hacerlo.

La resolución del problema de Jerusalén y de Palestina da la clave para la resolución de otros problemas abiertos en el mundo, como Venezuela, Yemen, etc. Si los judíos no aceptan negociar de igual a igual con los árabes (o a la inversa), tendrá que ser la ONU (y no EE. UU.) quien les obligue a hacerlo. La solución para Jerusalén (y Palestina) debe ser concertada, equilibrada y satisfactoria para ambas partes, y su aplicación tutelada por la ONU. Si esto le duele a EE. UU. (y a la OTAN), lo siento mucho.

Hoy por hoy, Turquía no es un problema regional (y esperemos que no lo sea nunca) sino nacional, interno a los asuntos de los turcos, lo mismo pasa con Irán (**). En cambio, Yemen en Oriente Medio, Venezuela en América Latina o Corea del Norte en el Sudeste Asiático, sí que son problemas regionales que necesitan, como ya he dicho antes para Palestina, soluciones concertadas, equilibradas y satisfactorias para ambas partes cuya aplicación corra a cargo de la comunidad internacional (la ONU) y no de potencias particulares.



Benito García Pedraza

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(*) El presidente de Estados Unidos, Franklin Delano Roosevelt, dijo del dictador nicaraguense Anastasio Somoza: "Puede que sea un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta". 

(**) La diferencia fundamental entre la "dictadura" turca y la venezolana es la siguiente: La primera es legal (es decir, amparada en los usos y costumbres establecidos en su Constitución --de ahí que no pueda ser opuesta frontalmente por los partidos y asociaciones civiles de la oposición, aunque sí duramente criticada), la segunda es ilegal (es decir, se ampara en una interpretación arbitraria y partidista de la Constitución, que se aplica mediante el ejercicio de la fuerza y de la represión, y que se ha cobrado la vida de cientos de personas, además de condenar a la cárcel o al exilio a quienes se oponen). A diferencia de Turquía, donde los gobiernos de Erdogan han llegado a implantar una suerte de "Islam político" o "democracia musulmana" al estilo de la democracia cristiana occidental y tratando, no sin muchas dificultades cuando no oposición de funcionarios, partidos y asociaciones (que llegó incluso a provocar un fallido golpe de Estado, salvajemente reprimido), tratando, como digo, de que dicha visión partidista del Islam comulgue con la versión oriental de la república laica implantada por el fundador de la Turquía moderna, Kemal Atatürk, en 1923; a diferencia, como digo, de lo que pasa en Turquía, en Irán hay establecida constitucionalmente una república musulmana, si bien de una versión del Islam diferente a la que ha introducido Erdogan, y que se basa en el poder moral de los sacerdotes chiies del Islam o ayatolas, en la regulación de las prácticas religiosas y creencias de la población, y en la prohibición estricta de cualquier ideología (del tipo que sea) que se considere atentatoria contra los valores y principios de la república islámica de Irán (una regulación igual de estricta de los valores, creencias y prácticas públicas existía en el Irak de Saddam Hussein, como forma de evitar el conflicto entre los musulmanes de diferentes visiones del Islam, así como entre musulmanes y no-musulmanes). 
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